Retroceder para coexistir
08 de Febrero 2026 | Publicado por: Diario Concepción
La tragedia volvió a golpearnos. Hay personas fallecidas, familias que lo perdieron todo, es desolador. Cada verano se nos arrebata la calma y el descanso que anhelamos durante todo el año. Lo ocurrido en el Biobío y Ñuble arrasó con poblados completos como Lirquén y Punta de Parra, afectó a Penco, Quillón, Bulnes, Florida y terminó alcanzando Concepción. “Las forestales tienen que retroceder”, dijo una persona la noche del sábado mientras evacuaba su casa que perdió por el fuego en el Biobío, en una transmisión radial. Esa frase resume un sentir colectivo.
Se requiere un enfoque holístico que cuestione de manera profunda la actual convivencia con el combustible vegetal. Las plantaciones no pueden seguir llegando hasta la puerta de los pueblos y ciudades. Deben establecerse distancias reales de cortafuegos entre las zonas habitadas y las zonas forestales. Es decir, se trata de aprender a cohabitar el territorio de manera responsable y segura.
Las soluciones no son mágicas, pero ya existen. Desde las regiones están emergiendo herramientas concretas con excelentes resultados que fortalecen la autonomía de las comunidades en la prevención de incendios. Ya no son sólo las universidades las que proponen soluciones. Iniciativas como el pastoreo estratégico, impulsado por organizaciones de la región del Biobío demuestran que es posible reducir el riesgo de incendios integrando prácticas productivas, ecológicas y sociales. Estas propuestas son alentadoras para quienes habitamos en estas regiones, pero debe ser abordada desde escalas más grandes. Pongamos atención a estas experiencias, demos el espacio que merecen y trabajemos juntos para coexistir en las mismas cuencas.
Se conoce que los incendios forestales responden a tres factores: temperatura, oxígeno (viento) y combustible. De ellos, el único que podemos gestionar directamente como sociedad es el combustible. Y ahí se abre una oportunidad que rara vez se discute: transformar un problema en una palanca de desarrollo regional. Por ejemplo, la reducción de la carga combustible mediante ganadería regenerativa, y otras prácticas territoriales no solo disminuye el riesgo de incendios, sino que permite agregar valor a los productos locales, diversificar economías rurales y recuperar una relación más equilibrada entre animales, paisaje y comunidad.
Por otra parte, así como en Chile dejamos de usar bolsas plásticas, por un acuerdo social respaldado por políticas públicas, la gestión del combustible vegetal debiera transformarse en una práctica compartida con difusión nacional. Cortar la vegetación seca y reducir la carga combustible alrededor de viviendas, caminos, campos rurales con plantaciones forestales no debe ser una recomendación estacional: debe convertirse en una costumbre, asumida de manera colectiva y pública. En estas regiones, el modelo forestal se normaliza sólo hasta que el fuego lo vuelve imposible de ignorar.
Dra. Mariela Yevenes
Facultad de Ciencias Ambientales UdeC y Organización Buena Cabra
Rocío Cruces
Organización Buena Cabra