La urgencia invisible: cuidar la salud mental de quienes sostienen las urgencias
02 de Junio 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Cada año, el 27 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Medicina de Urgencia, una fecha que suele centrarse en la capacidad de respuesta de los servicios de emergencia, en la vocación de sus equipos y en la importancia de una atención oportuna y especializada. Sin embargo, todavía hablamos poco de quienes sostienen este sistema día y noche, urgenciólogos, sus equipos médicos y de profesionales, y el profundo desgaste físico y emocional al que están expuestos.
Trabajar en una urgencia implica convivir diariamente con el dolor, la incertidumbre y decisiones críticas que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte de una persona. A eso se suman jornadas extensas, turnos nocturnos permanentes, sobrecarga asistencial, agresiones verbales e incluso físicas, además de una presión constante derivada de un sistema de salud que muchas veces opera al límite de sus capacidades. Y que muchas veces obliga a ese médico a comunicarle a un paciente, en medio de su sufrimiento, que no existen camas disponibles, desconociendo la carga emocional y psicológica que implica repetir esa realidad día tras día.
La salud mental de los equipos de urgencia dejó hace tiempo de ser un tema secundario. Hoy observamos con preocupación síntomas de agotamiento extremo, trastornos ansiosos, depresión y burnout en profesionales que, paradójicamente, son quienes deben mantener la calma en los momentos más críticos de la atención sanitaria.
Series como “The Pitt” han contribuido recientemente a mostrar una realidad que durante años permaneció invisibilizada, ya que detrás del médico que responde a una emergencia existe también una persona emocionalmente exigida, muchas veces sin espacios adecuados para descansar, recuperarse o simplemente vivir fuera del hospital.
La evidencia científica ha mostrado que los médicos de urgencia presentan algunos de los mayores niveles de desgaste y burnout dentro de la profesión médica y más preocupante aún, es que incluso existen estudios que sugieren una menor esperanza de vida en los médicos urgenciólogos, respecto de otras especialidades.
Como sociedad, debemos entender que cuidar a quienes trabajan en urgencias no es un privilegio ni una demanda corporativa, es una necesidad sanitaria. Un profesional agotado, expuesto de manera permanente a ambientes hostiles y con escaso tiempo de recuperación inevitablemente ve afectada su calidad de vida, su salud y también su capacidad de sostener una atención segura en el tiempo.
Por eso, una discusión que suele incomodar, pero que resulta indispensable, es la relacionada con las condiciones laborales y salariales de la medicina de urgencia. No se trata únicamente de nuestros honorarios. Se trata de reconocer el desgaste acumulativo que implica esta especialidad y generar condiciones que permitan disminuir la sobrecarga laboral, favorecer el descanso y proteger la salud mental de quienes ejercen esta labor.
Necesitamos avanzar hacia sistemas que comprendan que ningún recurso humano es infinito. La medicina de urgencia no puede seguir funcionando sobre la base del sacrificio permanente de sus equipos.
En esta semana que se conmemora el Día Mundial de la Medicina de Urgencia, el desafío no solo es reconocer el trabajo de los urgenciólogos, sino también preguntarnos cuánto estamos haciendo realmente para protegerlos. Porque cuidar la salud mental de quienes sostienen las urgencias también es una forma de cuidar a toda la sociedad.
Dr. Allan Mix Vidal
Presidente SOCHIMU