Lo que perdemos por ver el Mundial por la tele

19 de Junio 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Fotografía: Cedida

Ya pasó el primer fin de semana del Mundial de Fútbol 2026 y en Chile nuevamente lo vemos por televisión. Más allá de la tristeza de los hinchas y el fracaso deportivo de un proceso que no logra nada interesante en más de 10 años, existe una mirada paralela que no puede pasar inadvertida: el efecto en la economía de quedar fuera de un evento de estas características. En momentos donde la economía chilena muestra un letargo en su crecimiento, además de otras cifras preocupantes, no haber clasificado a este Mundial no es solo un golpe al orgullo deportivo, sino un freno directo a la reactivación de múltiples sectores productivos.

El primer impacto, y quizás el más cuantificable, golpea a las arcas de la propia Federación de Fútbol de Chile, que junto a la ANFP -ojo que son organismos distintos-, está sumida en una crisis institucional profunda, sin ideas y sin proyecto. Para esta edición mundialera, la FIFA aumentó significativamente los premios, con montos importantes solo por participar en la fase de grupos, además de recursos para la preparación previa. Perder este flujo directo de dineros debilita la capacidad de disponer de recursos importantes para divisiones inferiores, que es la etapa más importante del proceso de formación de futuros talentos deportivos, y hace más precaria aún a la industria del fútbol local. Pero el verdadero efecto económico no se queda en las oficinas de la Federación; se traspasa directamente a la economía real.

Durante un Mundial, y claramente que cuente con la participación de nuestra selección, el consumo interno experimenta un fenómeno de una gran inyección de recursos. Así, el comercio minorista, el retail y los supermercados suelen ver incrementos importantes en las ventas de televisores, vestuario deportivo, alimentos y bebidas para los partidos. A esto se suma el sector de esparcimiento como bares, restaurantes y locales de delivery, actores que pierden la oportunidad de capturar esa masa de clientes que tradicionalmente se reúne a consumir en torno a la pantalla. Al no estar La Roja entre las 48 selecciones clasificadas, el interés de la población disminuye considerablemente, transformando un hito que debió ser un motor de consumo masivo en un evento poco relevante, salvo el interés masivo y generalizado por el álbum del Mundial y las cambiatones de láminas.


Asimismo, el mercado de la publicidad y de las telecomunicaciones sufre con la ausencia de la selección, ya que las marcas no modifican sus presupuestos de marketing al desaparecer el principal activo movilizador de audiencias del país. Los contratos de patrocinio se devalúan y las plataformas de streaming o televisión de pago ven frustradas sus metas de nuevas suscripciones masivas.

A nivel macro, el fútbol opera como un potente catalizador del estado del ánimo social. Se tiene conocimiento que el optimismo deportivo se traduce en repuntes temporales en la confianza de los consumidores, y así, una mayor disposición al gasto. En una economía como la nuestra, dominada por la incertidumbre y un mercado laboral informal que gana terreno, privar al país de ese impulso anímico colectivo se traduce en un costo de oportunidad silencioso pero real. No ir al Mundial 2026 nos priva de una ventana de visibilidad global y nos deja, económicamente, mirando la fiesta desde la vereda de la apatía.


Gonzalo Escobar
Académico UNAB