Sismos en Colombia y Venezuela ponen en perspectiva una amenaza sísmica también presente en Chile

11 de Agosto 2026 | Publicado por: Noticias UdeC
Fotografía: Cedida | Noticias UdeC

El académico UdeC, Gonzalo Montalva Alvarado, analizó la reciente actividad sísmica en Sudamérica y advierte sobre el comportamiento de los sismos intraplaca, capaces de generar intensidades particularmente altas cerca de sus zonas de ruptura.

Este lunes se registró en Colombia un terremoto de magnitud 7,4, de acuerdo con las mediciones preliminares. El sismo en el país cafetero se suma al ocurrido en Venezuela a mediados de junio, el cual todavía sigue sumando víctimas fatales. Esta intensa actividad sísmica en la región norte de Sudamérica ha levantado interrogantes respecto al origen de estos fenómenos y al nivel de preparación de los países del continente.

Al respecto, el académico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Concepción, Gonzalo Montalva Alvarado, caracterizó estos movimientos y advirtió sobre las implicancias que un escenario similar tendría para la realidad sísmica chilena.

“Por ahora, es un terremoto importante, parecido al de Venezuela, pero mucho más profundo. Uno habría esperado menos daños; sin embargo, por sus características, es más parecido a los sismos intraplaca que tenemos en Chile, los cuales han generado daños cuantiosos en eventos anteriores”, advirtió el investigador.


Si bien la cercanía temporal entre los movimientos de Colombia y Venezuela podría sugerir una causa común, el profesor Montalva aclaró que se trata de sismos de distinta naturaleza.

“El de Venezuela es un sismo cortical, que ocurre a muy poca profundidad, mientras que este último en Colombia se registró a más de 100 kilómetros, estimándose preliminarmente que ocurrió en la placa de Nazca, la misma que tenemos debajo de Chile”, explicó.


Respecto a la vinculación de ambos eventos, el especialista señaló que, aunque no hay una conexión directa concluyente, «siempre hay tensiones que se reacomodan después de liberar tanta energía en un lugar, y en tiempos geológicos, es como si hubieran ocurrido en el mismo momento».

Pese a ello, descartó que esta actividad tenga repercusiones en territorio nacional, debido a los miles de kilómetros de distancia que separan a las zonas de ruptura.


Sismo atípico

Aunque el terremoto en Colombia no afectará directamente a Chile, el movimiento en suelo colombiano corresponde a un sismo «intraplaca», un tipo de evento que también se registra en nuestro país, pero que difiere de los grandes megaterremotos a los que la infraestructura nacional está más acostumbrada a resistir.


“Hemos mejorado nuestros códigos de diseño estructural mucho más que nuestros vecinos sudamericanos, pero lo hemos hecho para los terremotos que hemos tenido, que son principalmente interplaca, como el del Maule en 2010 o el de Iquique. No para sismos corticales o intraplaca”, detalló Montalva.

La principal amenaza de estos eventos radica en cómo se mueve el suelo cerca del epicentro. “Tienen intensidades muy altas cerca de la zona donde se libera la mayor cantidad de energía. Si en Chile ocurrieran terremotos corticales como el de Venezuela, seguramente tendríamos muchos daños”, afirmó el académico.


Para ilustrar la magnitud del peligro, Montalva realizó una comparación con nuestra historia reciente: “Estimamos que el sismo de Venezuela generó intensidades del orden del triple de las registradas en Chile durante el terremoto del Maule. Si para el 27F tuvimos colapsos y edificios que demoler con ese nivel de intensidad, si hubiesen sido el triple, seguramente habría muchos más daños”.

Lecciones de la historia


La historia sísmica de nuestro país –sabido sísmico– registra eventos de características idénticas al ocurrido recientemente en Colombia, y del cual todavía no hay cifras finales respecto de las pérdidas humanas y materiales.

“Tenemos registros de terremotos intraplaca en el país. De hecho, el sismo con más muertes históricas de Chile fue el de Chillán en 1939, que tuvo exactamente las mismas características”, recordó Montalva, añadiendo a la lista otros eventos altamente destructivos como el terremoto de Calama en 1950 y el de Tarapacá en 2005.


El análisis del experto subrayó la necesidad de mantener un aprendizaje continuo y que, si bien el modelo de respuesta institucional chileno post-desastre es robusto, el desafío de la ingeniería y la sismología nacional sigue siendo anticiparse a estos escenarios menos frecuentes, pero potencialmente devastadores para los grandes centros urbanos del país.