Demanda laboral en la zona

10 de Agosto 2026 | Publicado por: Maximiliano Koch
Fotografía: Carolina Echague M.

El reciente incremento del desempleo en la Región del Biobío, alcanzando un preocupante 10,4% en el trimestre móvil abril-junio, vuelve a poner sobre la mesa la fragilidad del mercado de trabajo local. Frente a esta cifra, los datos entregados por la Encuesta Nacional de Demanda Laboral (Enadel) constituyen un insumo indispensable para comprender hacia dónde se mueven los requerimientos productivos de la zona y, sobre todo, dónde residen los mayores desacoples.

El informe confirma que rubros como la Construcción, los Servicios Personales, la Industria Manufacturera y el Comercio continúan siendo los principales generadores de ocupación. Sin embargo, el valor de esta radiografía no radica únicamente en identificar cuáles son las áreas que más contratan, sino en evidenciar las brechas que impiden un dinamismo mayor. Por un lado, persiste una desconexión crítica entre la oferta formativa y las competencias técnicas específicas que demanda el tejido empresarial regional; por otro, los métodos de reclutamiento informales o tradicionales siguen predominando por sobre las plataformas institucionales de intermediación.

Según el Observatorio Laboral Biobío, los sectores que lideran la demanda de empleo en la zona son la Construcción (19,3%), Servicios Personales (14,7%), Industria Manufacturera (14%), Comercio (11,7%) y Transporte, Comunicaciones y Servicios de Información (9,9%).


Superar este escenario requiere pasar del diagnóstico a la acción convergente. El fortalecimiento del Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (Sence) y la labor de las Oficinas Municipales de Información Laboral (OMIL) deben estar alineados de manera estricta con las necesidades reales reportadas por los sectores productivos. Asimismo, la discusión sobre la flexibilidad laboral y la adaptabilidad de las jornadas debe abordarse con pragmatismo, buscando incentivar la contratación formal —especialmente en actividades estacionales como el comercio o el turismo— sin debilitar la protección de los trabajadores.

La reactivación económica del Biobío no dependerá solo de la llegada de inversiones, sino también de la capacidad regional para capacitar y conectar oportunamente a las personas con las vacantes disponibles.