Los humedales del Biobío ante el espejo de la realidad
21 de Octubre 2026 | Publicado por: Editorial Diario Concepción
Lo que busca la Red de Humedales, no es vender una ilusión jurídica, sino construir una agenda pública y territorial descentralizada. Ampliar la mirada más allá del Concepción Metropolitano hacia provincias como Arauco y Los Ángeles es clave
Por años, la narrativa ambiental ha oscilado entre el entusiasmo de los enunciados y la dureza de los hechos. La reciente iniciativa “Biobío, Región de Humedales”, impulsada por la Red de Humedales del Biobío, busca tomar la batuta del exitoso referente de Valdivia para posicionar a nuestra región como un bastión ecológico. Es, sin duda, un movimiento político y socio ambiental ambicioso e inspirador. Sin embargo, en un territorio donde la presión inmobiliaria, la fragmentación del paisaje y el cambio climático avanzan sin tregua, cabe hacerse la pregunta incómoda: ¿alcanza una etiqueta territorial para salvar a un ecosistema en riesgo?
La respuesta corta y técnica es no. Como advierten especialistas y juristas en el ámbito ambiental, la denominación “Región de Humedales” carece de peso normativo vinculante. No es una categoría jurídica ni altera de forma sustancial el régimen legal aplicable. Un humedal no queda mágicamente blindado del relleno ilegal, las descargas residuales o los proyectos de infraestructura invasivos solo porque la región decida autodefinirse a través de él. La protección efectiva sigue supeditada a las herramientas de la legislación vigente —como la Ley N° 21.202 de Humedales Urbanos o el ingreso al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA)— y, sobre todo, a la voluntad política e institucional para fiscalizar.
Sin embargo, sería un error ningunear el valor táctico de esta campaña. Lo que busca la Red de Humedales, no es vender una ilusión jurídica, sino construir una agenda pública y territorial descentralizada. Ampliar la mirada más allá del Concepción Metropolitano hacia provincias como Arauco y Los Ángeles es clave: la información comunitaria, el catastro participativo y la articulación social son los cimientos sobre los cuales se ejerce la verdadera gobernanza del agua y la tierra.
El nudo crítico reside en lo que ocurre después de que una zona es delimitada en el papel. Expertos territoriales e investigadores del área coinciden en la gran trampa de la conservación actual: la delimitación de un polígono no garantiza su supervivencia. Un humedal protegido legalmente pero desprovisto de plan de manejo, ordenanza municipal concreta y recursos financieros permanentes es apenas un “parque de papel”. Restaurar lo dañado y conservar lo existente exige presupuesto, capacidades operativas locales y un cambio profundo en la planificación urbana.
El desafío de la iniciativa “Biobío, Región de Humedales” es transformar la épica del discurso en pragmatismo institucional. El reconocimiento simbólico debe operar como palanca de presión para acelerar la creación de planes de manejo, dotar de fondos a los municipios y exigir una fiscalización rigurosa. Si no se da ese paso, corremos el riesgo de coleccionar títulos honoríficos mientras los ecosistemas que nos protegen del cambio climático terminan sepultados bajo el cemento.