La región del Biobío en una encrucijada

26 de Junio 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Fotografía: Cedida

La reciente caída del 5,2 % en el Producto Interno Bruto del Biobío durante el primer semestre de 2026 no es solo una estadística alarmante; es el síntoma de un problema estructural. Esta cifra refleja una tendencia que la región arrastra desde hace años: una pérdida sostenida de su dinamismo económico, el deterioro del empleo y una preocupante dificultad para retener el talento que se forma en nuestras propias universidades. No nos engañemos: no enfrentamos un bache transitorio, sino una verdadera encrucijada que nos obliga a decidir qué futuro queremos construir.

Si bien en los últimos años se han impulsado iniciativas valiosas como el Plan de Fortalecimiento Industrial y Biobío 2050, estas aún no logran cristalizar en una visión compartida capaz de movilizar al Estado, las empresas, la academia y la ciudadanía. La brecha más profunda que atraviesa la región no es meramente económica; es la ausencia de un proyecto colectivo que dote de sentido y dirección a nuestro desarrollo.

La experiencia internacional es elocuente al respecto. Las regiones que han superado con éxito la desindustrialización no lo hicieron aferrándose a preservar el pasado, sino forjando nuevas ventajas competitivas sustentadas en el conocimiento, la innovación y la colaboración. El Biobío cuenta con un arsenal inmejorable para lograrlo: universidades de excelencia, centros de investigación de vanguardia, una arraigada tradición industrial y un patrimonio natural invaluable. La gran interrogante es si seremos capaces de articular todas estas fuerzas.


Por otro lado, la transición hacia una economía más sostenible no debe percibirse como una amenaza. Por el contrario, con una gestión inteligente, tiene el potencial de convertirse en el gran motor de una nueva etapa de desarrollo, apalancando la economía circular, la bioeconomía, las tecnologías ambientales y la innovación productiva. El imperativo es avanzar hacia una transición justa, capaz de generar oportunidades inéditas sin marginar a los territorios y a las personas que, históricamente, han sostenido el progreso regional.

En este complejo escenario, las universidades asumen una responsabilidad que trasciende la formación de profesionales. Deben ser constructoras de confianza, generadoras de evidencia para la toma de decisiones y actuar como el puente articulador entre el sector público, el privado y la sociedad civil. Es evidente que ninguna institución podrá resolver por sí sola desafíos de esta magnitud.


El Biobío no necesita elegir entre el crecimiento económico y la protección ambiental. Nuestro verdadero desafío consiste en transformar la sostenibilidad en una ventaja competitiva y hacer de la economía del conocimiento el propulsor definitivo de nuestro desarrollo. Las regiones que liderarán las próximas décadas serán aquellas con la audacia para innovar, cooperar y anticiparse a los cambios. El Biobío tiene todo lo necesario para estar entre ellas, pero necesitamos confiar más en nuestras propias capacidades. Lo único que ya no puede seguir perdiendo es tiempo.

Ricardo Barra Ríos


Profesor titular de la Facultad de Ciencias Ambientales y Centro EULA UdeC