Lluvias intensas: por qué las ciudades deberían conducir mejor el agua para controlar los impactos
22 de Julio 2026 | Publicado por: Bruno Rozas Hinayado
Especialistas afirman que el drenaje urbano es clave para reducir los efectos de las lluvias.
El paso del sistema frontal que afectó durante la última semana a la Región del Biobío dejó nuevamente calles anegadas, viviendas con ingreso de agua, interrupciones de tránsito y una alta presión sobre la infraestructura urbana.
A ello se suma el anuncio de un nuevo episodio de precipitaciones para los próximos días, un escenario que vuelve a instalar una pregunta de fondo: ¿están las ciudades preparadas para conducir adecuadamente el agua lluvia?
Aunque la intensidad de las precipitaciones suele concentrar la atención durante este tipo de eventos, especialistas sostienen que los impactos no dependen únicamente de cuántos milímetros caen, sino también de cómo responde la ciudad.
El diseño urbano, la capacidad de los sistemas de drenaje y el estado de la infraestructura destinada a evacuar las aguas lluvia son factores que pueden marcar la diferencia entre una lluvia intensa y una emergencia.
Precisamente esa mirada es uno de los ejes de la Estrategia de Ciudades Verdes, publicada a comienzos de este año e impulsada por los ministerios de Vivienda y Urbanismo y del Medio Ambiente junto a la FAO.
Australmat.
La iniciativa busca avanzar hacia una gestión hídrica más sostenible mediante ciudades capaces de captar, infiltrar, retener y conducir de mejor manera las aguas lluvia, reduciendo el riesgo de inundaciones y fortaleciendo la resiliencia frente a fenómenos climáticos extremos.
En una región como el Biobío, donde los sistemas frontales forman parte del invierno y los eventos de alta intensidad han aumentado en frecuencia durante los últimos años, la planificación de la infraestructura hídrica adquiere una relevancia creciente.
Sectores urbanos altamente impermeabilizados dificultan que el agua se infiltre naturalmente en el suelo, obligando a que sea evacuada con rapidez a través de colectores, sumideros y canales.
Kevin Salazar Vásquez, ingeniero en construcción especialista en sistemas de drenaje, explica que el comportamiento del agua responde a principios físicos que deben ser considerados desde la planificación urbana.
“La lluvia no se puede controlar, pero sí podemos planificar mejor el recorrido del agua. Cuando no existe una ruta adecuada, el agua busca otros caminos y puede acumularse, infiltrarse o erosionar sectores que no fueron diseñados para recibir ese caudal”, señala.
El especialista sostiene que una parte importante de las ciudades modernas está cubierta por superficies impermeables, como pavimentos, techumbres y estacionamientos, lo que reduce considerablemente la infiltración natural del agua hacia el subsuelo.
Como consecuencia, aumenta la velocidad con que las aguas lluvia deben ser captadas y evacuadas.
Cuando esa infraestructura resulta insuficiente o presenta problemas de manutención, las consecuencias pueden manifestarse rápidamente.
Australmat.
Salazar advierte que sistemas obstruidos o con fallas favorecen la aparición de anegamientos, desbordes, filtraciones e incluso procesos de erosión que pueden comprometer la estabilidad de distintos sectores urbanos.
El estado de canales, rejillas, sumideros y colectores también aparece como un elemento clave para disminuir los efectos de cada sistema frontal.
Si estos elementos no cuentan con mantención o su capacidad fue superada por el crecimiento urbano, el agua termina acumulándose en calles o infiltrándose hacia zonas que originalmente no estaban preparadas para recibir esos volúmenes.
En el caso del Gran Concepción, donde históricamente existen sectores que presentan problemas de acumulación de agua durante lluvias intensas, especialistas coinciden en que las soluciones deben combinar infraestructura adecuada, planificación territorial y una mantención permanente de los sistemas existentes.