“Mi señora prende una velita”: la cadena humana que permite a un corazón seguir latiendo
07 de Septiembre 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Detrás de cada trasplante hay un engranaje donde la tragedia de una despedida se transforma en la esperanza de un nuevo comienzo. Un relato íntimo sobre la urgencia, el sacrificio familiar y el profundo sentido humano que mueve al equipo del Hospital Regional de Concepción.
Un mensaje por redes sociales o una llamada telefónica activa una cadena virtuosa que salva vidas. El tiempo apremia, por lo tanto, todo lo que se hace a contar de esa alerta es clave.
Así comienza para el médico jefe del Centro Cardiovascular del Hospital Regional de Concepción, Aleck Stockins, el procuramiento del trasplante de corazón, un procedimiento en que todo segundo importa.
“Puedo decir que mi señora reza cada vez que me subo a un avión, prende una velita”, mencionó el especialista, destacando que estar a cargo de trasplantes implica mucho a nivel personal.
Como ejemplo, detalló: “Tienes una actividad un día sábado en la tarde y llega un mensaje por WhatsApp diciendo que hay un donante, y empieza una cadena de cosas que duran muchísimo tiempo desde que se da la alerta”.
Son entre seis y siete horas las que pasan desde que se sabe que hay un potencial donante en algún lugar hasta que esto efectivamente se hace realidad, explicó. En ese proceso se evalúa si hay otro potencial receptor o si realmente se puede recibir el corazón o no.
“Es harta dedicación y hace que la familia, creo, tome esto como una cuestión personal. Pienso que ellos deben participar de esto. Si no lo sienten como un orgullo o satisfacción propia, si no dicen ‘mi papá o mi marido está ayudando en esto’, no sé hasta dónde realmente es sobrellevable”, estableció, asegurando que “por suerte, en mi casa es así”.
El tiempo es primordial
Así, el trabajo de procuración y trasplante de órganos —en especial el cardíaco, para el cual el Hospital Guillermo Grant Benavente recibió recientemente maquinaria especial que permite mantenerlo mucho más tiempo fuera del organismo— es una tarea que implica, para los especialistas a cargo, enfrentar la urgencia de salir en cualquier momento de su hogar, incluso en la madrugada, a trabajar con la esperanza de dar a una persona enferma una segunda oportunidad de vida.
En dicho escenario, Aleck Stockins manifestó que siente orgullo por el desarrollo del equipo y por haber posicionado a su establecimiento en el mapa nacional del trasplante.
Ante la pregunta sobre qué siente cuando debe trasladar un órgano para ser trasplantado, Stockins queda unos segundos en silencio. Confidenció que le toca presenciar toda la dimensión de los sentimientos humanos. Reconoció el desgaste personal y familiar de mantenerse permanentemente disponible para cada donación, por lo que considera fundamental que la familia de cada miembro del equipo participe y comparta el sentido de satisfacción de esta labor.
En medio del desarrollo del trasplante de corazón, el médico comentó que viven dos momentos que son definitivos en las vidas de otras personas. Por una parte, la tragedia, cuando llega donde hay un fallecido y está su familia: “Me ha tocado ver procesiones que acompañan a su deudo al pabellón para que nosotros podamos procurar su órgano”, detalló.
Pero cuando regresa a Concepción, el escenario es de optimismo. “Vemos la otra parte del trasplante, que es la felicidad y la esperanza de la familia del receptor del órgano, de una segunda oportunidad”, dijo.
En todos los procedimientos, para Stockins está presente la satisfacción personal y profesional: “Decir hasta dónde hemos llegado. Cuando comenzamos el Programa de Trasplante y Cirugía Cardíaca no nos imaginamos que íbamos a llegar tan lejos”, aseguró.
En lo personal, el cardiólogo manifestó que primero duda si a sus 54 años debiera seguir al ritmo de levantarse sin importar la hora y subir a un avión camino a un lugar alejado. “Me pregunto: ¿qué estoy haciendo aquí? La verdad es que no sé si todavía debería andar arriba de aviones a esas distancias y volviendo”, comentó.