Plaza Perú: la obra no justifica la improvisación
22 de Agosto 2026 | Publicado por: Editorial Diario Concepción
La lección que deja la remodelación de la Plaza Perú es categórica y es que la indiscutible prioridad peatonal jamás debe ser sinónimo de desorden vial.
La intervención urbana en el entorno de la Plaza Perú, en el centro de Concepción, se ha transformado en un vivo reflejo de las complejas tensiones entre la planificación pública, la movilidad y la convivencia cotidiana entre conductores y peatones.
El tramo de avenida Chacabuco situado entre las calles Ongolmo y Janequeo exhibe hoy una proliferación de cuatro pasos de cebra en un espacio sumamente acotado. Para los automovilistas y choferes del transporte público, este escenario provisorio se traduce en atascamientos, frenadas abruptas y un aumento de la congestión vial. Sin embargo, abordar este dilema exige una mirada que trascienda la fluidez vehicular.
Como precisó el académico de la Universidad de Concepción, Rodrigo Victoriano, en un sector de alta concurrencia como el barrio universitario, la prioridad indiscutible debe ser el usuario más vulnerable, que en este caso es el peatón. La molestia que provoca la detención frecuente del flujo vehicular no puede poner en riesgo la integridad física de miles de personas.
“Una gran cantidad de cruces peatonales no es necesariamente negativo; al contrario, en esta situación lo que predomina es el usuario que es más vulnerable y, además, aquel que hace mayor uso de este espacio es el peatón. Por ende, hacer que el flujo vehicular se detenga varias veces no es un mayor problema en comparación con poner en riesgo al peatón”, explicó.
No obstante, resguardar al transeúnte no justifica la improvisación. La reubicación constante de cruces y la permanencia de pintura antigua sin borrar generan confusión e inercia vial, exponiendo a peligros a quienes intentan cruzar por pasos inhabilitados o anegados durante los días de lluvia.
El origen de esta desorganización radica en la dilación de las obras de remodelación de la plaza, proyecto cuya inversión supera los $1.200 millones y cuya fecha de entrega estaba proyectada para febrero de este año. Al extenderse los trabajos de forma sustancial, el municipio debió aplicar soluciones provisorias para resguardar el cruce a pie mientras mantiene el tránsito por Chacabuco.
Pero resolver los inconvenientes a medida que emergen, en lugar de haber diseñado un plan de desvíos claro desde el inicio, impone un costo excesivo a los comerciantes locales, conductores y transeúntes.
De acuerdo con lo informado por la Municipalidad de Concepción, la configuración final proyecta una Zona 30, orientada a pacificar el tránsito y promover el uso de la bicicleta, junto con dos únicos cruces semaforizados a nivel en los accesos de la plaza, diseñados para facilitar el desplazamiento de personas con movilidad reducida.
Del mismo modo, los relieves instalados en el pavimento buscan obligar a reducir la velocidad de manera preventiva. El horizonte del proyecto resulta positivo y necesario para el sector, pero la gestión durante la fase de ejecución ha demostrado serias falencias.
La lección que deja la remodelación de la Plaza Perú es categórica y es que la indiscutible prioridad peatonal jamás debe ser sinónimo de desorden vial; la seguridad urbana exige un cumplimiento riguroso de los plazos y una planificación intachable desde el primer día de obras.