Del motor al voltaje: Nueva ley impulsa la transformación de autos a eléctricos en el Biobío y el país
04 de Febrero 2026 | Publicado por: Bruno Rozas Hinayado
Formación técnica y certificación marcarán el futuro de la reconversión.
El Congreso Nacional despachó a ley el proyecto que, por primera vez en Chile, regula la transformación de vehículos a combustión interna en unidades eléctricas bajo un marco legal y certificado.
La iniciativa, impulsada por el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones (MTT) y presentada al Parlamento en noviembre de 2024, abre un nuevo capítulo para talleres mecánicos, emprendimientos tecnológicos y profesionales del rubro automotriz que desde hace años venían explorando de manera experimental la reconversión eléctrica.
Ahora, con la norma aprobada, este trabajo se proyecta hacia un escenario de formalización, exigencias técnicas y reconocimiento institucional que promete cambiar el paisaje del transporte local.
Desde el Ejecutivo, el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz, destacó que la ley se enmarca en una política más amplia de impulso a las energías limpias.
“Uno de nuestros compromisos ha sido generar incentivos para acelerar la adopción de tecnologías más sustentables en materia automotriz. Esta ley nos permitirá, por primera vez, reconvertir vehículos a eléctricos bajo estándares técnicos claros, fiscalizados y seguros”, señaló, subrayando que el país adopta prácticas que ya se aplican a nivel internacional.
¿Qué requisitos se tendrán?
Pero más allá del debate legislativo, en los talleres del Biobío la atención está puesta en los requisitos que deberán cumplir quienes quieran dedicarse a este tipo de conversiones. El propio ministro explicó que la norma establece un proceso riguroso de acreditación ante el MTT.
De forma textual, indicó que “la ley exige que los talleres que estén interesados en hacer estas transformaciones se homologuen y se acrediten ante el Ministerio de Transportes. Se tienen que cumplir una serie de normativas asociadas que den tranquilidad y seguridad de que los procesos que ahí ocurran van a ser suficientemente seguros tanto para las personas que trabajan ahí, como para los usuarios de los futuros vehículos”.
En la práctica, esto se traduce en la necesidad de contar con equipamiento especializado, personal capacitado, certificación de los kits eléctricos que se utilicen y cumplimiento de normas internacionales de seguridad.
La autoridad también detalló que, una vez acreditados los talleres, deberán informar qué sistemas de transformación incorporarán y someter cada modelo reconvertido a un proceso de autorización individual.
Isidoro Valenzuela.
“Luego de esto, se empieza a autorizar modelo a modelo. Ya hemos avanzado mucho en el reglamento necesario para que la ley entre en operación, así que estamos muy optimistas de que el próximo año vamos a empezar a ver algunos de estos vehículos circulando por nuestro país”, agregó.
Realidad del Biobío en torno al proceso
En Concepción y especialmente en Chiguayante, este anuncio ha sido recibido con expectativa por quienes llevan años trabajando en la intersección entre la mecánica tradicional y la ingeniería eléctrica.
Uno de ellos es Gonzalo Antequena, fundador de Retrovolt, un emprendimiento local dedicado a la reconversión de vehículos a combustión en eléctricos. Su historia comenzó lejos de los laboratorios o los grandes proyectos industriales.
Según relata, su puerta de entrada fue la restauración de autos antiguos, un pasatiempo que con el tiempo se cruzó con su formación como ingeniero eléctrico y su interés por la electromovilidad.
“Yo partí restaurando autos clásicos, comprando uno, arreglándolo y metiéndome cada vez más en ese mundo. Después, con el auge de los autos eléctricos, empecé a pensar en reconvertir esos mismos vehículos”, cuenta.
En su relato, explica que los motores antiguos, aunque potentes y atractivos por su sonido y diseño, representan un alto consumo de combustible y un impacto ambiental que hoy resulta difícil de justificar. De ahí surgió la idea de darles una segunda vida a través de la electricidad.
El primer paso fue una motocicleta. Antequena recuerda que eligió ese formato por ser más simple y manejable para experimentar. La reconversión le permitió entender el funcionamiento de baterías, controladores y motores eléctricos en un entorno real.
“Buscamos una moto de tamaño mediano para que entraran todas las piezas y la reconvertimos. Logramos una autonomía de entre 40 y 50 kilómetros. Está pensada para trayectos urbanos, no para carretera, porque para viajes largos se necesitan más baterías, más peso y más costo”, explica.
Reviviendo una joya histórica
Ese aprendizaje hoy se refleja en un proyecto más ambicioso: un Ford Maverick de 1967 que está en proceso de convertirse completamente a sistema eléctrico en su taller del Biobío.
Para él, la aprobación de la ley representa algo más que una señal política. Es la posibilidad de que un trabajo que hasta ahora se movía en un terreno informal o experimental pueda insertarse en el mercado con respaldo legal.
“En Chile hay varias personas interesadas en esto, incluso comunidades que comparten experiencias. Hasta ahora no estaba permitido circular con estos autos porque las revisiones técnicas no estaban facultadas para autorizarlos. Existía el anhelo de que la normativa cambiara, y eso es lo que se está haciendo hoy”, señala.
La preocupación por la seguridad ha sido uno de los ejes centrales de la tramitación. Antequena coincide en que la reconversión no puede hacerse de manera improvisada.
En sus palabras, la clave está en asegurar que el vehículo transformado no represente un riesgo ni para quienes lo conducen ni para terceros, especialmente en situaciones de emergencia o accidentes. Esa mirada se alinea con el espíritu de la ley, que contempla sanciones severas para quienes realicen transformaciones sin autorización, incluyendo multas, revocación de permisos y retiro de circulación de los vehículos intervenidos de manera ilegal.
En términos económicos, la reconversión sigue siendo un desafío. Hoy, los costos estimados oscilan entre los cinco y seis millones de pesos, dependiendo del modelo y del kit utilizado.
Isidoro Valenzuela.
Para Antequena, una de las claves para masificar esta tecnología en regiones como el Biobío está en estandarizar procesos y trabajar con modelos de fabricación masiva. Su apuesta es desarrollar kits específicos para autos conocidos y con repuestos accesibles.
“La idea es tomar un vehículo popular, como un Toyota Yaris, y crear un kit de transformación en serie. Las transformaciones a medida son caras, pero si se logra estandarizar, los costos pueden bajar. En un futuro cercano se podrían tener eléctricos por alrededor de 10 millones de pesos, lo que es una diferencia importante frente a los valores actuales de los autos eléctricos nuevos”, proyecta.
Desde el punto de vista del usuario final, la reconversión también implica un cambio cultural. Antequena es claro en advertir que un auto eléctrico no ofrece las mismas prestaciones que uno a combustión, especialmente en términos de autonomía y tiempos de carga.
Mientras un vehículo a bencina puede recorrer cientos de kilómetros tras una carga de pocos minutos, un eléctrico doméstico puede requerir varias horas conectado a la red domiciliaria. “Yo lo cargo en el enchufe de la casa durante la noche y en la mañana está listo. Existe la posibilidad de cargar más rápido, pero eso implica cambiar la red eléctrica por equipos más potentes”, explica.
Sin embargo, también destaca el ahorro en el uso diario. Su experiencia con la motocicleta reconvertida, que utilizaba para desplazarse al trabajo en trayectos cortos, le permitió constatar que el costo por kilómetro recorrido es significativamente menor que el de un vehículo a combustible, con una diferencia cercana al 20%.