Queule y economía verde: la especie en peligro que abre nuevos nichos productivos en el Biobío

17 de Enero 2026 | Publicado por: Bruno Rozas Hinayado
Fotografía: Cedida | Diario La Discusión

La posibilidad de integrar estos ejemplares en estrategias rentables no se base en su explotación directa, sino en su protección activa y en la valorización de su presencia en el territorio.

En la Región del Biobío, donde la discusión sobre crecimiento económico y sostenibilidad ambiental se ha vuelto cada vez más intensa, el queule comienza a posicionarse como un actor silencioso pero estratégico dentro de una economía local que busca diversificarse.

Este árbol endémico de Chile, de una historia evolutiva que se remonta a millones de años, hoy enfrenta una condición crítica de conservación. Sin embargo, lejos de quedar confinado al ámbito de la protección ambiental, su presencia empieza a articular nuevas oportunidades económicas vinculadas al emprendimiento, la innovación forestal y los servicios ecosistémicos.

La distribución fragmentada del queule en la zona costera del centro sur del país, con poblaciones que aún subsisten en el Biobío, lo conecta directamente con territorios que han experimentado por décadas una fuerte presión productiva.


La expansión histórica de monocultivos forestales, la transformación del paisaje y la fragmentación del hábitat han condicionado su sobrevivencia, pero al mismo tiempo han abierto un debate más amplio sobre el tipo de desarrollo que se busca para la región.

En ese contexto, el queule aparece como una especie que obliga a repensar la relación entre biodiversidad y economía, especialmente en comunas costeras donde hoy se exploran alternativas productivas de menor impacto.


Queule amenazado

De acuerdo a una presentación que recoge el Daem de Linares en el Maule hay un diagnóstico claro sobre las causas que han llevado a la especie a su actual estado de amenaza, identificando la presión antrópica y la pérdida de continuidad del bosque nativo como factores determinantes.


No obstante, el mismo texto plantea un giro relevante: la posibilidad de integrar al queule en estrategias productivas que no se basen en su explotación directa, sino en su protección activa y en la valorización de su presencia en el territorio.

El informe demuestra que este tiene una alta concentración de ejemplares en tres regiones del país: Maule, Ñuble y Biobío.


En esta última destaca la zona costera e interior con Talcahuano, Tomé, Hualpén, Penco, Hualqui y Los Álamos.

En la Región del Biobío, la industria forestal se ha convertido en un actor clave dentro de este proceso. Según se consigna en el documento técnico, algunas empresas del sector han iniciado programas de propagación y recuperación de material vegetal de estos ejemplares, incorporándose en planes de manejo y restauración de bosques.


Si bien se trata de experiencias aún incipientes, marcan un quiebre respecto de una lógica históricamente centrada en la producción intensiva. En su lugar, comienza a instalarse una silvicultura más diversa, donde la presencia de especies nativas amenazadas se transforma en un valor estratégico, tanto desde el punto de vista ambiental como económico.

A diferencia de otras especies forestales, el queule no se proyecta como una alternativa maderera ni como un recurso de explotación a gran escala.


La viverización especializada de plantas nativas, los servicios de restauración ecológica, los proyectos de compensación ambiental y la provisión de servicios ecosistémicos conforman un nicho que comienza a consolidarse, impulsado por exigencias regulatorias y por una mayor conciencia ambiental en el sector productivo. En una región con alta concentración de proyectos industriales, la necesidad de cumplir compromisos ambientales ha abierto una demanda concreta por especies emblemáticas como el queule.

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Emprendedores del Queule

Ese escenario ha sido aprovechado por emprendedores locales que han encontrado en la conservación una forma de generar ingresos sin poner en riesgo la especie.


Desde Santa Juana, la viverista y emprendedora ambiental María José Alarcón explicó que su trabajo se basa en una lógica de recuperación productiva del bosque nativo. Según detalló, su emprendimiento se dedica a la propagación de queule a partir de semillas recolectadas de manera controlada y con las autorizaciones correspondientes, principalmente desde poblaciones costeras del Biobío.

Estas plantas, afirmó, se destinan luego a proyectos de restauración ecológica y compensaciones ambientales impulsadas por empresas que deben cumplir exigencias normativas.


“Es un negocio, sí, pero uno que depende completamente de que el ecosistema funcione y se conserve”, sostuvo, subrayando que el valor económico está en producir plantas sanas, adaptadas al territorio y con capacidad real de sobrevivir una vez reintroducidas en el bosque.

En Lebu, el vínculo entre el queule y la economía adopta una dimensión distinta, más ligada al patrimonio y a las economías de pequeña escala.


Luis Cid Hernández, recolector y elaborador de productos artesanales, relató que su trabajo se centra en el fruto del queule, pero bajo un enfoque profundamente respetuoso del entorno.

Según explicó, la recolección se limita exclusivamente a frutos maduros que caen de forma natural, sin intervenir los árboles ni afectar su regeneración. Con esa materia prima elabora conservas y productos experimentales de carácter patrimonial, que comercializa en ferias locales y circuitos de turismo rural.


En sus palabras, el objetivo no es maximizar la producción, sino rescatar un conocimiento ancestral y demostrar que es posible generar valor económico sin destruir el bosque. “Para nosotros, cada árbol es más importante que el producto final”, afirmó, advirtiendo que sin ecosistema no existe actividad económica posible.

En Concepción, el ingeniero forestal y consultor Rodrigo Mella Fuentes ha orientado su emprendimiento a asesorar a empresas forestales e industriales que necesitan incorporar especies nativas en sus planes de manejo y compensación ambiental.


Aunque no comercializa productos derivados del queule, su trabajo se centra en el conocimiento técnico asociado a su conservación. Según explicó, el queule es una de las especies más complejas de manejar debido a su baja regeneración natural y a su condición de amenaza, pero precisamente por eso ha adquirido un alto valor estratégico.

Su labor abarca desde la identificación de individuos en terreno hasta el diseño de planes de protección, monitoreo y propagación. En la práctica, señaló, el queule se ha transformado en un activo ambiental que obliga a cambiar la forma de producir, generando una oportunidad económica basada en el conocimiento y la especialización.


El documento antes mencionado también advierte sobre las dificultades reproductivas de la especie, asociadas a la fragmentación de sus poblaciones y a la desaparición de antiguos dispersores de semillas.