El litio y el crecimiento económico en Chile

14 de Enero 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Fotografía: Cedida

Claudio Candia Campano
EAN UdeC

El crecimiento económico depende de factores tanto de oferta como de demanda. Desde la oferta surge la acumulación de factores productivos como trabajo, capital y recursos naturales, junto con el aumento de la productividad a través de avances tecnológicos (conocimiento) y organizacionales (eficiencia). Desde la demanda, la apertura comercial expande los mercados, potenciando la capacidad exportadora de la economía.


Chile experimentó su mayor dinamismo entre 1990 y 1998, creciendo en promedio cerca de un 7 % anual. Esto se explica por factores como los identificados previamente: un sistema de concesiones para infraestructura, el fortalecimiento científico-tecnológico vía CONICYT, modernización institucional, estabilidad macroeconómica, una intensa estrategia de tratados de libre comercio, etc. Sin embargo, en las últimas décadas el crecimiento ha disminuido de manera persistente, situándose actualmente en cerca del 2%. Existe un diagnóstico compartido entre economistas: la productividad se ha estancado, debido a una matriz productiva altamente concentrada en actividades de bajo contenido tecnológico.

En este escenario, el litio se perfila como una oportunidad estratégica para diversificar y sofisticar la matriz productiva chilena. El país integra el denominado Triángulo del Litio, junto con Bolivia y Argentina, una región que concentra más de la mitad de las reservas mundiales de este recurso. En Chile, la explotación del Salar de Atacama (yacimiento de nivel mundial) ha estado históricamente en manos de SQM bajo contratos con el Estado, reflejando una orientación principalmente extractivista que limitó la creación de capacidades tecnológicas y de mayor valor agregado. Con el objetivo de revertir esta lógica, el país ha iniciado el desarrollo de una nueva Estrategia Nacional del Litio, orientada a fortalecer el control público, promover la innovación y avanzar hacia una inserción más compleja en la cadena global del mineral.


En coherencia con esto, Chile firmó en 2023 un acuerdo con la Unión Europea sobre materias primas críticas, que refuerza y legitima el giro hacia un modelo menos extractivo. Este marco de cooperación no solo reconoce el rol de Chile como proveedor relevante, sino que también abre oportunidades para atraer inversiones, impulsar la transferencia tecnológica y desarrollar procesos con mayor valor agregado, especialmente en fabricación de baterías y almacenamiento energético. En el plano interno, un segundo paso decisivo se dio con la creación en diciembre de 2025 de NovaAndino Litio, empresa mixta entre el Estado y SQM que marca un quiebre respecto del enfoque histórico. Ambas iniciativas materializan la transición hacia un modelo que prioriza capacidades tecnológicas, sostenibilidad y mayor control público, aspectos esenciales para enfrentar el estancamiento de la productividad y capturar de forma más integral el potencial económico del litio. Esta nueva etapa no está exenta de dificultades: Australia lidera la producción mundial de litio y China domina la refinación y la fabricación de baterías, configurando una cadena de valor competitiva en la que Chile busca insertarse con mayores capacidades tecnológicas.