Augusto Parra, el ciudadano del Barrio Universitario

25 de Abril 2026 | Publicado por: Bruno Rozas Hinayado
Fotografía: Isidoro Valenzuela.

El exrector y ahora Profesor Emérito de la Universidad de Concepción también repasó su labor política, donde destacó su rol como embajador.

Una sonrisa, manos en la espalda, cabeza agacha, caminar calmo, siempre, o casi siempre, con vestimenta formal. Una silueta que muchos y muchas pueden distinguir a lo lejos, como si se tratara de un personaje histórico, reflejado en libros o historias, de Concepción, del Biobío y el país.


Augusto Parra Muñoz, a los 83 años, siempre ofrece a un saludo a quien se cruza con él, por las calles del Barrio Universitario o en las cercanías de la Universidad de Concepción, donde, habitualmente, transita desde hace décadas. No hay quien no lo observe con mirada de admiración, pero eso el exrector, exsenador, exembajador, abogado y académico de la UdeC, no lo sabe o disimula muy bien que lo desconoce. Más allá de estas líneas, con pretensiones de elogiarlo, su querida Casa de Estudios lo homenajeó y lo hizo invistiéndolo como Profesor Emérito, reconociendo su figura como clave en la historia de la Universidad.

Isidoro Valenzuela.


En el marco de su reciente nombramiento, Augusto Parra repasa una trayectoria marcada por el compromiso académico, el servicio público y la experiencia internacional.

-¿Cómo recuerda la evolución de la Universidad de Concepción desde sus primeros años como estudiante hasta convertirse en la institución que es hoy, y qué rol cree que ha jugado la visión de sus fundadores en ese proceso?


La Universidad de Concepción es un milagro y ha hecho milagros. Estamos caminando en terrenos que originalmente fueron un fundo en las afueras de Concepción. La visión de nuestros fundadores hizo que la Universidad comprara esos terrenos, que eran eminentemente pantanosos y que, por la misma razón, generaban dudas respecto de la posibilidad de levantar todas estas construcciones.

Cuando entré a la Universidad el año 1960, había muy poco desarrollo hacia el fondo de lo que es la Casa de Estudios actual; por la misma razón, es que se ha duplicado en cuanto a tamaño de lo que era entonces. Era una Universidad pequeña, con 3 mil 500 estudiantes y con un casco histórico que está declarado Patrimonio Nacional; en esos años se construyó el Foro, poco antes se había construido el Hogar de Estudiantes y poquísimo antes el Campanil. Todo esto es producto de la visión, la voluntad, el compromiso, el amor al proyecto y a la obra, que han estado siempre presentes en la comunidad universitaria.


-Hace un momento se acercaron estudiantes dentro de la Facultad de Derecho a saludarlo y felicitarlo por su nombramiento como Profesor Emerito, ¿Qué piensa del cariño que le demuestran sus estudiantes y la comunidad de Concepción?

Pienso que es recíproco; yo le puedo decir que ese cariño es alimento diario para mí y un estímulo poderoso. Es absolutamente correlativo y uno tiene el deber de tratar de hacer las cosas cada día mejor, y la designación de la que fui objeto es un acicate para seguir esforzándose en esa línea mientras uno esté en actividad. También tiene que ser enormemente responsable y saber que llega un momento en que las cosas ya no se hacen bien y se transforma en una carga. Entonces, aunque duela, toma la decisión de retirarse totalmente.


Isidoro Valenzuela.

-Ha tenido una larga carrera como político, como diplomático, ¿Cómo compatibilizar esas dos labores durante ese tiempo y que aprendió de su etapa en estos roles?


Nunca me generó algún tipo de problema; no he traído la política a las aulas. He salido a hacer política, integrándose en la vida colectiva, y lo he hecho sin nunca apropiarme de la representación de la Universidad para esos fines, ni comprometer directa e indirectamente a la Universidad.

Me resultó absolutamente natural; tal vez me facilitó el que mi padre, que desarrolló su vida profesional principalmente en la judicatura, pero que en su juventud tuvo una fuerte participación política, estuvo rodeado siempre de amigos de su generación aquí en la Universidad, que fueron políticos muy destacados en el país. Ellos, que fueron para mí maestros, nunca tuvieron ninguna dificultad y fueron, a la vez, académicos comprometidos y entusiastas y grandes políticos.



-Usted trabajó como embajador de Chile en la Federación Rusa, ¿Cómo es vivir en Rusia?¿Cómo fue su vida viviendo en un país tan lejano?

Chile tenía dos edificios arrendados en Moscú: uno que era la Cancillería, la sede de la embajada, y otro que era la residencia del embajador. La vida en Moscú fue, para mí y mi señora, gratísima. El trabajo fue intenso; creo que tuvimos frutos que nos satisfacen y nos dejan muy contentos, pero tuvimos también la oportunidad de conocer bastante al pueblo ruso, la cultura rusa, tocar el alma de Rusia, que no es fácil de desentrañar.


Siento una gran admiración, un enorme cariño por ese país y por el pueblo ruso. Yo fui, al mismo tiempo, embajador concurrente en Ucrania y en Kazajistán; por lo mismo, tuve la suerte de conocer ambos países y las maravillas que ofrecen. En el caso de Kazajistán, desde Astaná, que es la actual capital, hasta Almaty, que fue la capital anterior.

-Desde su experiencia internacional, ¿cómo interpreta usted las tensiones históricas y políticas entre Rusia y Ucrania que han desembocado en el conflicto actual, y qué factores cree que fueron determinantes en su escalada?


Verdaderamente es un mundo fascinante, por eso el conflicto actual entre Moscú y Ucrania me ha resultado particularmente doloroso, aun cuando no me era impredecible. Creo que, desgraciadamente, Ucrania no supo resolver sus problemas internos y, desde que se depuso al presidente constitucional, que era líder del partido de las regiones en Ucrania, cogió una línea nacionalista que hacía de Ucrania un peligro para Rusia, al ampliar las fronteras de la OTAN, a la que Ucrania quería pertenecer, y llevarla hasta su frontera.

Isidoro Valenzuela.


El problema es que suscitó en mí una reacción frente a esa actitud inamistosa que venía del lado ucraniano, pero yo viví años en que Rusia y Ucrania trabajaban en perfecta armonía. Mientras, al interior de Ucrania, se libraba una lucha feroz entre las corrientes nacionalistas y pro occidentales, y las prorrusas, que estaban vinculadas fuertemente a una parte importante de la población de Ucrania, que no solo habla el ruso, sino que siente que sus raíces están en Rusia. Estas personas buscaban, por la misma razón, un alto grado de integración y armonía entre los dos países.