Feria de Lota: resiliencia comercial frente a tragedias

04 de Octubre 2026 | Publicado por: Editorial Diario Concepción
Fotografía: Bruno Rozas

La historia de los comerciantes de la Feria de Lota Bajo es la de una resiliencia ininterrumpida. A lo largo de los últimos años, sus locatarios han debido reconstruir su sustento tras el devastador terremoto de 2010, incendios, la pandemia de covid-19 y recurrentes anegamientos.

Esta semana, un nuevo y crítico episodio golpeó con fuerza la actividad. Esto con el colapso del alcantarillado provocado por las intensas precipitaciones que inundó más del 80% de los recintos con aguas servidas. La emergencia obligó a desechar al menos dos toneladas de mercadería totalmente contaminada y forzó a los propios trabajadores a asumir las complejas labores de sanitización para reabrir con urgencia.

Si bien la reapertura autorizada por el Sindicato Feria Libre de Lota alivia la imperiosa necesidad de generar ingresos para cientos de familias golpeadas que viven del trabajo cotidiano, no resuelve las abrumadoras pérdidas patrimoniales ni los compromisos fijos que deben seguir cumpliendo mes a mes. Al respecto, la presidenta del gremio, Paola Huenchuman, remarcó la premura y crudeza de la situación. “Estamos contentos porque oficialmente nos dieron la apertura de la feria (…) era como un río, venía con una fuerza tremenda el agua, arrasaba con todo lo que tenía en el camino”, contó.


El impacto humano e individual es igual de severo en trabajadores que llevan una vida en el sector. Elisa Vera, que lleva 62 años trabajando en la feria, atestiguó cómo el agua superaba ampliamente sus rodillas, dejando cerca de 15 centímetros de barro en los locales.

En la misma línea, Aida Cabrera lamentó la destrucción total de sus productos de venta. “Todo eso se perdió, perdimos todo el ají, las legumbres, los condimentos, todo (…) ya son varias inundaciones que llevamos encima, entonces uno tiene que rehacerse nuevamente”, contó. Asimismo, Ana Alarcón Bastidas graficó la desprotección al señalar que “perdí todo, quedé a brazos cruzados”, sumándose a la resiliente reflexión de Mauricio Ormeño, quien indicó que “lo importante es que estando con las manos buenas se puede seguir trabajando”.


La inquebrantable disposición de los feriantes lotinos a levantarse una y otra vez es admirable y profundamente respetable, pero de ninguna manera debe convertirse en una excusa para la inacción del Estado. El problema de fondo es de carácter estructural en la feria y responde a una fragilidad en la infraestructura de drenaje y aguas lluvias que se arrastra desde hace años sin soluciones definitivas.

Apoyar a la economía local implica mucho más que autorizar la vuelta al trabajo tras la catástrofe; exige invertir con decisión para garantizar las condiciones mínimas donde el esfuerzo diario no vuelva a quedar sepultado bajo el barro.