¿Cómo formar trabajadores empáticos? La clave está en la infancia
14 de Abril 2026 | Publicado por: Diario Concepción
La educación temprana es el punto de partida de todo. Es ahí donde se construyen las bases más profundas del desarrollo, no solo en lo cognitivo, sino también en lo emocional y social.
Mónica Lepín
Educadora de párvulos, autora y editora de Caligrafix.
Vivimos en una sociedad cada vez más rápida, donde muchas veces cuesta detenerse, escuchar y ponerse en el lugar del otro. En ese contexto, la empatía parece ir perdiendo espacio, y con ello, también se tensionan las relaciones humanas, tanto en lo personal como en lo laboral.
Por eso, hoy más que nunca, se hace necesario volver a mirar con atención las habilidades socioemocionales. Porque la empatía, el respeto y la autonomía no aparecen de un día para otro: se comienzan a construir desde los primeros años de vida. Es en la infancia donde los niños empiezan a reconocer lo que sienten, a relacionarse con otros y a descubrir que no todos piensan ni sienten igual.
El desarrollo socioemocional no se enseña sólo con palabras, se construye a partir del ejemplo. Y ahí, tanto docentes como familias tenemos un rol fundamental. En la educación parvularia, estas habilidades se trabajan todos los días, de manera intencionada, a través del juego, la convivencia y las experiencias compartidas. No es algo secundario, es parte esencial del aprendizaje.
Pero este proceso necesita coherencia. Los niños observan constantemente a los adultos. Aprenden de cómo reaccionamos, de cómo hablamos y de cómo tratamos a otros. Si queremos formar niños empáticos, necesitamos adultos que también lo sean. La familia, como primer espacio de aprendizaje, y la escuela, como espacio de socialización, deben avanzar juntas en esta tarea. Cuando ambos contextos se alinean, el impacto es mucho más profundo.
La educación temprana es el punto de partida de todo. Es ahí donde se construyen las bases más profundas del desarrollo, no solo en lo cognitivo, sino también en lo emocional y social. En la educación parvularia se trabaja constantemente la empatía, el respeto y la convivencia. Se acompaña a los niños a reconocer lo que sienten, a relacionarse con otros y a resolver situaciones cotidianas. Es un trabajo silencioso, pero profundamente significativo.
Además, las Bases Curriculares de la Educación Parvularia consideran dentro de sus Objetivos de Aprendizaje el desarrollo de estas habilidades socioemocionales, por lo que no son algo secundario, sino que se abordan de manera intencionada y transversal en todo momento. Están presentes en las planificaciones, en las experiencias de aprendizaje y en cada interacción diaria.
El entorno familiar, por su parte, tiene un impacto enorme. Un niño que se siente escuchado, validado y acompañado desarrolla mayor seguridad y mejores herramientas para enfrentar el mundo.