Transformando la desesperanza infantil ante catástrofes

12 de Febrero 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Fotografía: Cedida

Vivir una catástrofe o un desastre natural es una experiencia dolorosa y que genera gran incertidumbre, bien los sabemos quiénes vivimos en Chile y hemos experimentado numerosas situaciones de este tipo, donde las personas más vulnerables no siempre cuentan con las herramientas para enfrentar los desafíos de mirar al futuro con esperanza.

Las infancias, en todo su espectro y diversidad, viven estas experiencias con tremendo temor, pues son capaces de leer en las actitudes del mundo adulto la desesperación y el miedo, pero también de reconocer el valor de la verdadera solidaridad, la gratitud, la colaboración y la importancia de la vida en comunidad, como motor de la resiliencia.

En el Biobío hay cerca de 15 mil niños, niñas y adolescentes que son atendidos en los diversos programas y dispositivos que son parte de la Red de Protección Especializada, dentro de los cuales, menos de un centenar se vieron directamente afectados por las consecuencias de los incendios forestales, lo que nos movilizó para poder, primeramente, identificar las situaciones más complejas y establecer las diversas acciones que hoy están permitiendo que la esperanza vuelva ser parte de su realidad, gracias a diversas gestiones que estamos realizando desde nuestra institución y en alianza con diversas entidades que han querido sumar sus aportes.


Por lo mismo, no podemos olvidar que perder lo material tiene profundas implicancias para las familias, pues una casa y sus enseres, representan una pérdida material con una potente carga simbólica, la cual se instala como una experiencia traumática que, lamentablemente, también es compartida por niños, niñas y adolescentes. Es aquí donde la contención se vuelve indispensable para acompañar estos procesos, donde una conversación, un abrazo o un espacio para compartir esos temores e inquietudes, pueden hacer la diferencia y ayudar a la resignificación de estas complejas experiencias.

Para desarrollar estos acercamientos es necesario reconocer y visibilizar emociones tal como se viven en la niñez. Hablar con claridad, respeto y conectándose con la manera de ver la vida tal como lo hace una niña o niño: con curiosidad, candidez y con la alegría que se asoma a través del juego o las actividades en familia. De esta manera, las posibilidades de ir sanando para, posteriormente, transformar esa incertidumbre, se van haciendo más claras y podremos, entre todos, apoyar el proceso de reconstrucción tanto desde lo material, como desde el tan necesario acompañamiento que requieren niños y niñas para volver a sentirse plenos y seguros, valorando lo verdaderamente significativo, aquello que es más fuerte que cualquier catástrofe y que es lo que, finalmente, ayuda a transformar el miedo y el dolor, en esperanza y gratitud.


Andrea Saldaña León

Directora Regional Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia