Hidrógeno verde en Biobío: Corfo reconoce lento avance y apuesta por sostener la industria a largo plazo
03 de Mayo 2026 | Publicado por: Bruno Rozas Hinayado
El desarrollo del hidrógeno verde en Chile, y en particular en la Región del Biobío, atraviesa una fase de redefinición marcada por una distancia evidente entre las expectativas iniciales y el avance real de los proyectos.
A pesar de los importantes compromisos de inversión, cerca de US$10 millones en subsidios públicos y más de US$9.200 millones anunciados por el sector privado, la industria aún no logra dar el salto hacia una escala industrial, manteniéndose en un estado incipiente enfocado en validaciones tecnológicas y estudios de viabilidad.
Desde el mundo público, el vicepresidente ejecutivo de Corfo, José Ignacio Mujica, reconoce abiertamente esta desaceleración. “Evidentemente, el desarrollo que ha tenido la industria ha sido mucho más lento del que todos hubiéramos querido y del que se esperaba”, afirmó, en un diagnóstico que marca un giro respecto del impulso inicial con que se promovió esta agenda en años anteriores.
El escenario, sin embargo, no es interpretado como una señal de fracaso estructural. Mujica atribuye el ritmo menor a factores externos más que a una falta de potencial.
En ese sentido, advirtió que “hoy las condiciones de mercado quizá no están listas para algunos de los grandes proyectos de hidrógeno verde que están en carpeta”, lo que ha llevado a postergar decisiones de inversión de gran escala.
Lejos de plantear un abandono de la estrategia, el ejecutivo enfatiza una lógica de continuidad cautelosa.
Según explicó, el objetivo es mantener capacidades instaladas mientras el mercado madura: “Tenemos que mantener las capacidades vigentes, para que, si en tres o cinco años más el mercado está listo para financiar esos grandes proyectos de hidrógeno verde, tenemos que ser un país que esté primero en esa competencia”.
Esta visión implica también revisar los instrumentos de apoyo estatal. Actualmente, Corfo dispone de una línea de financiamiento cercana a los US$1.000 millones destinada al hidrógeno verde, pero se encuentra en evaluación para ajustar su tamaño y pertinencia en coordinación con los ministerios de Economía y Energía.
El hidrógeno verde, en este nuevo enfoque, deja de ocupar un rol prioritario en el corto plazo y pasa a integrarse dentro de una estrategia productiva más diversificada.
Desde la Región del Biobío
A nivel regional, los desafíos adquieren matices específicos. Mauricio Franjola Acevedo, gerente general del Programa Estratégico Regional Hidrógeno Verde Biobío, advierte que la incertidumbre regulatoria y judicial ha incidido directamente en el avance de iniciativas energéticas.
“Existen casos de proyectos energéticos que han requerido hasta nueve años de desarrollo y más de US$12 millones en estudios, sin llegar a ejecutarse debido a procesos de judicialización”, lo que ha generado cautela entre inversionistas y ha ralentizado decisiones clave.
Desde el ámbito académico, la lectura es convergente, aunque con un énfasis en la naturaleza esperable de este proceso. Andrea Moraga, gerente de la Unidad de Hidrógeno y Sostenibilidad del Instituto de Investigaciones Tecnológicas de la Universidad de Concepción, sostiene que la desaceleración forma parte del ciclo típico de las industrias emergentes.
A su juicio, este momento responde a una fase de ajuste tras un periodo inicial de alto entusiasmo.
Moraga explica que este fenómeno no es exclusivo de Chile, sino que se replica a nivel global. Tras participar en instancias internacionales, incluyendo una reciente gira en Alemania, constató que problemáticas como la demanda, los costos, la infraestructura y la regulación son transversales.
En ese contexto, subraya que el hidrógeno verde debe entenderse como un proceso de largo aliento más que como una solución inmediata.
En lugar de interpretar el momento actual como un retroceso, la experta plantea que se trata de una etapa de maduración que exige reorientar los esfuerzos. Destaca que la investigación y desarrollo no debiera reducirse, sino enfocarse estratégicamente en aspectos críticos como la generación de demanda concreta, la reducción de costos y la adaptación a condiciones locales.
Asimismo, menciona la necesidad de aprovechar infraestructura existente y recursos disponibles en la región, como el hidrógeno residual, para avanzar en eficiencia.
Otro eje relevante, según Moraga, es el fortalecimiento de marcos regulatorios y estándares de seguridad, donde la evidencia científica puede contribuir a acelerar decisiones.
Bajo esta lógica, el desarrollo del sector depende de una articulación más precisa entre investigación, innovación y necesidades productivas reales, con miras a consolidar primero un mercado doméstico antes de escalar hacia exportaciones.
También destaca el potencial del Biobío en la producción de carbón biogénico y en el desarrollo de tecnologías de captura de carbono, elementos clave para viabilizar estos combustibles.
Desde el sector privado, el análisis apunta en una dirección similar, aunque con foco en la evolución del mercado. Arturo De la Sotta, CEO de P2X Consulting, considera que el periodo reciente, caracterizado por anuncios y proyectos piloto, está dando paso a una etapa más concreta.
En su evaluación, el año 2026 podría marcar un punto de inflexión hacia una industria más madura, con menos énfasis en promesas y mayor foco en decisiones efectivas.
El consultor destaca particularmente el rol del metanol como vector de transición. A diferencia de otras alternativas, explica que este compuesto presenta ventajas al no requerir una infraestructura completamente nueva, lo que reduce barreras de entrada.
Además, señala que sectores como el transporte marítimo y la aviación están impulsando la adopción de combustibles alternativos, lo que abre oportunidades para soluciones como el e-metanol, siempre que cumplan con estándares internacionales de certificación.
En conjunto, las distintas voces coinciden en que el hidrógeno verde en Chile atraviesa una fase de ajuste que, si bien implica una pérdida de impulso respecto de las expectativas iniciales, no invalida su potencial estratégico.
Más bien, configura un escenario de transición hacia una etapa de consolidación, donde el foco se desplaza desde la proyección hacia la ejecución efectiva.