Crónica de una muerte anunciada

25 de Abril 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Fotografía: Cedida

Los datos del Banco Central no mienten: el Biobío creció apenas un 0,8% en 2025, mientras el país avanzó al 2,5%. Somos la tercera región con peor desempeño económico.

La cifra no es una sorpresa, es la confirmación de lo que muchos advertimos desde el principio: el Plan de Fortalecimiento Industrial del Biobío, impulsado por el ministro Nicolás Grau, nació con pies de barro. El diagnóstico del gobernador Sergio Giacaman en el EREDE 2025 fue lapidario, y lo dijo con el propio Grau sentado en primera fila: “El plan fracasó.”

El desempleo regional supera e10%, somos la segunda región con más cesantes del país, y los gremios productivos —CPC, CORMA, CChC, Pescadores Industriales— llegaron a suspender su participación en el plan, hastiados de una gobernanza unilateral que excluyó a parlamentarios, ignoró el financiamiento real en la Ley de Presupuestos y privilegió el relato político por sobre la gestión territorial, colgándose de indicadores de otros servicios.


El modelo Grau apostó por la urgencia de la coyuntura —el cierre de Huachipato— sin arquitectura de largo plazo. Treinta y dos medidas dispersas, sin hoja de ruta clara, sin indicadores vinculantes, sin articulación con los instrumentos de planificación estratégica que la región ya posee.

El resultado: Exportaciones cayeron un 6,2%, arrastradas por madera y celulosa. La vieja matriz productiva se desangra y la nueva aún no tiene forma.


La pregunta no es si el plan fracasó. Es qué hacemos ahora. La respuesta está más cerca de lo que parece: el Plan Biobío 2050 impulsado desde el Gobierno Regional, es el instrumento que debe ordenar el futuro. No como utopía, sino como arquitectura real. Sus ejes estratégicos —competitividad, innovación, cohesión social, sustentabilidad e infraestructura— deben ser el índice sobre el cual se midan, prioricen y financien todas las iniciativas que vengan.

Ningún plan sectorial debería poder existir sin rendir cuenta a esa hoja de ruta.


Y en esa hoja de ruta hay espacios que aún no se han explotado con la fuerza que merecen. El Biobío tiene vocación portuaria: Talcahuano y San Vicente pueden y deben convertirse en destino de cruceros, generando una economía de servicios turísticos de alto valor. La industria naval, con tradición centenaria en la región, es una palanca de desarrollo tecnológico e innovación social que requiere política pública activa y asociatividad con la academia.

El deporte de alta visualización es otro vector que no puede seguir siendo subutilizado. El Rally Mundial —WRC— y campeonatos de disciplinas con masa crítica de audiencia global posicionan territorios, movilizan turismo, y construyen identidad de marca regional con un costo de inversión comparativamente bajo frente al retorno mediático y económico. La región tiene el territorio, la geografía y la infraestructura base.


La innovación social y las nuevas tecnologías completan el cuadro. No hay transformación productiva sostenible sin capital humano renovado, sin ecosistemas de emprendimiento e I+D vinculados a los desafíos reales del territorio.
El Biobío no necesita más planes de emergencia gestionados desde Santiago. Necesita que su propio instrumento estratégico —el Plan 2050— tenga rango vinculante, financiamiento asegurado y una gobernanza verdaderamente descentralizada.


Luis Santibáñez Bastidas
Core del Biobío