Envejecer no es perder la memoria: reconocer señales precoces marca la diferencia en el Alzheimer

26 de Septiembre 2026 | Publicado por: Natalia Quiero
Fotografía: Cedida | Freepik

Olvidos ocasionales y ciertas dificultades pueden esperarse en ciertas circunstancias o edades, pero no deben ser progresivas ni afectar actividades normales y autonomía.

Dificultades para hallar la palabra que se quiere decir, recordar nombres, manejar dinero, orientarse en lugares o realizar tareas que antes eran fáciles.

Hay situaciones que se tienden a normalizar como parte del envejecimiento, aunque es un riesgoso error, porque pueden ser síntomas iniciales de Alzheimer, que se debe abordar cuanto antes para preservar la calidad de vida lo más posible, manifiesta la doctora Paulina Meza, neuróloga de adultos del Hospital Clínico Regional Guillermo Grant Benavente (HGGB) y académica de la Universidad de Concepción (UdeC).

Los datos en Chile indican que cerca de 200 mil personas, 1% de la población, viven con demencia, y el Alzheimer es la principal causa que representa más del 70% de los casos. Y, de la mano del aumento de la esperanza de vida y de integrantes del grupo de personas mayores, hay tendencia al alza de diagnósticos de esta enfermedad neurodegenerativa sin cura a nivel global y nacional.


En este escenario, cada 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, iniciativa conjunta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Federación Internacional de Alzheimer para impulsar la educación, consciencia y avances para mejorar el abordaje.

El Alzheimer


La doctora Paulina Meza explica que el Alzheimer es progresivo, afecta principalmente la memoria en una primera etapa y con su avance va comprometiendo otras funciones cognitivas y dificultando el desarrollo de actividades cotidianas, hasta perder la autonomía e independencia, incluso la capacidad de controlar movimientos físicos.

“El síntoma más conocido es el deterioro de la memoria reciente: repetir preguntas, olvidar conversaciones o necesitar cada vez más recordatorios. Pero, inicialmente también puede manifestarse con dificultades del lenguaje, planificación y orientación, e incluso cambios conductuales”, expone.


La enfermedad se produce por alteraciones en el cerebro a nivel de la comunicación y muerte de neuronas, y las evidencias demuestran que pueden comenzar muchos años antes de que aparezcan los primeros síntomas. Este proceso está mediado por diversos elementos, desde genéticos hasta vasculares y ambientales.

La edad es el principal factor de riesgo de Alzheimer, sobre todo desde los 65 años y aumenta con el paso del tiempo, si bien envejecer no significa deterioro patológico ni desarrollar Alzheimer, enfatiza la especialista.


Aunque advierte que “existe el Alzheimer de inicio temprano, que comienza antes de los 65 años. Es menos frecuente, pero puede ser particularmente complejo porque muchas veces los primeros síntomas se atribuyen a estrés, problemas laborales, depresión o cansancio”. En personas jóvenes puede haber manifestaciones diferentes, como predominantemente del lenguaje o funciones visuoespaciales.

Además, investigaciones han identificado que hay factores de riesgo modificables relacionados al estilo de vida, entre los que destaca hipertensión, diabetes, colesterol elevado, obesidad, sedentarismo, tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, aislamiento social, pérdida auditiva o visual, y traumatismos craneales.


En ese sentido, releva que “se estima que una proporción importante del riesgo de demencia podría reducirse actuando sobre los factores modificables durante la vida”. Por ello es vital mantener o cambiar a estilos saludables para proteger la salud y prevenir o retrasar problemas y enfermedades.

Llegar temprano


El Alzheimer todavía no tiene cura, y hallarla es la meta de varios grupos de investigadores del mundo, pero hay avances en la capacidad de diagnosticar en etapas precoces y en los resultados de las terapias.

La neuróloga explica que hay tratamientos sintomáticos, y más recientemente han aparecido medicamentos dirigidos a una proteína relacionada con la alteración neuronal que permiten enlentecer el deterioro en ciertos pacientes con Alzheimer temprano.


Los abordajes terapéuticos no son iguales para todas las personas, se seleccionan según condiciones individuales. También varían la velocidad de la progresión de la enfermedad, los pronósticos y las expectativas de vida, según factores como edad, estado general de salud y etapa en que se diagnostica.

Aunque mientras antes se llegue, es mejor. “El diagnóstico temprano permite planificar mejor los cuidados, intervenir sobre factores de riesgo y, en pacientes seleccionados, considerar terapias modificadoras de la enfermedad”, sostiene.


¿Olvido esperable o señal de alerta?

Para llegar temprano al diagnóstico de Alzheimer es crucial consultar precozmente, lo que significa reconocer olvidos esperables frente a ciertas situaciones y conductas normales en las personas, de señales de alerta de la enfermedad.


La neuróloga Paulina Meza expone que es natural que todas las personas tengamos ciertos olvidos, como no recordar dónde quedaron las llaves o algún objeto, tardar en acordarse de algún nombre, conversación o contenido. Y es que en la memoria influyen distintos factores como estado emocional, estrés, interés o atención, entre otros.

Y con el envejecimiento puede haber un declive de funciones que lleve a ciertas dificultades en recordar información, aunque en un proceso normal suele aparecer tras alguna pista, sostiene.


“En el Alzheimer la persona puede olvidar completamente una conversación reciente, repetir la misma pregunta varias veces o comenzar a tener dificultades para realizar actividades que antes dominaba”, advierte.

Frente a ello, la señal de alerta no es un olvido aislado: “lo que más debe preocupar son los cambios respecto de lo que era habitual para la persona, que progrese y comience a interferir con su vida diaria”.


Repetir constantemente las mismas preguntas, olvidar conversaciones recientes, perderse en lugares conocidos, cometer errores en actividades habituales, tener dificultades nuevas para manejar dinero o fármacos, presentar problemas de lenguaje que interfieren la comunicación, son situaciones que deben instar a consultar a un especialista para evaluar, descartar o diagnosticar.
En síntesis, para orientar la neuróloga declara que “no debemos normalizar un deterioro progresivo de la memoria pensando simplemente que es la edad, ni tampoco debemos alarmarnos ante un olvido ocasional”.


Nuestro contexto

La neuróloga afirma que en Chile se han dado avances notables en el reconocimiento de las demencias como un problema de salud pública: son parte de GES que garantiza una hoja de ruta de atención, y existe el Plan Nacional de Demencia 2025-2035.


Desde allí, reconoce que en Biobío hay profesionales y centros capaces de realizar evaluación y manejo de pacientes con deterioro cognitivo y demencias, pero también que se deben acortar brechas de acceso oportuno y homogéneo a especialistas y estudios diagnósticos más avanzados para la población.

“También es fundamental fortalecer el trabajo en red entre atención primaria, neurología, geriatría, neuropsicología y otras disciplinas”, sostiene.


Al respecto, destaca que el Plan Nacional de Demencia pone énfasis en el abordaje de una red integrada, donde participan atención primaria, neurología/geriatría, neuropsicología, terapia ocupacional, kinesiología, enfermería, trabajo social y apoyo a cuidadores.

Aunque la falta de cura y las características del Alzheimer dibujan un panorama desalentador, lo favorable es que cada vez hay más herramientas y condiciones para detectar y tratar la enfermedad, y lo importante y esperable es que siga cambiando con los años en beneficio de esas miles de personas y familias.