El Niño y el cambio climático recortan jornadas laborales y encienden las alarmas en la pesca artesanal

06 de Noviembre 2026 | Publicado por: Montserrat Serra Cárdenas
Fotografía: Carolina Echagüe M.

Dirigentes del sector señalaron que han reforzado las medidas de resguardo de sus embarcaciones y la coordinación con la autoridad marítima. Sin embargo, alertaron sobre los daños que afectan a las caletas frente a fenómenos como las trombas marinas.

Por Montserrat Serra Cárdenas y Rocío González Bustos.

El fortalecimiento de las medidas de seguridad y el monitoreo de las condiciones meteorológicas forman parte de las acciones que han incorporado los pescadores artesanales de la Región del Biobío para enfrentar eventos climáticos extremos.

En este escenario, la llegada del fenómeno de El Niño, sumada a los efectos del cambio climático, mantiene la atención sobre las condiciones meteorológicas y oceanográficas del litoral.



Las marejadas, los fuertes vientos y otros eventos extremos, como alertas de trombas, representan riesgos para las embarcaciones y la infraestructura de las caletas, lo que hace necesario fortalecer las medidas de prevención y establecer protocolos de resguardo ante posibles emergencias.

No obstante, dirigentes del sector advierten que persisten brechas en infraestructura portuaria y preparación ante contingencias.


Brechas en infraestructura y respuesta del sector

Desde la Federación Regional de Pescadores Artesanales de la Región del Biobío (Ferepa Biobío), su presidente, Cristián Arancibia, señaló que las condiciones del tiempo han limitado las jornadas de trabajo y obligado a tomar mayores precauciones durante las operaciones pesqueras.


En esa línea, recordó los efectos de las marejadas registradas durante los últimos meses, que provocaron daños en embarcaciones y equipamiento de distintas caletas.

La situación incluso motivó la implementación de un programa especial de reactivación económica por parte del Instituto Nacional de Desarrollo Sustentable de la Pesca Artesanal y de la Acuicultura de Pequeña Escala (Indespa), destinado a apoyar a los afectados.


“Han sido meses difíciles. Ha limitado la operación pesquera, sin duda, por las inclemencias climáticas. Cada vez han sido menos días de oportunidad de trabajo”, sostuvo.

El dirigente agregó que actualmente existe una mayor conciencia respecto de los riesgos asociados a las condiciones del mar y que los pescadores utilizan herramientas tecnológicas para monitorear el tiempo y programar sus actividades con anticipación.


Asimismo, destacó la comunicación con la Autoridad Marítima, que entrega información sobre las condiciones del mar y las medidas de resguardo mediante las capitanías de puerto y los alcaldes de mar.

Sin embargo, Arancibia advirtió que esta preparación no se ha visto acompañada por un fortalecimiento equivalente de la infraestructura disponible en las caletas.


“Hoy, en materia de infraestructura, estamos muy al debe, sobre todo en la Región del Biobío, en la capacidad y disponibilidad de infraestructura portuaria que sea capaz de resistir eventos como los que están ocurriendo”, afirmó.

En ese sentido, mencionó los daños que pueden provocar las marejadas en muros de contención, muelles y sectores destinados al resguardo de embarcaciones, además de los efectos de los socavones sobre las instalaciones.


Urgencia de protocolos ante eventos extremos en Coliumo

Desde la caleta Coliumo, en la comuna de Tomé, la presidenta y fundadora del Sindicato de Trabajadoras y Pescadoras Artesanales, Sara Garrido, planteó que uno de los principales desafíos está relacionado con la educación preventiva y la preparación de las comunidades costeras frente a fenómenos meteorológicos extremos.


La dirigente explicó que, si bien la caleta cuenta con una condición geográfica favorable por su ubicación en una bahía protegida por tres morros, existe preocupación por los efectos que pueden generar los temporales, los fuertes vientos y las trombas marinas.

En particular, advirtió que no cuentan con protocolos ni instancias de capacitación específicas para enfrentar este tipo de emergencias.


“No existen protocolos ante trombas marinas o tornados, porque no tenemos esa educación. Solamente ha habido, con suerte, una educación en caso de tsunami, pero en caso de estos fenómenos no ha habido ningún tipo de educación ni por parte del municipio ni por parte de Senapred”, señaló.

Garrido agregó que, ante los últimos eventos meteorológicos, las medidas de protección han dependido principalmente de la experiencia de los propios pescadores y de sus conocimientos sobre las condiciones de la costa.


“Los pescadores artesanales tienen conocimientos empíricos sobre el mar y el clima, y eso ha ayudado mucho. Si viene un viento norte, si viene un frente, si viene del este o del oeste, saben para qué lado van las amarras. Tiene mucho que ver con la experiencia del pescador artesanal de cómo conoce su costa”.

Por ello, sostuvo que se requiere avanzar en medidas de adaptación que permitan preparar a las comunidades pesqueras frente a condiciones climáticas que pueden afectar tanto su seguridad como el desarrollo de sus actividades productivas.


Resguardo local en Talcahuano y Lebu

En Talcahuano, Luis Solar, dirigente de la caleta El Morro, explicó que mantienen comunicación con la Autoridad Marítima para conocer las alertas meteorológicas y las condiciones que permiten o restringen las operaciones en el mar.


Foto: Diario Concepción.

Según detalló, ante la presencia de trombas marinas, la principal medida de resguardo consiste en alejarse de la zona de riesgo, mientras que frente a vientos fuertes los pescadores aseguran sus embarcaciones y permanecen en lugares protegidos.


“Cuando hay viento fuerte todo se amarra y andamos resguardados, aunque cuando hay temporal no podemos salir porque la Capitanía cierra el puerto y nos avisan si podemos zarpar o no”, indicó.

Una situación similar describió Saúl Lagos, dirigente de los pescadores artesanales de Lebu, quien recordó los episodios de fuertes vientos registrados en la zona, con velocidades que alcanzaron los 160 kilómetros por hora.


Frente a esas condiciones, explicó que los trabajadores adoptan medidas para evitar daños en las embarcaciones, principalmente reforzando sus amarras y retirando elementos que puedan ser desplazados por el viento.

“Bajamos a los muelles, al río y al puerto. Amarramos bien nuestras embarcaciones y sacamos todo lo que pueda ser llevado por el viento”, relató.