La ciencia, la esperanza y los bellos libros

15 de Mayo 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Fotografía: Cedida

Cada tanto, la naturaleza se encarga de remover las pocas certezas de nuestra frágil humanidad: pandemias que se esparcen por el mundo en pocos días, terremotos que destruyen lo que costó años construir. Las decisiones de los grandes poderes también contribuyen a la incertidumbre: declaran guerras, imponen reglas unilaterales y amenazan, como si nada, con borrar civilizaciones enteras del mapa.

Pero sin aspavientos y con la misma porfía, la ciencia vuelve a ofrecer un futuro posible: se desarrollan nuevas y mejores vacunas, se potencian materiales y procesos, se establecen protocolos y documentan experiencias para no repetir los mismos errores.

Ante cada crisis, la ciencia se encarga de recordarnos que no partimos de cero. Que cada desafío se enfrenta sobre los hombros de quienes, hace décadas o hace siglos, miraron con la misma curiosidad y decidieron poner sus capacidades al servicio del colectivo.


En Chile, con el recuerdo doloroso de la crisis del salitre y lo que ocurre cuando otros avanzan mientras nuestro país se limita a vender lo que extrae de la tierra, la ciencia destaca una vez más: el reciente brote de virus Hanta mostró nuevamente que la ciencia nacional entrega respuestas que salvan vidas.

Estudios recientes demuestran que cada peso público invertido en ciencia e innovación produce al menos 5 pesos de retorno para el país. Sin embargo, Chile destina en promedio un 0,36% del PIB, por lejos el último en la OCDE y muy por debajo del 1% que recomiendan como mínimo los organismos internacionales.


Dicen que la historia no se repite, pero rima, y reconocemos esas similitudes porque estudiamos los patrones comunes, analizamos la evidencia y destinamos recursos para entender el presente y enfrentar el futuro. Y ese conocimiento no es sólo garantía civilizatoria, sino condición para cualquier nación que aspire al desarrollo.

La misma innovación tecnológica no es otra cosa que investigación aplicada a los problemas del presente, y no es posible sin financiamiento a las universidades, sin desarrollo de ciencia básica y sin garantías mínimas para formar investigadores e investigadoras que se atrevan a hacerse esas preguntas que todavía no tienen respuesta.


Sindy Salazar Pincheira
Abogada Corporación Justicia en Derechos Humanos