El desafío del Puente Industrial

18 de Septiembre 2026 | Publicado por: Editorial Diario Concepción
Fotografía: Cedida

Su efectividad depende no solo de la calidad de la infraestructura, sino también del nivel de adhesión que genere entre quienes la utilizan o podrían utilizarla.

A un año de su entrada en operación, el Puente Industrial ya se ha convertido en uno más del paisaje diario del Gran Concepción, pero aún persisten cuestionamientos.

Con millones de tránsitos acumulados y una conectividad que hasta hace poco tiempo parecía lejana para quienes transitan entre San Pedro de la Paz, Hualpén, Talcahuano y otras comunas del área metropolitana, la obra ha mostrado que alcanzar un valor como actor clave para una región que durante décadas ha convivido con la congestión como una de sus principales barreras para el desarrollo.

Según las cifras, aportada por la empresa a cargo, la infraestructura ha cumplido una promesa largamente esperada, que es ofrecer una alternativa a los cruces tradicionales sobre el río Biobío y fortalecer la conexión con sectores productivos, industriales y portuarios que resultan fundamentales para la economía regional. Así, en términos de planificación urbana y logística, pocos discuten hoy la relevancia del viaducto.


Sin embargo, el primer aniversario de funcionamiento también deja en evidencia que la discusión no está completamente resuelta y así lo dejan evidencia autoridades locales. Más allá de la utilidad de la obra, persisten interrogantes respecto de su nivel de utilización, el impacto del cobro electrónico y la percepción que tienen los usuarios sobre el valor que reciben a cambio de la tarifa que pagan.

Bajo ese escenario, las 28 mil multas asociadas al no pago del telepeaje son una señal que merece análisis, porque es cierto que el sistema free flow representa una innovación para el Biobío y que toda transformación requiere un proceso de adaptación, sin embargo, dicha cantidad se percibe como excesiva.


Como señaló el seremi de Obras Públicas, José Piña, “es un proceso de adaptación, es un cambio cultural”. La afirmación tiene fundamento, ya que la región no contaba con experiencia previa en un sistema de estas características y, por lo mismo, la incorporación de nuevos hábitos tomará tiempo.

Sin embargo, también es razonable preguntarse si existe una percepción de beneficio suficientemente clara para todos los usuarios, más cuando una obra busca descongestionar una red vial completa, su efectividad depende no solo de la calidad de la infraestructura, sino también del nivel de adhesión que genere entre quienes la utilizan o podrían utilizarla.


En suma, a un año de su inauguración, el puente ya superó la etapa de la expectativa y lo que corresponde hoy es avanzar hacia otra fase, la cual es consolidar su pleno potencial como una herramienta efectiva para mejorar los desplazamientos y fortalecer el desarrollo del territorio. De eso no hay duda, ese es el desafío que hay por delante y también la oportunidad, pero sin dejar como actor menos importante al usuario y la subutilización del viaducto.