¿Por qué el éxito de las mujeres sigue necesitando explicación?
13 de Junio 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Antonieta Pérez-Flores
Profesora Titular UdeC
Cada cierto tiempo reaparece una vieja idea: cuando algunos hombres expresan incomodidad frente a los avances en igualdad de género, la explicación pareciera encontrarse en las propias demandas de igualdad. Como si el problema no fueran las resistencias al cambio, sino el cambio mismo. Sin embargo, la historia demuestra que los avances en derechos siempre han generado oposición, pero esa oposición no invalida la legitimidad de los cambios ni constituye razón alguna para cuestionarlos.
En los últimos años han aumentado los discursos que presentan los logros de las mujeres como una amenaza para los hombres. Con frecuencia se sostiene que estas reacciones serían consecuencia de un feminismo que habría ido demasiado lejos o que no habría sabido incorporar ciertas inquietudes masculinas. El argumento resulta atractivo por su simplicidad, pero ignora que el crecimiento de discursos antifeministas y misóginos responde a múltiples factores sociales, culturales y políticos, entre ellos la influencia de las redes sociales, la difusión de contenidos polarizantes y el fortalecimiento de movimientos conservadores que han encontrado en estas narrativas un espacio de movilización.
Resulta especialmente llamativo que el éxito académico de las mujeres se convierta tan rápidamente en objeto de preocupación pública. Cuando las becas, los reconocimientos de excelencia o los espacios de liderazgo son ocupados por mujeres, surge la necesidad de explicar qué está ocurriendo. La pregunta, entonces, quizás no sea por qué las mujeres están obteniendo más reconocimientos, sino por qué todavía nos sorprende que lo hagan. Durante décadas, la sobrerrepresentación masculina en numerosos espacios fue considerada normal y rara vez motivó el mismo nivel de análisis. Convertir el avance de las mujeres en un problema que debe ser explicado revela más sobre nuestras expectativas históricas que sobre los resultados académicos en sí mismos.
Por otra parte, el feminismo contemporáneo dista mucho de presentar a los hombres como adversarios. Una parte importante de la investigación actual ha demostrado cómo los mandatos tradicionales de masculinidad también generan costos para los propios hombres, afectando su salud mental, sus relaciones afectivas y su bienestar. Reconocer desigualdades estructurales no implica desconocer los problemas que enfrentan los hombres, sino comprender cómo operan las expectativas de género en toda la sociedad.
La historia demuestra que cada ampliación de derechos ha enfrentado resistencias. Ocurrió con el sufragio femenino, con el acceso de las mujeres a la educación superior y con transformaciones que hoy consideramos incuestionables. La igualdad no necesita pedir disculpas. Lo que requiere es un compromiso con la evidencia, el pensamiento crítico y la convicción de que ampliar oportunidades para las mujeres nunca debería interpretarse como una amenaza, sino como una oportunidad para construir una sociedad más justa para todas y todos.