La contaminación silenciosa

21 de Febrero 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Fotografía: Cedida

Vivimos en un mundo diseñado por la química. Desde las pantallas que capturan nuestra atención hasta la ropa que usamos y los medicamentos que consumimos, nuestra vida cotidiana depende de sustancias creadas en laboratorios. Sin embargo, este progreso tiene un lado oculto que por demasiado tiempo hemos ignorado: la contaminación química, hoy reconocida como una de las tres grandes crisis planetarias, junto al cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Por eso, la adopción del Marco Global sobre Químicos, un acuerdo voluntario no es un trámite más en Naciones Unidas, sino una decisión crucial para la salud pública del siglo XXI. Como Centro EULA, estamos colaborando esta semana en Ginebra , Suiza, en la elaboración de indicadores para evaluar su avance, un trabajo que puede marcar un antes y un después en la forma en que el mundo gestiona las sustancias químicas. A diferencia de los incendios o las inundaciones, la contaminación química es silenciosa e invisible. La OMS estima que millones de muertes al año se relacionan con la exposición a sustancias peligrosas: pesticidas prohibidos que terminan en nuestros alimentos, metales pesados en el agua y los llamados “químicos eternos” (PFAS) que se acumulan en nuestros cuerpos. El problema no es solo la toxicidad, sino la falta de gestión. Hoy el planeta opera con un mosaico de leyes desconectadas, permitiendo que químicos vetados en Europa o Norteamérica continúen circulando en países en desarrollo. El Marco Global, busca cerrar esa brecha y se sustenta en tres pilares esenciales a saber:Transparencia total. Para 2030 debemos saber qué sustancias contienen los productos que compramos. Los secretos industriales no pueden seguir estando por encima de la salud pública. Protección de los más vulnerables. El acuerdo prioriza a trabajadores agrícolas, niños y comunidades cercanas a zonas industriales, quienes soportan la mayor carga tóxica sin haberla elegido. Economía circular real. No sirve reciclar materiales que contienen aditivos peligrosos. El diseño seguro desde el origen —la química sostenible— es la única vía coherente. Este acuerdo voluntario, que involucra a gobiernos, empresas, academia y sociedad civil, refleja una madurez global: entendemos que “usar ahora y limpiar después” ya no es una opción viable. La prevención es la única estrategia que funciona. Pero para que el Marco Global no quede en el papel, se requiere voluntad política, innovación empresarial y una ciudadanía que exija saber qué entra a sus hogares. Un mundo libre de daños químicos para 2035 es ambicioso, sí, pero indispensable. Al final del día, no hay economía que valga la pena en un mundo enfermo.

Ricardo O. Barra
Director Centro EULA UdeC