El buen estado de las caletas

28 de Julio 2026 | Publicado por: Editorial Diario Concepción
Fotografía: Isidoro Valenzuela M.

Es una inversión estratégica e indispensable para proteger la soberanía alimentaria, sostener el desarrollo turístico local y garantizar el bienestar de miles de familias que históricamente han dependido del mar.

El mar es uno de los pilares identitarios, sociales y productivos más relevantes de la Región del Biobío. La extracción de recursos marinos con fines alimentarios y comerciales, el constante flujo del turismo costero y la vida misma de comunidades arraigadas en el litoral marcan de manera profunda la geografía y el carácter de la zona. Por esta razón, cada vez que la marejada o las tormentas azotan las costas, el impacto de los sistemas frontales en las caletas trasciende lo meteorológico para convertirse en una encrucijada social.

Aunque en la mayoría de los recintos artesanales los daños materiales fueron acotados en comparación con otras zonas del país, la imposibilidad de salir a navegar ha significado una drástica suspensión de los ingresos diarios para pescadores, buzos, algueras y recolectores de orilla. Se trata de familias enteras que advierten que, de prolongarse las malas condiciones climáticas, la vulnerabilidad económica de sus hogares podría agravarse de forma crítica.

Un ejemplo claro es Caleta Lenga, en la comuna de Hualpén. Allí, las marejadas deterioraron parte del camino de acceso en el sector del puente, obligando a suspender temporalmente las faenas pesqueras. Rodrigo Merino, dirigente del sector, explicó que el oleaje erosionó la vía de tránsito, dificultando el normal funcionamiento de las actividades durante varios días. Si bien valoró que no se registraran pérdidas en embarcaciones ni en la infraestructura principal, reconoció el golpe inmediato en la economía familiar: “Esto nos impacta porque vivimos de lo que generamos diariamente”.


Esta situación expone una realidad insoslayable: las caletas de la Región del Biobío no son simples puntos de desembarque; son verdaderos motores económicos, centros gastronómicos, focos de arraigo cultural y garantes de la seguridad alimentaria regional. Mantener estos espacios en óptimas condiciones, con infraestructura resiliente frente al cambio climático y accesos viales protegidos, no es solo un deber con la pesca artesanal. Es una inversión estratégica e indispensable para proteger la soberanía alimentaria, sostener el desarrollo turístico local y garantizar el bienestar de miles de familias que históricamente han dependido del mar.