Ante un déficit que persiste: Biobío activa su primer Plan de Adaptación al Cambio Climático Hídrico
04 de Octubre 2026 | Publicado por: Bruno Rozas Hinayado
A pesar de la recuperación en los niveles de nieve y precipitaciones este invierno, la región implementará el PACC-RH con 10 medidas, 35 acciones y millonarias inversiones en estudios hidrogeológicos y riego para asegurar sus cuencas.
Las lluvias y los temporales de este año mejoraron la situación hídrica de la Región del Biobío respecto de 2025, pero no eliminaron el déficit acumulado.
Al cierre de septiembre, las precipitaciones desde abril superaban entre un 28% y un 52% las del mismo período del año hidrológico anterior, mientras el Lago Laja permanecía un 54% por debajo de su volumen promedio histórico.
El contraste entre la recuperación reciente y las brechas de largo plazo marca el escenario regional ante el primer Plan de Adaptación al Cambio Climático para los Recursos Hídricos (PACC-RH).
El instrumento contempla 10 medidas y 35 acciones para el abastecimiento, los ecosistemas, las actividades productivas y la preparación frente a sequías e inundaciones.
Lluvias alivian el déficit
El director regional de Aguas, Matías Mendoza Lama, explicó que, al comparar las precipitaciones con los promedios de 1991-2020, buena parte del Biobío sigue en déficit.
Los registros van desde aproximadamente un 5% en Los Ángeles hasta cerca de un 19% en Cañete. En Abanico, en cambio, se observa un leve superávit cercano al 2%.
El Lago Laja almacena alrededor de 1.522 millones de metros cúbicos, prácticamente lo mismo que a igual fecha de 2025. La diferencia está en la cordillera: la estación Alto Mallines, a 1.700 metros de altitud, registra 1,24 metros de nieve y un equivalente en agua de 439 milímetros. Hace un año, la altura de nieve alcanzaba apenas un centímetro.
Esta reserva permite enfrentar el deshielo en mejores condiciones, aunque Mendoza llamó a interpretar los antecedentes con cautela.
“La fotografía que tenemos hoy es más auspiciosa que la del año pasado, particularmente por la nieve acumulada, pero no debemos olvidar que venimos de un período prolongado de disminución de las precipitaciones y de la disponibilidad hídrica”.
Según indicó, las precipitaciones han disminuido cerca de un 11% en cuencas como Maule, Itata y Biobío, junto con reducciones de caudales y nieve. Un año favorable no necesariamente revierte una tendencia de más de una década.
Estudios y licitaciones pendientes
El seremi de Obras Públicas, José Piña, informó que la DGA impulsa una cartera regional superior a $3.325 millones. Las iniciativas buscan conocer las aguas subterráneas, planificar cuencas, anticipar inundaciones y evaluar la disponibilidad de agua en las islas.
La exploración de acuíferos en la cuenca de planificación del río Biobío considera $1.667.853.000 y abarca las provincias de Biobío y Concepción.
Busca identificar la capacidad de explotación de aguas subterráneas y generar una herramienta de gestión integrada con las aguas superficiales. Un contrato de análisis geofísico por $600 millones está en licitación.
En Arauco, el análisis de alerta temprana y zonas de inundación contempla $1.066.577.000. Integrará datos hidrometeorológicos, modelaciones y pronósticos para anticipar crecidas y elaborar mapas de amenaza en las cuencas costeras.
Un contrato por $695 millones, para analizar zonas de determinadas cuencas, está pendiente de licitación.
El estudio para formular el Plan Estratégico de Recursos Hídricos de la cuenca del Biobío considera $527.401.920. Está en ejecución, con su segunda etapa en revisión, y reúne información física, social y ecosistémica para orientar decisiones.
En las islas Santa María, en Coronel, y Mocha, en Lebu, un diagnóstico de $64.022.000 desarrolla su segunda etapa para determinar caudales sustentables de explotación.
“Las lluvias de este año son una buena noticia, pero no significan que el problema esté resuelto”, sostuvo Piña.
Planteó que se requiere mayor conocimiento de los acuíferos, monitoreo de aguas subterráneas y planificación para períodos secos. Estos estudios, señaló, permitirán aplicar los lineamientos nacionales en la región y tomar decisiones basadas en evidencia.
Mejores perspectivas para el riego
El seremi de Agricultura, Francisco Lagos, señaló que las precipitaciones y la nieve mejoraron las perspectivas para el riego, especialmente en cuencas cordilleranas.
La reserva nival aporta agua gradualmente durante primavera y verano, cuando aumenta la demanda agrícola. Sectores precordilleranos presentan lluvias cercanas a la normalidad o con leve superávit.
Sin embargo, persisten déficits en sectores costeros e interiores y el Lago Laja continúa bajo su promedio histórico.
“La disponibilidad de agua seguirá dependiendo de la evolución de las condiciones climáticas y de una adecuada gestión del recurso”, afirmó.
Lagos explicó que los concursos de la Comisión Nacional de Riego (CNR), mediante la Ley 18.450, permiten bonificar hasta un 90% del costo de proyectos de infraestructura, tecnificación y construcción o mejoramiento de sistemas de conducción y distribución de agua.
Este año, según informó, la CNR ha ejecutado $8.300 millones en 93 proyectos del Biobío y proyecta cerrar con aproximadamente $11.800 millones en iniciativas ejecutadas y pagadas.
INDAP también apoya a la agricultura familiar campesina mediante sus programas de Riego Intrapredial, Obras Menores y Riego Asociativo.
La aplicación regional del plan
El PACC-RH fue formalizado tras la toma de razón de Contraloría y su publicación en el Diario Oficial. Lo lidera la DGA, con Medio Ambiente como contraparte técnica, apoyo de la FAO y financiamiento del Fondo Verde para el Clima mediante Readiness.
Louis de Grange, biministro de Obras Públicas y de Transportes y Telecomunicaciones, señaló que las sequías, inundaciones y aluviones evidencian la necesidad de anticiparse a un clima cambiante.
El plan, sostuvo, busca proteger el agua para las personas, los ecosistemas y la producción, además de mejorar la respuesta ante eventos extremos.
El seremi de Medio Ambiente, Mario Delannays, precisó que el instrumento no establece un “programa Biobío” con obras y montos propios.
Su aplicación depende de los planes y mesas de cuenca, articulados con los planes regionales y comunales de cambio climático y el MOP.
La hoja de ruta abarca cinco años. En Biobío se vincula con el Comité Regional de Cambio Climático y la Mesa Estratégica de Recursos Hídricos de la cuenca del río Biobío, junto con la elaboración de su plan.
Delannays explicó que contempla soluciones basadas en la naturaleza, seguridad del abastecimiento urbano y rural, monitoreo de extracciones, alertas de crecidas y atención a comunidades vulnerables.
Su ejecución requiere coordinación entre DGA, MOP, Medio Ambiente, Gobierno Regional, municipios y actores de cada cuenca.