Opinión

El gran rey

Por: Diario Concepción 03 de Diciembre 2020
Fotografía: Cedida

LEIDY PEÑA
Estudiante de Magíster de Astronomía
Universidad de Concepción

Nuestro Sol es una estrella de tamaño mediano comparada a muchas otras en el Universo y se encuentra a 150 millones de km de nosotros. Cerca de tres cuartas partes de su masa consta de hidrógeno, se formó hace aproximadamente 4.500 millones de años a partir de una nube, se encuentra en el centro del sistema planetario en el que residimos y su energía sustenta a casi todas las formas de vida en la Tierra. Pero ¿por qué es nuestro?

Cada civilización que ha vivido en estos 300.000 años de humanidad ha involucrado su presencia como una figura ‘antropologizada’, un reflejo de la esencia humana en sí misma que hace parte de la historia dando sentido a la vida, y su observación continua permitió describir sus movimientos. Helios para los griegos, era un dios que conducía un carro por el cielo, así como para los noruegos era una diosa que cada día dirigía su carroza a través de los cielos mientras era perseguida por un lobo que quería devorarla y así eclipsarla. Para los chinos este dios residía sobre un árbol y por la mañana se levantaba de este árbol para posarse y dormir sobre otro árbol situado al oeste.

En Mesopotamia el dios del Sol y la justicia Shamash, era representado como un gobernador sentado sobre su trono en los cielos que podía ver todo lo que sucedía en la tierra, cada mañana él entraba por el este y al atardecer se iba por el oeste. Shamash vigilaba todos los negocios, detectaba la falsedad y las mentiras en las personas, protegiendo a la humanidad del mal y ocupaba un papel importante en los rituales de sacrificios. Esto no está muy alejado a las creencias mayas donde cada uno de sus dioses que representaban al Sol poseían importantes poderes curativos y protectores, brindaban esperanza a los más jóvenes para conseguir buenas esposas, le hacían sacrificios para no alterar su carácter considerando su gran poder para provocar sequías y tempestades arrasadoras, y Tonatiuh en los aztecas, demandaba diariamente sacrificios humanos como tributo para alimentarse después de sus batallas y si estos se le rehusaban, él se movería a través del cielo para ocultarse.

Inti para los Incas, era fuente de toda riqueza, rey del cielo, de las plantas y el universo, aún presente como legado en las culturas actuales de los países donde se llegó a extender este imperio. Ra en la mitología egipcia, es creador de la vida, responsable del ciclo de la muerte y la resurrección. Antu en el pueblo Mapuche, es el más poderoso, personifica la luz y la sabiduría. Y aún se celebra su presencia en cada solsticio de verano en Stonehenge.

Lo común: a todos les pertenece, todos le rinden culto y posee características que los humanos desean tener, muy parecido al Dios de las religiones actuales, en palabras de Feuerbach “la conciencia de Dios es no es más que la conciencia de la especie”. Aún el Sol nos deslumbra en un sentido figurado, y como astrónomos seguimos estudiándolo a nuestra forma actual, por medio de la ciencia, esto nos permite extrapolar como son otras estrellas en el universo y al igual que a nuestros antepasados nos otorga conciencia de lo que nos rodea como humanidad; sigue siendo nuestro dios, protagonista del próximo eclipse que ocurrirá en el país el 14 de diciembre y el gran rey de todos los tiempos.

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