Biobío y migración: cómo la mano de obra extranjera impulsa la productividad local
02 de Enero 2026 | Publicado por: Bruno Rozas Hinayado
Agricultura, comercio y servicios en la Región destacan por presencia extranjera.
La presencia de personas migrantes en el mercado laboral chileno no solo es un fenómeno consolidado a nivel nacional, sino también un componente creciente en la estructura productiva del Biobío.
Según la red de Observatorios Laborales del Sence, hoy 973 mil 450 migrantes trabajan en el país. Del total, un 55,1% son hombres y un 44,9% mujeres, cifras que dan cuenta de un flujo laboral diverso y en expansión.
A nivel país, se registran más de 74 mil personas migrantes con permanencia definitiva, de las cuales casi la mitad, 43,6%, corresponde a mujeres. Venezuela lidera el origen de quienes han obtenido este estatus, seguida por Haití y Colombia. Esta misma tendencia se replica en el Biobío, donde la comunidad venezolana se ha consolidado como una de las más numerosas, especialmente en Concepción, Talcahuano y Los Ángeles.
La distribución a nivel país por nacionalidad muestra una tendencia clara: el 44,3% de las personas migrantes ocupadas proviene de Venezuela. Le siguen Perú con un 17,8%, Colombia con 11,9%, Bolivia con 6,7% y Haití con 5,6%.
Desde 2018, las y los trabajadores venezolanos se convirtieron en el grupo predominante dentro de la fuerza laboral extranjera, desplazando al tradicional liderazgo de la comunidad peruana. A esto se suma un 13,8% correspondiente a otras nacionalidades que han encontrado espacio en distintos rubros.
Más allá de su origen, el perfil laboral del migrante en Chile presenta características bien definidas: edad promedio de 37 años, escolaridad de 13,6 años y una dedicación de 47 horas semanales en promedio. Es una fuerza de trabajo joven, activa y con altos niveles de participación, rasgos que distintas industrias regionales han aprendido a incorporar.
Sectores que los reciben
Los datos nacionales muestran que el comercio es el sector que cuenta con más migrantes, con más de 237 mil trabajadores, lo que equivale al 24,4% del total. Le siguen los servicios sociales y personales (20%), hoteles y restaurantes (11,3%), industria manufacturera (9,4%) y la construcción (8,5%). Estos patrones coinciden fuertemente con la realidad regional, donde la diversificación de la economía del Biobío permite la inserción de trabajadores en múltiples áreas.
Para José Martínez, integrante de la Asociación de Venezolanos en el Biobío, la contribución extranjera a la economía local es transversal. “Aquí en el sur de Chile muchos migrantes, venezolanos, haitianos, colombianos y otros, trabajamos en labores que impulsan la economía local”, señaló.
Explica que en el ámbito agrícola hay una presencia considerable en labores de cosecha, packing y cultivos; mientras que en la construcción muchos se desempeñan como maestros, ayudantes o técnicos.
También recalca su participación en el comercio, donde son parte activa de supermercados, tiendas y servicios de atención al cliente. “Nuestro aporte es constante y diverso, y demuestra que la migración también es trabajo, esfuerzo y ganas de salir adelante”, afirma, destacando que la presencia migrante está lejos de reducirse a oficios temporales o de baja calificación.
Raphael Sierra.
La agricultura es uno de los sectores donde esta incorporación laboral es más sensible. José Miguel Stegmeier, presidente de la Sociedad Agrícola de Biobío, subraya la importancia de la mano de obra extranjera para la continuidad del sector.
“Para la agricultura chilena, particularmente la fruticultura, es vital contar con fuerza de trabajo extranjera. Los volúmenes de fruta que produce nuestro país son imposibles de cosechar solo con fuerza de trabajo nacional”, advierte.
Asimismo, explica que se han impulsado protocolos con Bolivia para facilitar el ingreso temporal de trabajadores, aunque reconoce que aún hay desafíos pendientes en materia de visas y regulaciones. “Tenemos también una realidad interna de muchos migrantes que residen en Chile y trabajan en diversos sectores productivos y de servicios, que igualmente deben resolverse”, añade.
Stegmeier enfatiza que el debate sobre migración debe abordarse con precisión y sin mezclarlo con otros fenómenos sociales. A su juicio, comprender el rol económico de los migrantes requiere separar su aporte laboral de los problemas asociados a delincuencia o tensiones sociales, que muchas veces distorsionan el análisis público.
Realidad Migratoria
La seremi del Trabajo del Biobío, Sandra Quintana, explicó que la realidad migratoria regional presenta particularidades propias, con una población mayoritariamente joven, concentrada entre los 18 y 44 años, es decir, en plena edad productiva.
“Muchos migrantes cuentan con altos niveles educacionales, incluso con títulos universitarios, pero no siempre logran insertarse en empleos acordes a su formación”, precisó. La autoridad recalcó que las personas migrantes en Chile poseen los mismos derechos laborales que los ciudadanos nacionales y que su aporte resulta clave para el funcionamiento de sectores estratégicos como la agricultura, la construcción y el comercio, donde ayudan a cubrir déficits históricos de mano de obra.
Quintana detalló que, en rubros como la agricultura, la presencia migrante se vuelve fundamental ante el envejecimiento de la población rural y la migración de jóvenes hacia las ciudades, especialmente durante los periodos de cosecha.
Añadió que la visa Mercosur ha permitido una mayor regularización de trabajadores temporales, particularmente desde Bolivia, fortaleciendo la formalización en el sector frutícola. En el ámbito de la construcción, servicios y comercio, los migrantes también cumplen un rol relevante en proyectos de inversión y en áreas urbanas como el Gran Concepción.
No obstante, advirtió que persisten desafíos importantes vinculados a la regularización, la precariedad laboral y el desconocimiento de derechos, por lo que enfatizó la necesidad de avanzar en mecanismos que garanticen una inserción laboral ordenada, regular y en condiciones de trabajo decente, con pleno respeto a la legislación vigente.
Historias laborales desde la región
El impacto migrante en la economía regional se vive también en primera persona. Jerry López, colombiano residente hace seis años en Concepción, se mueve diariamente por las calles penquistas como conductor de plataformas digitales.
“Yo trabajo como conductor de Uber aquí en Concepción. Con los ingresos que recibo logro cubrir arriendo, alimentación y enviar un pequeño apoyo a mi familia”, comenta. Reconoce que la regularización de su residencia temporal ha sido clave para trabajar con tranquilidad.
“No es fácil, pero manejando todos los días, administrando bien el dinero y aprovechando los horarios de mayor demanda, se puede vivir dignamente y seguir avanzando”, resume.
En el comercio, la experiencia de Marisol Mamani, peruana con una década de vida en Concepción, refleja otra arista de la integración laboral. “Trabajo atendiendo público en una tienda comercial en pleno centro de Concepción. Me encargo de orientar a los clientes, ordenar productos y apoyar en caja”, relata.
Explica que consiguió el empleo gracias a sus documentos al día y a las referencias que trajo desde Perú. Para ella, la región ha significado estabilidad y oportunidad: “Ha sido un reto, pero también una puerta abierta para construir un futuro mejor”.