“Salimos con lo puesto”: vecinos relatan cómo el fuego arrasó sus barrios

19 de Enero 2026 | Publicado por: Bruno Rozas Hinayado
Fotografía: Isidoro Valenzuela.

Dolor, incertidumbre y resiliencia marcan relatos tras el incendio.

La Región del Biobío vive días marcados por el humo, la incertidumbre y el dolor de cientos de familias que han visto cómo el fuego arrasó con barrios completos en cuestión de horas.

Más allá de las cifras oficiales y los balances técnicos, la emergencia por los incendios forestales se expresa crudeza en los relatos de quienes debieron huir de noche, abandonar sus hogares y asumir, de un momento a otro, la pérdida total de lo construido durante años.

El escenario que enfrenta la zona es uno de los más complejos de los últimos tiempos. La simultaneidad de los focos, las condiciones climáticas adversas y, especialmente, los fuertes vientos han convertido a los incendios en una amenaza difícil de contener.


Durante la tarde de este domingo, la Corporación Nacional Forestal entregó un nuevo balance de la emergencia que afecta al Biobío, así como a las regiones de Ñuble y La Araucanía, confirmando que se trata de una situación de máxima alerta, con recursos operativos exigidos al límite.

Relato de quienes vivieron la tragedia


Jorge Nova, residente de Punta de Parra, recuerda con claridad la noche en que el incendio cambió su vida y la de sus vecinos. Según relata, el comportamiento del viento fue determinante y completamente fuera de lo habitual.

“El viento es principalmente particular, nunca se había visto y fue el factor principal de la propagación del fuego”, afirmó, explicando que la velocidad con que avanzaron las llamas no dio margen para rescatar pertenencias. La evacuación se produjo en plena noche y, como tantos otros, salió de su casa con lo puesto, sin tiempo para dimensionar lo que estaba ocurriendo.


Nova reconoce que se emitió una alerta de evacuación, aunque en ese momento la magnitud del incendio no parecía tan evidente desde las viviendas. Desde los segundos pisos, cuenta, el fuego no se veía tan extremo como para pensar que todo se perdería.

Con el paso de las horas, esa percepción cambió drásticamente. “Gracias a Dios sólo perdimos lo material, donde perdimos todo”, señaló, insistiendo en que el viento fue el elemento clave que hizo que la situación se volviera incontrolable en minutos.


Una experiencia similar vivió Andrés Soto, vecino del sector Vipla de Lirquén, quien describe la noche del incendio como caótica y aterradora. El fuego arrasó con la población Carlos Ward, en un contexto en que muchos vecinos intentaban proteger sus casas y sus bienes, sin éxito.

“Fue aterrador como los vecinos estaban aferrados a sus casas para no perder sus bienes, pero el fuego no tuvo misericordia”, relató, explicando que solo tres viviendas lograron salvarse de la destrucción total.


Soto subraya además el valor simbólico del sector afectado, una población caracterizada por su tranquilidad y por estar habitada mayoritariamente por personas de edad avanzada. El despliegue de Bomberos y policías se organizó desde un centro de mando instalado frente al Hospital de Lirquén, pero las ráfagas de viento hicieron imposible cualquier contención efectiva.

Las llamas avanzaron sin control, envolviendo viviendas completas y generando temor adicional por la cercanía de instalaciones industriales. “Todos pensábamos que nuestras casas se iban a salvar, pero lamentablemente no fue así”, lamentó.


En Lirquén Bajo, María Hernández enfrenta ahora la incertidumbre de no tener un lugar al cual regresar. Vivió más de veinte años en su casa y tuvo que abandonarla en minutos, cuando las sirenas y el humo anunciaron que el incendio se aproximaba sin freno.

Junto a su familia tomó lo poco que pudo y evacuó, sin saber si volvería a ver su hogar en pie. Al regresar, el panorama fue desolador: solo cenizas y fierros retorcidos quedaban donde antes había recuerdos, fotografías y objetos irremplazables.


Desde el sector Cerro Verde Alto, Juan Carlos Soto, trabajador portuario, relata que el incendio llegó empujado por el viento y rodeó el barrio en cuestión de minutos. Antes de evacuar con su familia, ayudó a sacar a vecinos adultos mayores, sin imaginar que su propia casa no resistiría el avance de las llamas.

Lo más duro, asegura, fue ver cómo el fuego avanzaba calle por calle, dejando a decenas de familias en la misma situación.


Soto agradece el trabajo de Bomberos y de los equipos de emergencia, reconociendo el esfuerzo desplegado en condiciones extremadamente adversas. Sin embargo, advierte que ahora la preocupación está puesta en el futuro inmediato y en las respuestas que llegarán en los próximos días.

Perdimos la casa, pero seguimos vivos; ahora necesitamos apoyo para levantarnos otra vez”, afirmó.