Retoman tramitación de tierras raras en Penco: municipio cuestiona decisión en medio de emergencia
03 de Febrero 2026 | Publicado por: Bruno Rozas Hinayado
Mientras la empresa destaca el uso de tecnologías pioneras para la electromovilidad, la casa edilicia prioriza la reconstrucción tras la destrucción del megaincendio.
Tras la pausa obligada que impuso la emergencia de los incendios forestales, que golpearon con fuerza a diversas comunas de la zona, el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) decidió retomar la normalidad en la tramitación de diversos proyectos de inversión.
Entre ellos, el que más atención concita en la zona costera es el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) del denominado “Proyecto de Desarrollo Minero de Extracción de Arcillas para Producción de Concentrado de Tierras Raras”, iniciativa que busca emplazarse en las comunas de Penco y Concepción.
La autoridad ambiental fue enfática en señalar que las condiciones que motivaron la pausa ya no impiden el flujo del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). “Se alzó la medida provisional que suspendió el proceso de evaluación, en el contexto de los incendios en la región. Dado lo anterior, actualmente la evaluación sigue su curso de manera normal”, informaron desde el organismo.
Con esta reactivación, el cronograma oficial vuelve a estar vigente, estableciendo que el 24 de abril es la fecha de término del proceso.
Prioridades en conflicto: La reconstrucción versus la minería
Pese a la resolución técnica del SEA, en la Municipalidad de Penco la lectura es de cautela. Para el alcalde, Rodrigo Vera, la reactivación del calendario administrativo no coincide necesariamente con la realidad que viven las familias afectadas por el fuego.
El edil fue tajante al separar lo que significa toda la tramitación estatal y las necesidades humanas urgentes de su comuna.
Al respecto, Vera manifestó que el municipio mantiene una postura que definió como “clara y única”, centrando la prioridad absoluta de su gestión en el proceso de reconstrucción.
El jefe comunal detalló que, en este instante, la totalidad de los equipos municipales se encuentran desplegados en las zonas siniestradas con el fin de garantizar que los afectados recuperen su vivienda a la brevedad.
“No pueden distraer recursos ni atención en otros temas mientras tengamos la urgencia de proteger a nuestros vecinos antes de que lleguen las lluvias”, sentenció la autoridad.
La preocupación edilicia radica en el factor tiempo. Con la cercanía del invierno, la presión por entregar soluciones habitacionales es máxima. En ese sentido, el alcalde reforzó que su objetivo es finalizar el levantamiento de hogares dañados, subrayando que este es el momento de la seguridad habitacional.
Para Vera, la seguridad y la dignidad de los habitantes de Penco están muy por encima de cualquier otro debate, insistiendo en que lo primordial es que las familias estén bajo un techo seguro antes de que comience el periodo de mal tiempo.
Tensión en los barrios: El agua y el bosque en la mira
Para los vecinos de Penco y Lirquén, el regreso a la “normalidad” de la evaluación ambiental no trae calma.
Luis Mardones, residente del centro de la ciudad, expresó sus dudas sobre la celeridad con la que se retoma el proceso tras la catástrofe de los incendios. Mardones señala que le preocupa que la evaluación avance sin considerar que la emergencia aún está latente.
Mardones puso el foco en el recurso hídrico, indicando que, a pesar de las promesas de recirculación de reactivos químicos, el volumen de 320 toneladas de arcilla por hora cerca de los cerros es una cifra que genera temor. Para el residente, la reactivación parece apresurada si no existe una garantía absoluta de que los efectos sobre el suelo sean reversibles.
En el sector de Lirquén, el foco está puesto en el patrimonio natural. Elena Alarcón, vecina del histórico Barrio Chino, enfatizó el valor del bosque como el “pulmón” de la zona.
Su mayor preocupación es el destino del naranjillo (Citronella mucronata), una especie endémica que se encuentra en estado vulnerable y que habita en las cercanías del área del proyecto.
Alarcón advirtió que si el SEA da luz verde a la iniciativa, la promesa de restauración con especies nativas debe ser fiscalizada de manera rigurosa, para evitar que las medidas de mitigación queden solo en el papel del informe ambiental.
Por otro lado, existen voces que ven en el proyecto una oportunidad económica, aunque condicionada. Jorge Iturra, vecino de la comuna, reconoció que la zona necesita inversión y empleos, valorando que el concentrado de tierras raras sea un insumo clave para la tecnología contra el cambio climático, como los vehículos eléctricos.
No obstante, Iturra no obvió los riesgos logísticos: “Que tengan que mover un oleoducto de ENAP para explotar la zona ‘Maite’ me genera dudas sobre la seguridad”, señaló, añadiendo que la participación ciudadana en este tramo final debe ser genuina y no un mero formalismo.
Detalles de una operación a gran escala
El proyecto de tierras raras no es una iniciativa menor. Se trata de una faena minera y una planta de procesamiento de arcillas iónicas que contempla una capacidad operativa de 320 toneladas por hora de arcilla húmeda. En términos de producción, se estima alcanzar aproximadamente 3 mil 100 toneladas anuales de concentrado, lo que se traduce en cerca de 1.700 toneladas secas anuales de este mineral estratégico.
El diseño del proyecto es ambicioso y complejo. Considera tres zonas de extracción denominadas “Victoria Norte”, “Luna” y “Maite”, además de una zona de disposición para lastre y arcillas ya procesadas bautizada como “Neptuno”.
La infraestructura se complementa con una zona de acopio de suelo vegetal, una línea eléctrica propia y caminos internos. Un punto técnico relevante es la necesidad de modificar un tramo de 1,22 kilómetros del oleoducto Hualpén–San Fernando, propiedad de ENAP, debido a que su trazado actual interfiere con la futura explotación en la zona de Maite.
Desde el punto de vista tecnológico, la planta operaría bajo un sistema de intercambio iónico. Según los descriptores del proyecto, este sistema permitiría recircular tanto el agua como el sulfato de amonio, el principal reactivo, acondicionando la arcilla extraída para que, una vez terminada la fase de explotación, las superficies puedan ser restauradas con especies nativas.
El valor científico del Naranjillo
La relevancia ecológica de la zona no es solo una percepción vecinal. El doctor Carlos Baeza, director del Departamento de Botánica de la Universidad de Concepción y presidente de la Sociedad de Botánica de Chile, explica que el naranjillo es un árbol que puede alcanzar los 10 metros de altura y es un sobreviviente de linajes milenarios.
“Es un árbol que no forma bosques puros y es acompañante de otras especies. Es un linaje viejo, está hace millones de años y cumple una función ecosistémica maravillosa”, explica el académico.
Baeza detalla que esta especie, también llamada huillipatagua, suele encontrarse en rincones húmedos y sombríos del bosque esclerófilo. Sin embargo, su situación es crítica: se encuentra fragmentado y bajo presión constante por la tala y la degradación de su hábitat.
El fruto del naranjillo es vital para la fauna local, lo que convierte cualquier intervención en su entorno en un tema de alta sensibilidad científica y ambiental.