Tres emergencias en siete meses: por qué Lirquén no ha logrado contener sus vulnerabilidades
05 de Agosto 2026 | Publicado por: Hugo Ramos Lagos
Especialista atribuye la limitada capacidad del territorio para enfrentar desastres a condiciones históricas, agravadas tras el megaincendio y aún en proceso de reconstrucción.
En enero fueron los incendios forestales. Seis meses después, las marejadas golpearon con fuerza el borde costero de Cerro Verde. Apenas dos semanas más tarde, dos sistemas frontales consecutivos volvieron a dejar remociones en masa, desbordes de esteros, viviendas inundadas y problemas de conectividad en sectores como Antonio Varas, Barrio Chino y la Ruta 150.
Pero las consecuencias no solo se reflejaron en la infraestructura. En Barrio Chino, familias que semanas antes habían repuesto parte de sus pertenencias tras las inundaciones de julio volvieron a perder enseres luego del nuevo desborde del estero Lirquén.
Dominique Fernández fue una de ellas. “La vez pasada me inundé, compré nuevamente mis cosas y ayer las perdí otra vez. Perdí la cocina, el refrigerador, la lavadora y las camas”, contó, reflejando cómo la recuperación de la emergencia anterior quedó interrumpida por un nuevo episodio.
En paralelo, la difícil recuperación por la reiteración de episodios catastróficos ya había sido constatada por el propio Presidente José Antonio Kast durante una visita a Lirquén tras las marejadas de julio, sosteniendo aquella vez que todavía había familias que resentían las consecuencias de los incendios cuando enfrentaban la emergencia climática.
Más allá de eso, la sucesión de emergencias instaló una pregunta que trasciende la contingencia: ¿por qué un mismo territorio ha concentrado desastres tan distintos en un período tan breve? Y, más importante aún, ¿por qué incendios, marejadas y lluvias intensas terminaron provocando impactos tan severos sobre la comunidad?
Vista aérea de Lirquén / Foto: Lizardo Martínez.
Vulnerabilidad del terreno
Para responder esas interrogantes, Diario Concepción tomó contacto con Sergio Baeriswyl, arquitecto, académico de la Universidad del Bío-Bío (UBB) y coordinador técnico del Plan Maestro de Mitigación Urbana (PMMU), instrumento desarrollado tras el megaincendio de enero que diagnosticó las principales vulnerabilidades territoriales de Penco, Tomé y Concepción y definió una cartera de intervenciones para reducir el riesgo frente a futuras emergencias.
El urbanista sostiene que la explicación no radica únicamente en la magnitud de los fenómenos meteorológicos, sino en la interacción entre vulnerabilidades históricas del territorio y una condición que se agravó tras el incendio forestal.
“La vulnerabilidad aumentó producto de la situación post incendio. Hay un escenario con incendio y un escenario sin incendio. Después del siniestro sus indicadores de vulnerabilidad aumentaron por muchísimas razones”, explicó.
Uno de los principales cambios ocurrió en el comportamiento del suelo. El fuego eliminó gran parte de la cobertura vegetal y deterioró sus propiedades, reduciendo la capacidad de infiltrar el agua lluvia. Como consecuencia, una mayor cantidad de precipitaciones escurre superficialmente por las laderas, acelera procesos de erosión y concentra los caudales en quebradas y esteros que finalmente desembocan en la ciudad.
“Los suelos quedaron muy empobrecidos producto del incendio y eso tiene implicancias importantes en las limitaciones que hay para que las precipitaciones puedan ser absorbidas. Por tanto, aumenta la escorrentía, la erosión y la concentración de los flujos de agua en el sistema de cuencas”, sostuvo.
A ello se suma que parte de la reconstrucción continúa en desarrollo. Existen viviendas de emergencia y numerosas obras de mitigación proyectadas tras el incendio que aún no se ejecutan, condiciones que, a juicio del especialista, amplificaron los efectos de los últimos temporales.
Dificultades históricas
Sin embargo, atribuir la explicación únicamente al incendio sería incompleto. Baeriswyl sostiene que Penco y Lirquén presentan condiciones geográficas que históricamente las han convertido en uno de los territorios más complejos para el desarrollo urbano de la región.
Acerca de aquello, recordó que la antigua ciudad de Concepción fue trasladada desde lo que hoy es Penco tras sucesivos terremotos y tsunamis ocurridos entre los siglos XVI y XVIII, precisamente porque el emplazamiento presentaba elevados niveles de exposición frente a este tipo de amenazas.
A esa condición costera se suma una topografía marcada por cerros de fuerte pendiente, una extensa interfaz urbano-forestal y una red de pequeñas cuencas hidrográficas que descargan directamente sobre la ciudad.
Según explicó, Penco posee al menos siete esteros asociados a cuencas cercanas a las 1.500 hectáreas. Durante lluvias intensas, esas cuencas concentran rápidamente grandes volúmenes de agua que terminan canalizándose hacia los esteros y atravesando sectores urbanos.
“Todas esas aguas concurren a estos esteros y los esteros topan con la ciudad. Lo que ocurra en esas cuencas, para bien o para mal, termina teniendo un efecto directo sobre la ciudad”, indicó.
Ese mismo relieve también incrementa la exposición frente a incendios forestales. La combinación entre bosques, pendientes pronunciadas y expansión urbana ya había sido identificada por estudios de la UBB como uno de los principales factores de riesgo para la propagación del fuego y la dificultad para su combate.
Adaptarse al próximo evento
Más que impedir que vuelvan a ocurrir incendios, marejadas o lluvias extraordinarias, el desafío —plantea el urbanista— consiste en reducir la vulnerabilidad del territorio para que esos fenómenos no vuelvan a transformarse en desastres urbanos.
Bajo esa lógica fue concebido el PMMU, que propone seis parques de mitigación capaces de interceptar parte de los escurrimientos provenientes de las cuencas mediante lagunas de regulación, infiltración de aguas lluvias y otras soluciones basadas en la naturaleza.
Además de disminuir el riesgo de inundaciones, estas obras buscan aumentar la humedad del suelo, reducir la propagación de incendios y disponer de reservas de agua para el trabajo de Bomberos.
Tras los últimos temporales, Baeriswyl concluyó que el diagnóstico del PMMU “a nivel de propuesta no cambia, pero sí a nivel de proyectos”, sumando que “toda la dimensión hidráulica que se tiene que gestionar en las pequeñas cuencas ahora va a considerar lo ocurrido recientemente con el temporal, especialmente para los cálculos”.
Desafío local
Desde el municipio de Penco coinciden en que la seguidilla de incendios, marejadas y temporales obliga a replantear la forma en que la comuna se proyecta frente a fenómenos cada vez más intensos.
“Penco tiene grandes virtudes. Primero, su ubicación geográfica; segundo, sus condiciones climáticas que le permiten proyectarse como la capital turística de la Región del Biobío. Pero también este cambio climático se abre a grandes impactos”, afirmó el alcalde Rodrigo Vera.
El jefe comunal explicó que la ciudad convive, por un lado, con el borde costero y, por otro, con una extensa interfaz forestal, condiciones que obligan a “proyectar, planificar y construir una ciudad con nuevos desafíos de urbanización y con infraestructura preparada para soportar estos impactos”.
“Tenemos que reconstruir una ciudad con nuevas normativas y con nuevos desafíos de urbanización para tener la infraestructura preparada para soportar este nuevo escenario que nos deja el cambio climático”, finalizó.