Niñez y adolescencia en riesgo: el reto social de cuidar el bienestar hoy para proteger el futuro
03 de Septiembre 2026 | Publicado por: Natalia Quiero
Informes de Unicef advierten el estado crítico del bienestar infantil en Chile, y especialistas aseguran que es un desafío y deber de toda la sociedad resguardarlo y garantizar derechos de NNA.
Chile está en último lugar en bienestar infantil entre 37 países de ingresos altos y/o de la Ocde, advirtió el Report Card 20 de Unicef Innocenti publicado este año y que evalúa cómo la desigualdad económica afecta en distintas dimensiones a niños, niñas y adolescentes (NNA). Y salud mental, salud física y habilidades ocuparon posiciones críticas.
También el más reciente Análisis de la Situación de la Niñez y Adolescencia en Chile de Unicef y su bajada regional da una dramática radiografía. En los datos locales publicados en agosto por Diario Concepción se destaca que 27,6% de NNA de Biobío viven con pobreza de ingresos y 20,2% en pobreza multidimensional; 54,5% presenta malnutrición por exceso, 16,4% de adolescentes recibe tratamiento por problemas de salud mental, casi 1 de 2 adolescentes no alcanza los aprendizajes esperados; 37% de adolescentes declaró haber sufrido maltrato por parte de sus cuidadores el último año; y 15,9% dijo haber sufrido algún tipo de victimización sexual.
Las cifras evidencian una cruda realidad y deben interpelar a todos los actores sociales a aportar en acciones que permitan contribuir al bienestar y resguardar los derechos de NNA.
La Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada por la ONU en 1989 y que Chile ratificó con entrada en vigor el 2 de septiembre de 1990, establece un marco para proteger y garantizar la vida, el desarrollo y bienestar integral de todas las personas menores de 18 años, implicando tanto al Estado como a familias y toda la sociedad como garantes de derechos.
Un estado integral
¿Qué es el bienestar infantil? La doctora Sofía Mena, psiquiatra infanto-adolescente y colaboradora académica del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Universidad de Concepción (UdeC), explica que se debe concebir como un estado integral influenciado por dimensiones biopsicosociales que propicia el desarrollo adecuado y pleno de un niño o adolescente.
Implica desde salud física y mental hasta lo familiar, social, educativo y cultural.
Si bien hay indicadores objetivos que pueden permitir medir este estado en las personas, la especialista destaca el valor “de la subjetividad en la percepción de bienestar”. En ese sentido releva como crucial entender el bienestar infantil desde la mirada y opinión de NNA, no sólo desde los adultos como muchas veces se evalúa para estos grupos.
En línea con la subjetividad de este estado integral, destaca que para contribuir al bienestar y desarrollo integral de NNA es clave cambiar paradigmas. “Muchas nos enfocamos en las falencias más que en las fortalezas, y el niño se desarrolla desde ahí; hay que ver sus fortalezas”, asevera.
Desde allí, Verónica Gómez, directora Departamento Ciencias Sociales y jefa del Magíster en Intervención Social con Niños y Niñas de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (Ucsc), enfatiza que como diversas dimensiones influyen en el bienestar, también las afecta: “el bienestar incide directamente en la salud física y mental, la autoestima, la seguridad, la capacidad de aprendizaje, la convivencia y la proyección vital”.
Y en tanto más dimensiones estén permeadas por falencias o vulnerabilidad, más críticos y duraderos sus efectos, advirtiendo que si un NNA crece en contextos de pobreza, violencia, inseguridad alimentaria, falta de acceso a salud mental y/o exclusión educativa se afecta su desarrollo psicológico, cognitivo, emocional y físico, con impactos presentes y en las oportunidades futuras.
Etapas críticas para el presente y futuro
Los impactos presentes y futuros del desarrollo de la niñez y adolescencia, y la alerta por la situación de su bienestar en Chile, es porque son periodos muy sensibles del ciclo vital, porque se generan las bases orgánicas, cerebrales y socioemocionales de una persona, hasta los riesgos de afecciones, afirma la psiquiatra Sofía Mena.
“Por ejemplo, al no cuidar los estilos de vida en la infancia niños quedan con predisposición a patologías de salud mental o cardiovasculares”, advierte. Lo mismo sucede con las experiencias tempranas de cuidado, juego, aprendizaje y participación.
“Por ello, invertir en infancia no es solo una acción ética, sino una política pública estratégica y la base para el desarrollo de la humanidad y la sociedad”, sostiene Verónica Gómez.
Protección y apoyo
Para avanzar hay diversas brechas y desafíos a abordar, sobre lo que las académicas Sofía Mena y Verónica Gómez enfatizan que la protección y el bienestar infantil no puede quedar limitado al esfuerzo de padres y familias, y debe materializarse como políticas públicas y responsabilidad social para brindar apoyos concretos para favorecer la crianza, construir ambientes protectores y promover el desarrollo integral pleno.
“Lo que se observa es que padres crían muy solos, están súper sobrepasados en la crianza o no tienen herramientas. Y por ello no pueden ser siempre un ambiente protector, por mucho que quieran”, advierte Mena.
En este sentido se deben robustecer las políticas para fortalecer el piso de protección integral para la niñez. “Como iniciativas relevantes se destaca la Ley Nº 21.430, la Política Nacional de Niñez y Adolescencia 2024-2032, las Oficinas Locales de la Niñez y la instalación progresiva del Sistema de Garantías, aunque requieren consolidación territorial, técnica y presupuestaria”, expone Gómez.
La doctora Mena añade que urge avanzar en políticas para promover salud y bienestar, no sólo foco en pesquisa y enfermedad, para la protección y prevención, lo que implica herramientas parentales, autocuidado, alimentación, exposición a pantallas y hábitos de sueño. “La política que está mayormente y se hizo fue Chile Crece Contigo, un programa espectacular, pero después de eso no hubo nada más que tenga su impacto”, sostiene.
Desde allí, Gómez releva que “la sociedad tiene una responsabilidad como co-garante de derechos junto al Estado”. Y esto implica que todos los actores sociales y las personas adultas deben escuchar a NNA, proteger sus derechos, acompañar su desarrollo integral, promover el buen trato y denunciar vulneraciones, eligiendo y exigiendo a líderes preocupados por la infancia y su protección.