La falsa contención del desempleo: informalidad absorbe la caída del trabajo formal en el Biobío
30 de Octubre 2026 | Publicado por: Bruno Rozas Hinayado
Expertos y trabajadores de la zona concuerdan en que la baja dinamicidad del mercado formal empuja a miles de personas a empleos no regulados, amortiguando la caída de ingresos pero invisibilizando la falta de puestos estables y protegidos.
El deterioro del mercado laboral del Biobío no se refleja únicamente en la tasa de desempleo.
Mientras la tasa de desocupación en la Región del Biobío se situó en un 10,5%, durante el trimestre móvil julio-septiembre de acuerdo al Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la informalidad “se ubicó en 27,3%, con un alza de 1,0 pp. en un año”, fenómeno en el que “las personas ocupadas informales aumentaron 2,2%, incididas por las mujeres (4,5%) como por los hombres (0,2%)”.
Observar ambos indicadores es relevante: una persona que comienza a trabajar informalmente puede dejar de ser contabilizada como desocupada, aunque sus ingresos sean inestables y no cuente con condiciones equivalentes a las de un empleo formal.
Por eso, una tasa de desempleo que no aumenta, o que incluso disminuye, no necesariamente significa que mejoró la calidad del trabajo disponible.
En el Biobío, la desocupación aumentó 0,4 puntos porcentuales en doce meses. El indicador llegó al 11% entre las mujeres y al 10,1% en los hombres, mientras el número de personas ocupadas disminuyó 1,5% respecto de igual período del año anterior.
Las caídas sectoriales también muestran las dificultades de inserción laboral. La ocupación disminuyó 9,4% en industria manufacturera y 6,2% en construcción, a lo que se sumó una reducción de 3,4% en los trabajadores asalariados formales.
En paralelo, la tasa de ocupación informal se ubicó en 27,3% durante julio-septiembre, con un incremento de 1,0 punto porcentual en doce meses.
La cantidad de personas ocupadas informalmente aumentó 2,2%, con las mujeres y los hombres entre los grupos que incidieron en esa evolución.
Trabajar para no quedarse sin ingresos
La estadística tiene un correlato en las experiencias de trabajadores de la zona. Carolina Avendaño, de 38 años, vende ropa y accesorios por internet y en ferias de Talcahuano.
Tras el cierre de la tienda de Concepción donde trabajaba, pasó más de ocho meses buscando empleo formal, sin encontrar una alternativa que considerara adecuada.
Para sostener el pago del arriendo, comenzó a comprar ropa al por mayor y comercializarla por redes sociales. En los meses favorables logra ingresos similares a los que recibía antes, pero no cuenta con la misma seguridad.
“Si me enfermo o si hay mal tiempo y no vendo, nadie me paga la licencia ni me cubre ese día”, relató. También afirmó que lleva casi un año sin volver a cotizar en AFP ni en salud.
“Estadísticamente sé que no cuento como desempleada, pero la tranquilidad de un trabajo estable no la tengo”, señaló.
Una situación distinta, pero marcada por la misma incertidumbre, describe Roberto Inostroza, de 58 años. Tras más de quince años en el sector industrial, las reestructuraciones y los despidos dificultaron su reinserción con contrato.
Actualmente realiza reparaciones eléctricas, carpintería y pintura para vecinos de Chiguayante y Concepción.
Aunque consigue trabajos, la demanda fluctúa y no siempre puede completar las horas que necesita para asegurar sus ingresos mensuales.
“Siento que mi experiencia laboral quedó de lado y me tuve que adaptar a lo que saliera para no caer en la inactividad total”, comentó.
Archivo Diario Concepción.
Un mercado laboral bajo presión
Iván Araya, director del Informe Económico Regional (IER) de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Concepción (UdeC), plantea que la informalidad puede estar actuando como un mecanismo de absorción laboral ante el bajo dinamismo económico y las dificultades para crear puestos formales.
Cuando no encuentran trabajo asalariado, explicó, algunas personas recurren al comercio por cuenta propia, los servicios ocasionales, el transporte o los trabajos por encargo.
Si cumplen los criterios estadísticos de ocupación, dejan de integrar la cifra de desocupación, aunque sus ingresos sean insuficientes o variables.
Araya también citó cifras del trimestre junio-agosto que sitúan la informalidad en 27,9%. En ese período, sostuvo, el empleo total disminuyó en 6.091 personas en doce meses, mientras los ocupados informales aumentaron en 12.082.
A su juicio, esa evolución es consistente con una mayor importancia de la informalidad, aunque no demuestra que esas mismas personas hayan transitado directamente desde el desempleo o el empleo formal hacia esas actividades.
El académico agregó que el subempleo, personas que trabajan menos horas de las que desean y pueden trabajar, y la inactividad potencial también permiten dimensionar dificultades que no recoge el desempleo abierto.
En ese mismo trimestre, las tasas combinadas de subutilización laboral SU2 y SU3 alcanzaron el 18% y el 21,2%, respectivamente.
“El problema del Biobío no consiste solamente en la falta de empleo, sino también en la dificultad para acceder a empleos suficientemente productivos, estables y protegidos”, sostuvo.
El director del IER advirtió que la informalidad puede amortiguar la pérdida de ingresos de los hogares, pero no reemplaza necesariamente un empleo formal.
Para establecer cuánto absorbe efectivamente, señaló, se requiere observar las transiciones de las personas entre desempleo, informalidad y empleo formal, en lugar de comparar solamente tasas agregadas.
Entre sus consecuencias mencionó la incertidumbre de los ingresos, las dificultades para ahorrar y la menor regularidad de las cotizaciones previsionales.
También advirtió sobre barreras de acceso a financiamiento, tecnología y capacitación que pueden limitar el crecimiento de microempresas y trabajadores independientes. Aclaró, eso sí, que no toda actividad informal es improductiva ni todos sus trabajadores tienen ingresos bajos.
Protección social y empleos por cuenta propia
Cristian Guzmán Cofré, director del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), señaló que los ocupados informales aumentaron.
A su juicio, la informalidad está absorbiendo, al menos en parte, a personas que buscan trabajo.
El académico sostuvo que estas ocupaciones pueden implicar la pérdida de prestaciones y protección social.
Advirtió sobre las lagunas previsionales y las dificultades futuras en materia de pensiones, y llamó a observar no solo la desocupación, sino también la evolución del empleo total y de los trabajadores por cuenta propia.
En ese último grupo, planteó, es necesario evaluar si los ingresos permiten cubrir los costos de la actividad, remunerar el propio trabajo y financiar salud y previsión.
“Hoy tenemos un problema claro: están aumentando los empleos informales y el principal efecto está en la pérdida de protección social, con consecuencias tanto de corto como de mediano plazo”, afirmó.
Luis Méndez, director del Observatorio Laboral Biobío y académico de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad del Bío-Bío (UBB), también situó la tasa regional en 27,9% para junio-agosto, frente al 26,3% nacional.
Según indicó, los vendedores de comercio y mercados registraron una de las mayores variaciones, seguidos por técnicos de nivel medio y trabajadores de oficios. La mayor concentración se ubicó en ocupaciones elementales y servicios sociales y personales.
Méndez vinculó el aumento de la informalidad tanto al desempleo formal como a la expansión de la economía digital, donde también existen actividades de mayor calificación, flexibilidad e ingresos que pueden desarrollarse paralelamente a un empleo formal.
No obstante, advirtió que estas ocupaciones pueden representar un deterioro de la calidad laboral cuando quedan fuera de las regulaciones y beneficios asociados al trabajo formal.