Lo nuevo de Pixar: Los Increíbles 2… y un corto igual de increíble

30 de Junio 2018 | Publicado por: Esteban Andaur
Fotografía: Contexto

Esta segunda parte del clásico de una familia de superhéroes es tan genial como su antecesora, y el corto que la precede es realmente algo maravilloso.

Bao

Bao es una mujer china canadiense de mediana edad, experta en cocinar los dumplings típicos de su país. Un día, mientras se echa una de estos bolas de masa rellenas, ésta cobra vida, súbitamente, y vemos cómo Bao se convierte en madre de ese dumpling. Pero ¿estamos viendo la realidad o está todo pasando dentro de la cabeza del personaje?

Bao (2018) es el corto de Pixar más conmovedor que he visto en mucho tiempo. El tema central es el nido vacío al que se enfrenta una madre, y cuánto le aterra cambiar de vida a una edad avanzada. También a esto se suma el hecho de que ya no podrá supervisar el comportamiento de su hijo, y constatar que nada malo le pase.

Entonces el relato emerge del subconsciente, de lo irracional, en una serie de viñetas metafóricas, que expresan la herencia cultural que se traspasa de padres a hijos, y que dan cuenta de las experiencias cotidianas y universales de la parentalidad. Cuando Bao intenta comerse al dumpling, ¿está intentando devolver a un hijo a su vientre para que no se vaya nunca?

Son estas ideas tiernas y melancólicas lo que hacen que Bao se destaque de los otros cortos recientes de Pixar, además de su implícita inclusión étnica, que no es panfletaria, y de la austeridad en sus diseños, formas y paleta de colores, haciéndola una pieza más afín a un cortometraje de un estudio independiente en vez de uno de Pixar. El filme es tan bueno y emotivo, que temí que el largometraje que seguía no estuviera a su nivel de calidad.

Los Increíbles 2

La secuela de Los Increíbles (2004) del director y guionista Brad Bird ha sido tan esperada por fans… Espera, ¿ha sido tan esperada? Después de catorce años, uno pensaría que las esperanzas ya habían sido desechadas. Hasta que la segunda parte fue confirmada hace algunos años y ahora Los Increíbles 2 (2018) llega un poco demasiado tarde. Y para una historia en la que los personajes no lucen un día más viejos, es algo dudoso: uno está más consciente del paso del tiempo de lo que quizá debería. En Buscando a Dory (2016) no era el caso, ya que los protagonistas eran peces, y aquí tenemos personajes humanos (o superhumanos), y sabemos muy bien cómo envejecemos.

Los superhéroes, o los Súper, como les llaman en el filme, son de nuevo ilegales, pero los únicos que se resisten a las normas del gobierno e insisten en salvar el día combatiendo a supervillanos, son los Increíbles/la familia Parr: Bob/Mr. Increíble y Helen/Elastigirl, y sus hijos, la adolescente Violet, el intrépido Dash y el bebé Jack-Jack. Sin embargo, una extraña organización que pretende revocar la legislación anti-Súper contrata a Elastigirl, y no al resto de su familia, para enfrentar a un nuevo villano enmascarado que aterroriza a la ciudad con sesiones de hipnosis transmitidas por televisión.

El heroísmo en Los Increíbles 2 es un negocio, y con esto se agudiza la crítica de la película de 2004 a la conformidad de la vida en la ciudad, y la monotonía y condescendencia de la vida estadounidense. Elastigirl aún está en busca de la pureza de su trabajo y que ésta se mantenga, pero encuentra enemigos donde menos lo espera, y casi a regañadientes asume su nuevo rol de proveedora, dejando a su marido en casa, quien era el más entusiasta en usar sus superpoderes en familia.

El hecho de que la madre sea quien salga del hogar a trabajar y ser la proveedora del hogar, es algo novedoso para la película y, en realidad, para cualquier película estrenada ahora. Podría decirse que esta secuela atiende a la actual ola de feminismo, y aunque la historia es del todo contemporánea, nunca se siente panfletaria, ya que los cambios por los que atraviesan los personajes son muy personales, y es que los Increíbles son creaciones únicas tanto en su individualidad como en familia, y es improbable que caigan en clichés, a lo más en una sátira sutil de éstos.

Mientras Elastigirl descubre una nueva confianza en sus habilidades salvando a la ciudad por su cuenta, Mr. Increíble descubre lo que cuesta ser dueño de casa y su valor como padre, sobre todo cuando tiene que criar a tres hijos en etapas fundamentales respectivas: Violet empieza a interesarse en los chicos, Dash adquiere conocimientos más complejos en ciencias y matemáticas, y Jack-Jack tiene un problema de trastorno de superpoderes, porque tiene superpoderes, los cuales asumimos en la primera película eran inexistentes en el bebé. Hay una escena particular con un mapache que es desternillante, es inventiva en el humor y en la acción, pues Jack-Jack despliega todo su potencial de superhéroe, dejándonos boquiabiertos con su aparente infinitud de destrezas y porque, como es un lactante, es inconsciente de su propio poder.

Me imagino que el tratamiento de Jack-Jack es como una metáfora a lo que es ser bebé, o lo que significa estar al cuidado de uno. Son incontrolables, agotadores e hilarantes.

Frozono, el mejor amigo del matrimonio Parr, hace una aparición que se torna muy útil en los enfrentamientos finales (porque, bueno, tiene que haber un villano al cual combatir), y a la inolvidable Edna Moda no le dan el tiempo en pantalla que merece un personaje que se ha convertido en, tal vez, el favorito de los fans de la cinta original junto a Elastigirl.

La animación es tan colorida y funcional que sentí que el visionado era como ver un cómic en movimiento. El diseño de sonido nos envuelve en su ingenio técnico. La influencia del art déco es palmaria en los diseños, en el uso de sombras y en algunos ángulos de la fotografía. Considerando que Bird se inspiró en cómics y el cine de espionaje de la Guerra Fría para estas películas, la lujosa casa a la que los Parr se mudan, es como la versión refaccionada y provista de tecnología de la casa junto al Monte Rushmore vista al final de Intriga internacional (1959).

El carácter clásico de Los Increíbles 2, al igual que el de su antecesora, estriba, mayoritariamente, en la negación de un período específico. En su lugar, lo que tenemos es un universo idiosincrásico, atemporal, identificable en la geografía imaginaria de Bird, compuesto por intereses estéticos, narrativos y sonoros propios del director. El filme funciona tan bien como el primero, reutilizando y actualizando los temas, y en varios otros aspectos de forma superior. La secuela no era necesaria, pero ya que está aquí, nos presenta una aventura cautivadora e deleitosa, y que observa la vida familiar y la rutina urbana al mismo tiempo que las cuestiona.

Estamos tan saturados de secuelas, precuelas, películas intersticiales, nuevas trilogías, universos extendidos, que tener una nueva película de Los Increíbles no sería para nada extraño. Ojalá que lo hagan un spin-off de Edna Moda, sería original, ella se lo merece y nosotros lo necesitamos.