Merello: único jugador de la zona que disputó dos finales de Libertadores

21 de Junio 2020 | Publicado por: Paulo Inostroza
Fotografía: Cobreloa.cl

El “Chueco” recuerda cómo jugaba el equipazo de Cantatore, su golazo a Flamengo, la dolorosa derrota ante Peñarol y por qué no estuvo en el Mundial del ‘82.

“No tengo ninguna duda de que, si jugábamos las finales en Calama, ganábamos esas dos Copas Libertadores para Chile”. Las palabras son de Víctor Merello, volante que brilló en los subcampeonatos de América de Cobreloa, el único jugador de la zona que estuvo dos veces jugando esa instancia continental.

El “Chueco” recuerda que “el ’81 éramos un equipo desconocido, la mayoría no había jugado nunca un torneo tan grande, el club se había formado hace no mucho. Fue una aventura y nos tocó con los más duros de América. Pasaba sólo uno por grupo y fuimos nosotros, contra los peruanos y la “U”. Las semifinales fueron con los uruguayos y ganamos en cancha de Peñarol y Nacional. Eso fue inédito. Llegamos a la final invictos y marcando muchos goles (25 tantos en 10 partidos)”.

Atrás estaban Tabilo, Soto, Escobar, Rojas, Wirth en el arco, Alarcón al medio con Merello y Jiménez, arriba Olivera con Siviero y Puebla. También, estaban Rubén Gómez y Óscar Muñoz. “Cantatore jugaba muy ofensivo. Era casi un 4-2-4, inventamos eso antes que muchos. Vicente es uno de los mejores entrenadores de este país, pero se le jugó chueco porque decían que no era chileno. En el fútbol hay mucha envidia. Era simple, los envidiosos decían que era suerte”.

La final fue con Flamengo. El coronelino repasa que “eran la base del Brasil del ’82, con Mozer, Adilio, Junior, Tite y Zico, que era la estrella. Era como Pelé para Santos. En el Maracaná nos dieron un baile los primeros 25 minutos, después desconté y perdimos estrechamente 2-1. En Santiago, les ganamos con el gol mío de tiro libre. Un gol que quedó para siempre. Fue lindo, pero, además, nos dio la posibilidad de un tercer partido. Ahí ellos fueron mejores”.

La final maldita

El ’82 volvieron a la carga. “Los rivales nos miraban con otros ojos, nosotros teníamos más confianza, íbamos por todo, habían llegado Letelier y Rubio. Vicente siempre nos transmitía el convencimiento. Y en casa éramos muy fuertes. No nos ganaba nadie. Pasamos la primera ronda -con los ecuatorianos- eliminando en el último partido a Colo Colo y a la final ganando a Olimpia (2-0). Éramos más maduros y en esos partidos importantes se notaba”, apunta.

Y vino el momento decisivo contra Peñarol. El ex volante comenta que “esa final fue más dolorosa porque empatamos sin goles en Uruguay, teníamos la ventaja. En Santiago atacamos mucho y el Gato Fernández fue la figura atajando. Ganó el equipo que llegó menos y Morena hace el gol cuando no quedaba nada. No pudimos reaccionar. De todas formas, es mérito de ellos. Hubo detalles que uno quisiera cambiar, pero el fútbol es justamente de detalles”.

Era el jugador del momento. ¿Por qué no fue al Mundial del ’82? El ‘profe’ cuenta que “por lo que entiendo, no le gustaba mucho a Lucho Santibáñez porque pensaba que yo era medio trotón. Lo mío era la técnica y así resolvía rápido. Chamaco y el Coto Sierra tampoco eran de correr mucho ese estilo. Santibáñez quiso ir con los mimos que clasificaron y quedé fuera. Después Lucho reconoció que se había equivocado conmigo, pero ya era tarde”.

Le han hecho reconocimientos en Cobreloa, donde es uno de los grandes ídolos y expresa que “cuando miro el estadio pienso: aquí debimos ser campeones. Por un tema de capacidad no pudimos jugar las finales ahí, pero piensa que en Calama le metimos tres a Sao Paulo, cuatro a Peñarol… Ahí no nos ganaban el título, pero así fue. Me quedo con el orgullo de haber jugado en esas instancias y llegar arriba con un gran grupo”.

El “Chueco” marcó 10 goles sumando esas dos Copas, cuando se jugaban muchos menos partidos. Todos los goles de Cobreloa en finales de Libertadores son suyos. Faltó poco para ser campeón, pero no para ser leyenda. Esa placa hace rato está puesta en sus vitrinas.