Negacionismo Climático, una amenaza a la agenda 2030
17 de Enero 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Diana Lezcano
Colaboradora Centro Estudios Europeos UdeC
El cambio climático ya no es una amenaza del futuro es una realidad actual. Aumentos sostenidos de la temperatura global, la perdida de la biodiversidad y eventos meteorológicos implacables son síntomas de una emergencia mundial que pone en riesgo la estabilidad del planeta. Frente a ello, la agenda 2030 de la ONU a través del ODS 13 nominado “Acción por el Clima”, llamó a los Estados a adoptar politicas proteccionistas ambientales urgentes. Sin embargo, este esfuerzo de cooperación mundial se ve debilitado por un enemigo implacable: el negacionismo climático.
El negacionismo no es solo oscurantismo, es una estrategia política y económica, la cual es impulsada por intereses corporativos que buscan proteger su poder. Ya desde los años ochenta, empresas energéticas financiaron campañas destinadas a desinformar acerca de la evidencia científica que respaldaba el cambio climático. En el presente, ese discurso ha sido ampliado por líderes mundiales como Donald Trump o Jair Bolsonaro quienes, en nombre del progreso económico frenaron las políticas internacionales de mitigación.
El caso chileno resulta particularmente ilustrativo debido a que nuestro país ha asumido compromisos significativos –como lo es la carbono neutralidad al 2050- pero, el debate ambiental se mantiene tensionado por conflictos extractivos y resistencias políticas que cuestionan las regulaciones ambientales más estrictas.
A pesar de lo anterior, existen ejemplos que demuestran que existe otro camino posible. Dinamarca, Alemania y Costa Rica por ejemplo han encontrado la forma de combinar el desarrollo económico con sostenibilidad climática, mediante la incorporación de innovación energética renovable y educación ambiental para toda su población.
Combatir el negacionismo climático es fundamental y se puede alcanzar mediante políticas públicas que se sostengan a lo largo del tiempo, acompañadas de una educación ambiental trasversal. No se trata únicamente de reaccionar ante una “emergencia” global, sino de reconocer que la crisis climática exige trasformaciones profundas en la forma en que producimos y consumimos. Sin la voluntad política necesaria y una ciudadanía informada, la agenda 2030 corre el riesgo de convertirse en sólo una declaración de intenciones.