Río atmosférico acoplado a sistemas frontales intensifica lluvias y eleva riesgos de amenazas naturales

16 de Julio 2026 | Publicado por: Noticias UdeC
Fotografía: Archivo | Medios UdeC

Especialistas de la UdeC explican que el aporte extraordinario de humedad asociado a un río atmosférico podría incrementar significativamente las precipitaciones, generando riesgos de inundaciones y remociones.

Desborde de esteros y canales, viviendas anegadas, voladuras de techumbres en escuelas y vientos de hasta 174 kilómetros por hora – según registros de la Isla Quiriquina- son las evidencias del primero de varios sistemas frontales pronosticados hasta el domingo desde las regiones de Atacama hasta Los Ríos, que se mantienen en alerta amarilla.

Si bien los efectos han sido más bien acotados hasta ahora, la preocupación se mantiene por la presencia de un río atmosférico (RA), que ha sido clasificado por algunos especialistas entre las categorías de mayor intensidad.

La conjunción de ambos fenómenos podría elevar la cantidad de precipitaciones a niveles excepcionales, por la carga extra de humedad, aumentando los riesgos asociados a estos eventos, especialmente en zonas de crecidas de ríos y sectores con peligro de remociones en masa.


“Un río atmosférico esencialmente consiste en un flujo de mucha humedad en la atmósfera. En el caso de Chile, este flujo puede interactuar con la topografía, en particular con las cordilleras de la Costa y de los Andes, forzándolo a ascender, lo que genera precipitaciones”, señaló el académico del Departamento de Geofísica dela Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, Martín Jacques Coper.

El especialista en ciencias del clima explicó que estos flujos son consecuencia de la interacción entre el abundante vapor de agua que existe en la atmósfera del trópico con la dinámica de zonas extra-tropicales.


“En otras palabras, la circulación de la atmósfera favorece el transporte y canalización de un cuantioso flujo de vapor de agua hacia sectores de latitudes más altas (más lejanas del Ecuador)”, dijo.

Los ríos atmosféricos se clasifican de acuerdo con la intensidad del transporte de vapor de agua y su duración, precisó Jacques. Así, según la combinación de ambos factores, existen eventos de categorías 1 y 2, considerados más bien benignos porque favorecen la recarga de reservorios hídricos, y otros de categorías 4 y 5, con mayor potencial de daños.


El investigador comentó que, de acuerdo con estudios especializados, en la zona centro sur, estos flujos de humedad -que se presentan fundamentalmente en invierno- son responsables de más de un 50% de la precipitación acumulada anual.

Asimismo, las tormentas más intensas y las que generan más daños se explican en gran parte por estos fenómenos.


Para Concepción se espera que las precipitaciones lleguen a 120-150 milímetros acumulados hacia el domingo. Pasado el primer frente, se proyecta el retorno de lluvias intensas para el jueves y, luego, del viernes al sábado, informó Jacques.

“Se espera, además, baja amplitud térmica hasta el jueves y temperaturas mínimas en descenso desde el viernes hasta el lunes, pero por sobre 6ºC”, adelantó el experto.


Múltiples amenazas

La acumulación de agua por la intensidad de las lluvias proyectada plantea escenarios de múltiples amenazas en distintas áreas por efecto de la saturación de los suelos y una capacidad de infiltración disminuida.


Desde esa perspectiva, es posible que se produzcan anegamientos urbanos y que se presenten inundaciones fluviales, señaló la académica del Departamento de Geografía de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Geografía, Edilia Jaque Castillo.

La directora del Grupo de Investigación Multiamenazas Biobío detalló que la amenazas se observa tanto a nivel de los ríos de origen andino – el Biobío y el Itata- como costeros – el Andalién- que en periodos de fuertes lluvias pueden afectar poblaciones que habitan en áreas ribereñas y llanuras de inundación.


Sin embargo, la mayor preocupación está los posibles deslizamientos y remociones en masa de distinto tipo que podrían ocurrir, sobre todo en la Cordillera la Costa y, en particular, en las áreas del Concepción Metropolitano que sufrieron los mayores impactos de los incendios del verano.

“Toda esa zona está sin vegetación, tienen pendiente fuerte y hay bastante material meteorizado que puede ser removido; por lo tanto, ahí hay que poner atención”, puntualizó.


También puso el foco sobre la zona costera de Arauco, Lebu, Punta Lavapie y Curanilahue, donde históricamente se han producido grandes deslizamientos.

“Los procesos de inundaciones, anegamiento y remociones en masa, tanto en borde costero, que es el más habitado, como en la zona andina son los principales riesgos que podrían existir y que se transforman en una multi amenaza, porque ya no es un solo un tipo de fenómeno al que hay que atender, sino que son simultáneos”, dijo.


Para Edilia Jaque, este tipo de eventos ponen a prueba las capacidades institucionales y la preparación de las personas.

Desde su perspectiva, y pensando en el invierno de 2023, hay avances en términos de la estructura organizativa del Servicio Nacional de Prevención y Respuestas ante Desastres (Senapred) y una mayor conexión, a través de mesas de trabajo, con distintas entidades académicas y de investigación.


“Se han generado unas redes de apoyo y de acción bastante positivas”, aseveró.

Del lado de la población, considera que aún falta ampliar la educación de ciudadana frente a emergencias, aunque destaca las capacidades construidas, en algunos sectores, a partir del conocimiento que las comunidades tienen de sus territorios.


De este modo, urge robustecer las capacidades de respuesta a todo nivel “para enfrentar estos fenómenos que van a ser cada vez más recurrentes en un contexto de cambio global”.

El problema, a juicio de la académica, es que en Chile la gestión de estos fenómenos en Chile está basada más bien en la emergencia y no en la prevención.


Además, agregó, no existen mecanismos homogéneos para evaluar los distintos tipos de amenazas a nivel regional/nacional, de modo que la primera respuesta recae en las comunas que han ido construyendo los instrumentos que le exige la ley con los recursos que tiene.

“Si nosotros analizáramos, la calidad y conformación de los planes acción del cambio climático, por ejemplo, probablemente nos vamos a encontrar con una diferencia abismante entre las distintas comunas y creo que eso nos hace más vulnerables estos fenómenos que se van a ir haciendo cada vez más familiares”.