Llaman a planificar la expansión urbana tras propuesta de fomentar las viviendas con patio

24 de Agosto 2026 | Publicado por: Bruno Rozas Hinayado
Fotografía: Isidoro Valenzuela M.

Advierten que el suelo disponible marcará el futuro de la idea ministerial en el Biobío.

Para Valentina Muñoz, vivir en una casa con patio en Talcahuano significa que sus hijos pueden jugar sin salir del hogar y que su perro tiene espacio para correr.

Sin embargo, también implica que cada fin de semana aparezcan nuevas tareas: cortar el pasto, barrer hojas o mantener el jardín.

“Lo mejor de tener patio es que siempre hay espacio para salir un rato sin tener que ir a otro lugar. Si mis hijos quieren jugar o mi perro correr, lo pueden hacer ahí mismo. Lo malo es que el mantenimiento nunca termina”, cuenta.


Rodrigo Cárdenas, vecino del sector Lomas de San Sebastián en Concepción, también valora la privacidad que ofrece una casa. Disfruta poder hacer un asado o plantar árboles sin depender de una administración común, aunque reconoce que esa independencia tiene costos.

“Con el tiempo uno valora mucho la privacidad y el espacio que da una casa. Podemos hacer un asado o plantar árboles sin depender de nadie”, afirma, aunque admite que las reparaciones y el mantenimiento representan un gasto permanente.


La realidad es distinta para Camila Herrera, quien vive en un departamento en el centro penquista. Para ella, la principal ventaja está en la cercanía con el trabajo y los servicios cotidianos.

“Vivir en departamento me facilita mucho el día a día porque estoy cerca del trabajo y no tengo que preocuparme por mantener un patio o una casa grande”, señala. Sin embargo, reconoce que el espacio reducido y el ruido de otros vecinos son parte de las desventajas que enfrenta diariamente.


Las tres experiencias reflejan el debate que comenzó a instalarse tras la propuesta del ministro de Vivienda y Urbanismo, Iván Poduje, de ampliar la construcción de viviendas sociales con patio, una iniciativa que abre preguntas sobre cómo debería crecer el Gran Concepción en los próximos años.

El suelo disponible marca la diferencia


En Biobío, la discusión trasciende la preferencia entre una casa o un departamento. La principal interrogante es si existen terrenos suficientes para desarrollar proyectos de baja densidad sin empujar a las familias hacia zonas cada vez más alejadas de sus trabajos, colegios o centros de salud.

Desde la Cámara Chilena de la Construcción (CChC) Concepción, el presidente del Comité de Vivienda, Bastián Jara, considera que ampliar las alternativas habitacionales puede beneficiar a muchas familias, pero insiste en que la factibilidad depende de las características de cada comuna y, especialmente, de la disponibilidad de suelo.


El dirigente recuerda que el Visor de Suelo con Potencial Habitacional, elaborado junto a la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), detectó una importante restricción de terrenos en el área metropolitana.

“De las comunas analizadas, actualmente solo San Pedro de la Paz y Coronel presentan una disponibilidad de suelo capaz de responder de mejor manera a sus necesidades habitacionales futuras”, explicó.


El escenario adquiere mayor relevancia si se considera que la Región del Biobío enfrenta más de 82 mil requerimientos habitacionales, cifra que incorpora distintas expresiones del déficit de vivienda.

Según Jara, privilegiar exclusivamente la construcción de casas podría incrementar significativamente la demanda de terrenos urbanos.


“Si no existe una adecuada planificación, se terminará desplazando a las familias hacia sectores cada vez más alejados de los centros urbanos, de los lugares de trabajo, de los servicios y del equipamiento”, advirtió.

A su juicio, el desafío no consiste en optar por una única tipología de vivienda, sino en construir una oferta diversa que responda a las características de cada territorio.


Donde exista suelo bien conectado y con infraestructura disponible, las casas con patio pueden transformarse en una alternativa viable; en zonas consolidadas, en cambio, los edificios de interés social cumplen un rol clave para mantener a las familias cerca de las oportunidades urbanas.

El representante gremial añade que los cambios demográficos también obligan a repensar la política habitacional, considerando el crecimiento de hogares unipersonales y familias de menor tamaño que podrían encontrar mejores condiciones de vida en departamentos bien ubicados.


Departamentos sociales / Foto: Carolina Echagüe M.

Crecer sin repetir errores urbanos


La académica de Geografía de la Universidad de Concepción y doctora en Estudios Urbanos, Xenia Fuster Farfán, coincide en que la propuesta es técnicamente posible.

“Siempre es viable. Normativamente es posible, mientras los instrumentos de planificación territorial lo permitan”, sostuvo.


Sin embargo, advierte que construir viviendas de baja densidad implica costos urbanos que suelen pasar inadvertidos cuando se inicia la expansión de una ciudad.

Explica que cada nuevo barrio requiere vialidades, colegios, centros de salud, transporte público, comercio y espacios recreativos, infraestructura que históricamente no siempre ha acompañado el crecimiento residencial al mismo ritmo.


Para la especialista, el desafío consiste en que la planificación urbana avance antes que la construcción, evitando repetir experiencias donde las familias llegan primero y los servicios aparecen años después.