Valentín Muñoz: El niño inquieto que se convirtió en “Rayo”
18 de Mayo 2026 | Publicado por: Paulo Inostroza
Valentín Muñoz tiene solo 9 años, más de 40 podios en el cuerpo y asoma como uno de los corredores de proyección en el Biobío. Cursa cuarto año básico y ya está probando distancias más largas.
Se caracteriza por llegar de los primeros a la meta y siempre con una sonrisa. Valentín Muñoz tiene 9 años, cursa Cuarto Básico en el Instituto Humanidades y ya lo conocen como el “Rayo” cada vez que sale a la pista. Un niño inquieto que disfruta de la velocidad.
Es común verlo realizando su rutina en la pista del estadio Ester Roa. Ahí se toma una pausa y cuenta que “partí desde chiquitito y me gustó porque todo es de mucha velocidad. Las competencias son largas, se gasta harta energía. Al principio me ponía nervioso antes de salir a correr y hasta me daban ganas de vomitar, dan nervios, pero cuando uno ya está adentro se siente animado”.
De a poco notó que algo tenía, que era bueno corriendo. Valentín repasa que “al principio corría no más, pero en mi segundo club, el Cheuqueniatas, me di cuenta que igual era rápido, me tocaban competencias más en serio. Es emocionante cuando vas llegando, tienes alguien cerca y tienes que gastar toda tu energía para ir rematando”.
Y de entrada le fue bien. “La primera competencia que corrí salí primero y me entusiasmó porque es lindo ganar, aunque tampoco es todo. Hay que pasarlo bien, hacer amigos. También es lindo porque después mis papás me abrazan, me levantan. Mi papá me entrena en la semana y me gusta que esté ahí. Es mañoso de repente, pero me gusta. Está siempre”.
Le preguntan cómo se imagina en 5 o 6 años más y sus ojos brillan. Ríe y expresa que “nunca me he imaginado de grande, pero me gustaría ser campeón nacional de algo, defender a Chile. Mis papás me apoyan harto, a mi mamá (Natalia Meier) también les gusta el deporte”,
En tiempos de sedentarismo, cuenta que “a mí también me gusta el celular, la tele, pero se pueden combinar las dos cosas. Sí encuentro fome que los niños no hagan deporte. Hay que hacerlo para que cuando seas viejito puedas caminar bien, no hay que quedarse acostado todo el día viendo tele”.
Comienza a tomar vuelo y relata que “me ha tocado ir a Chillán y Los Ángeles. Gané en Collao, que fue bonito porque estaba lloviendo y el estadio es grande. Además, correr con lluvia es más refrescante, te quita el calor y da más energías”.
Partió con distancias cortas y ha ido subiendo. Valentín señala que “mi papá no me deja todavía correr más de 5 kilómetros, pero me gustan las corridas largas. Las cortas también, pero siempre hay que partir y mantener un ritmo y al final meterle con todo. No es poco 3 kilómetros, como que 2 ya se me hacen poquitos”.
Papá con cronómetro
Esteban Muñoz lleva la rutina que le manda su profesor desde Los Ángeles. Al pie de la pista, da instrucciones, alienta. Cuenta que “soy profesor de Educación Física y uno tiene cierta observación para detectar talentos. Me di cuenta que Valentín venía con estas condiciones motrices ya de fábrica. Partimos en el fútbol, pero no era lo suyo. Andaba detrás de la pelota, pero la tocaba poco. Andaba corriendo de arco a arco y nos dimos cuenta que no era su lugar”.
Agrega que “vimos que le gustaba correr, que no se cansa. Partimos en un club de forma muy formativa y luego pasó al Cheuqueniatas. De todos se aprende mucho, según cada etapa de su desarrollo. Ahora ya está en una donde requiere mayor exigencia y está con el profesor Raúl Guarda”.
De su proceso, detalla que “partió con carreras cortas de velocidad y el año pasado ya subió a 2,5 y 3 kilómetros. Todo muy progresivo. Ha corrido 5 kilómetros en entrenamiento, pero aún no en competencia porque hay que respetar sus procesos”.
Ganó los 300 metros de la Copa Colegio Padre Hurtado, los 400 del Torneo Asociación Atlética Biobío y fue segundo en los 3 kilómetros de la masiva corrida Milo (categoría 7-9 años).
Esteban precisa que “tiene más de 40 podios y medallas. Son 3 a 4 años entrenando y da el cien porque hay otros niños en la zona con muchas condiciones. Lo importante es aprender de salir primero, pero también ser segundo o tercero. Disfrutar el recorrido”.
¿Y cómo es fuera de la pista? “siempre ha sido muy inquieto. En la casa y en el colegio no puede estar sentado. Hemos tenido reuniones con sus profesoras porque hoy eso llama la atención, pero el atletismo le permite concentrarse y canalizar su energía. Eso lo notamos porque en un momento no sabíamos qué hacer. Estaba arriba de los sillones, de la mesa y como una hora tratando de que se durmiera”.
Y pasó de Valentín a “Rayo”. Su papá explica que “el Rayo nació en medio de las competencias cuando era chiquitito, es rapidito para todo y le gusta el apodo, lo encuentra divertido. Algunos ya lo reconocen por el apodo”.