El sueño más vivo que nunca: Naval derrotó a Chimbarongo y clasificó a la liguilla para volver al profesionalismo
17 de Octubre 2026 | Publicado por: Maximiliano Koch
La figura del cotejo fue Matías Pino, que anotó un golazo al minuto 1 del segundo tiempo y asistió a Huerta para el segundo. Debutará en la post temporada contra Malleco como local.
Cualquier equipo de Primera División desearía una salida a la cancha como la que tuvo Naval de Talcahuano en el mítico Morro contra Chimbarongo. El humo blanco y azul teñía la comuna portuaria, era una auténtica final y el Ancla necesitaba ganar para meterse en la liguilla por el ascenso al profesionalismo. Su fanaticada tenía clarísimo que bajo ninguna circunstancia su equipo iba a jugar en silencio. Naval “hizo la pega” y derrotó a Chimbarongo por 2-0, resultado que le valió al cuadro chorero clasificarse a la post temporada.
Es que las últimas semanas habían sido de auténticos vaivenes futbolísticos. Cuando Naval enderezaba el rumbo se tropezaba solo. Cuando necesitaba quedarse con un triunfo, enredaba puntos. Sin embargo, los astros se terminaron de alinear para el popular elenco de Talcahuano. Se le dieron todos los resultados para que hoy, contra Chimbarongo, dependiese de sí mismo.
Ya en los días previos la esperanza se tomaba a los forofos navalinos. El cuadro chorero así lo sintió al salir a la cancha: jugó el partido que tenía que jugar y como tenía que jugarlo. Los de Ortiz estuvieron ordenados, sin descontrol, con un manejo claro de balón y con varias llegadas al pórtico visitante. Los hinchas en el Morro se llenaban de ilusión y, por qué no, aquellos que en sus casas estaban con la radio en la oreja o siguiendo de la forma que fuese el trascendental partido.
Sin embargo, el gol no llegaba. Lo que más necesitaba Naval no quería aparecer, por más que se buscase. La sensación era de que en cualquier momento, el dueño de casa se ponía en ventaja ante un Chimbarongo que no era capaz de imponer términos propios. Se fueron 0-0 al entretiempo.
Y prácticamente apenas sonó el silbato, se liberó todo. Matías Pino comenzó su tarde soñada cuando al minuto del segundo tiempo clavó en el ángulo un zapatazo inatajable. Y con eso, Naval se soltó completamente en la cancha.
El balón comenzó a fluir con mayor claridad y los acompañamientos ofensivos eran constantes. Los laterales se convertían en extremos y volantes en delanteros centrales. Pino seguía siendo el líder futbolístico de Naval, acompañándose en las figuras de Tomás Huerta y Boris Sandoval, que también estuvieron claros todo el partido.
Minutos más tarde se desató la locura. Una nueva jugada de Pino, ya consagrado como la figura del cotejo, terminó en un pase al medio localizado hacia Huerta, que solo la empujó al fondo del arco. El grito del Morro hizo retumbar todo Talcahuano, que veía como uno de los más tradicionales elencos del fútbol chileno, golpeado por el tiempo pero jamás olvidado, empujaba, como en toda su historia, en una odisea que prometía finales homéricos.
Los playoffs para el ascenso eran cuestión de tiempo, pero Naval seguía buscando. Ortiz entendió que varias veces este año el Ancla enredó puntos porque bajó las revoluciones cuando no debió haberlo hecho. El local era tremendamente superior y seguía jugando como si fuesen 0-0 y se tratase del primer minuto.
A 10 minutos de terminar el partido, el hincha ya se sentía en la post temporada. Haciendo honor al cielo tronador, la fanaticada navalina jamás dejó de cantar ni de saltar. Hace mucho tiempo que no les tocaba celebrar como les toca hoy.
El pitazo final solo era una formalidad. Naval ahora va por la liguilla por regresar al profesionalismo en la Segunda División de Chile, donde jugará en primer lugar contra Malleco de local. Y el hincha por fin tiene con qué creer.
Podrá ser el último paso antes de salir de la categoría amateur, pero esta noche, 17 de octubre de 2026, el hincha de Naval siente que clasificó al Mundial.