El veneno como síntoma: Crueldad animal y el nudo ciego del abandono en Lenga
27 de Octubre 2026 | Publicado por: Editorial Diario Concepción
Esta dinámica de abandono sistemático no solo afecta a balnearios como Lenga, sino que se extiende sin tregua a Caleta Chome, Caleta Perone y los frágiles espacios del Santuario de la Naturaleza Península de Hualpén.
La muerte provocada de cuatro perros envenenados durante la madrugada del sábado en Caleta Lenga no representa solo un acto intencional de crueldad inaceptable que hoy investiga la Bidema de la PDI; es, sobre todo, el síntoma más violento de un problema estructural que la Región del Biobío no ha logrado erradicar: el abandono crónico e impune de animales en sus zonas costeras y ecosistemas vulnerables.
Los antecedentes preliminares apuntan al uso de pesticidas de acción neurológica rápida. Ante este brutal episodio, la Municipalidad de Hualpén anunció la presentación de una querella contra quienes resulten responsables, sumándose a las pericias químicas e histológicas que realiza la Universidad San Sebastián. Sin embargo, mientras el aparato judicial busca esclarecer la presencia de vehículos sospechosos en la zona durante la noche, la discusión de fondo desborda la persecución penal del delito puntual. Como han advertido con crudeza los dirigentes del sector, la presencia de jaurías sin dueño no es un fenómeno fortuito, sino una realidad que se arrastra desde hace décadas.
El testimonio de la Junta de Vecinos de Caleta Lenga es lapidario: por más esfuerzo municipal o comunitario que se despliegue para atender, esterilizar o rescatar a la población canina existente, al día siguiente continúan llegando personas irresponsables a deshacerse de sus mascotas. Esta dinámica de abandono sistemático no solo afecta a balnearios como Lenga, sino que se extiende sin tregua a Caleta Chome, Caleta Perone y los frágiles espacios del Santuario de la Naturaleza Península de Hualpén. Un ciclo perverso donde la falta de fiscalización en los accesos vehiculares convierte a la periferia costera en un botadero de animales a vista y paciencia de todos.
La persistencia del abandono genera, además, un choque de vulnerabilidades. La presencia de perros asilvestrados o sin supervisión desencadena graves secuelas de seguridad pública, provocando mordeduras a residentes y ataques letales a la fauna silvestre local, especialmente a las aves que habitan los humedales del sector, como los cisnes. Pretender resolver esta crisis multidimensional únicamente mediante querellas reactivas o campañas discontinuas de adopción es tapar el sol con un dedo.
Para evitar que la desesperación o la incivilidad derivan en episodios de envenenamiento masivo como el registrado esta semana, se requieren medidas preventivas de alto impacto. La propuesta vecinal de instalar garitas de control y fiscalización efectiva en los accesos a Lenga y las caletas de Hualpén debe ser escuchada con urgencia por las autoridades. La tenencia responsable no puede quedarse en el papel ni en la buena voluntad de las agrupaciones animalistas; exige un Estado capaz de sancionar con firmeza el abandono en origen y blindar los territorios vulnerados. La vida de los animales y la tranquilidad de las comunidades costeras no pueden seguir a merced de la crueldad anónima y la desidia cultural.