Paolo Bortolameolli: “Era un texto que sólo existía en mi cabeza, pero que finalmente escribí con el corazón”

02 de Febrero 2021 | Publicado por: Mauricio Maldonado
Fotografía: Cedida

Publicado a través de la editorial La Pollera, “Rubato. Procesos musicales y una playlist personal”el debut literario de uno de los directores de orquesta más destacados de su generación, se configura a modo general como una carta confesional de un padre a un hijo, amante de la música y del camino que lo condujeron a ella.

Era una idea que venía macerando desde hace un buen tiempo, pero que faltaba el empujón definitivo para aventurarse a aquello, lo cual se dio producto de la pandemia. El maestro Paolo Bortolameolli, invitado en diversas oportunidades por la Orquesta Sinfónica UdeC, lanzó hace unas pocas semanas su libro “Rubato. Procesos musicales y una playlist personal”, a través de la editorial santiaguina La Pollera.

Un texto cercano a las 400 páginas que, si bien “tiene música, es simplemente la carta de un papá a un hijo. Es decir, nace en forma de carta, que le escribí a mi hijo en un aeropuerto hace años. Ahí se me ocurrió responder a una hipotética pregunta de un futuro adolescente: ¿por qué tu papá hace lo que hace? ¿por qué está enamorado de la música?”, detalló el director.

Ese gatillante, de estar encerrados producto de las cuarentenas decretadas por la expansión de la Covid-19, brotó la necesidad de “expresar por otros lados la ausencia de música en los escenarios. De por fin materializar lo que sólo habitaba en mi mente, es decir, existía en mi cabeza, pero que finalmente el proceso para plasmarlo y llevarlo al plano físico, lo escribí con el corazón. De fortalecer mi relación con mi hijo, en un tiempo tan incierto para todos”, dijo Bortolameolli.

Más allá de sus motivaciones y orígenes de la idea del libro, el texto ahonda en la errónea asociación que se le da a la música clásica como un estilo de música conservador e inaccesible, “en el sentido de que te aleja, no de otras músicas sino de tu audiencia. Como que te pone una barrera, se alimenta un poco de los prejuicios al comportamiento como en el teatro, por ejemplo, el cómo debo ir vestido, qué tengo que decir, cuánto tengo que saber.

Como si el arte te estuviera pidiendo que cambiaras, siendo que es lo más alejado de eso”, señala el también músico.

Utiliza una playlist -que en la primera página del libro se encuentra un código que llevará a la lista personal en Spotify- de obras que lo marcaron, y que de alguna forma explica que le han servido para entender y apreciar la música como singular prisma de la realidad.

“Doy mi punto de vista, y hago un recorrido como de audición dirigida como digo, pero siempre tratando de mantener la objetividad en las conclusiones de decir ‘al final de cuentas lo único que importa es que la música sea música’. O sea, escucha y déjate llevar por los sonidos y no por toda la información extra que hay. Puede que te ayude, pero no es ello lo que te acerque a ella sino más bien el fenómeno artístico”, añadió el director.

Catarsis narrativa

El libro igual funciona a modo de recorrido por la historia y el arte de manera no cronológica. En detalle, cada capítulo trata distintas temáticas, entre ellas, el descubrimiento de inquietudes artísticas, el “llamado” de un músico y las etapas de su formación, los procesos de trabajo, estudio y composición musical.

También Bortolameolli analiza piezas artísticas influyentes: sinfonías, cuadros, poemas, entre otras. Y, además, direcciona el carácter subjetivo de la apreciación artística, o sea, por qué nos emociona algo en particular.

“Está tan presente el arte en nuestras vidas desde que nacemos y surge la pregunta ¿por qué después te lo quitan? Como que la educación después se fuera por otro camino, cuando al final de cuentas el arte es una de las formas más naturales del ser humano donde sea”, señaló la batuta.

Si bien el proceso de escritura hasta su publicación -de mayo a diciembre del año pasado- fue ciertamente frenético, le sirvió como una especie de terapia que le gustaría volver a repetir. “Me gustó mucho el proceso, lo encontré muy entretenido, rico en el sentido de pulir ideas que estaban dando vueltas hace muchos años y como que no las había bajado. Y ahora le he encontrado la razón para hacerlo. De alguna forma este impulso narrativo, de estar escribiéndole a mi hijo, me permitió expresarme ampliamente en muchos temas, de una forma muy personal. Al final se transformó en una especie de catarsis, sobre todo en tiempos como los que estamos atravesando. Sí volvería a escribir otro libro, no sé en qué momento ni tampoco de qué, pero haber vivido esta experiencia, con todos sus resultados, esperados e inesperado, me dejaron con un muy buen sabor”, manifestó el maestro.

Sobre el particular nombre de la publicación, Bortolameolli explicó que “Rubato viene del italiano ‘rubare’ que significa robar y en el arte de la interpretación, tiene relación con robarle tiempo a la música, haciendo más lento el paso de una idea y así enfatizarla por un breve instante. Una vez terminada esa idea, debemos devolverle al tiempo aquello que le hemos quitado”.