Bosques de algas: la riqueza natural que se busca transmitir mediante la joyería

30 de Julio 2026 | Publicado por: Natalia Quiero
Fotografía: Cedida | Mauricio Altamirano

De colores que van en la gama del amarillento al café, hasta 30 metros de largo y nombre científico Macrocystis pyrifera, el huiro flotador es crucial para la vida y bienestar en el océano y planeta. Y tiene un rol particularmente relevante en Chile y Biobío con sus costas que han dado identidad, recursos e historia desde tiempos ancestrales a los pueblos que habitan y dependen del mar.

Y es por eso es digno protagonista del pionero proyecto “Metales vivos; Joyas de los bosques azules” que creará 10 piezas inspirada en esta especie y sus ecosistemas, financiado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio a través del Fondart Regional de Creación Artística 2026, y desarrollado por un equipo que lidera la joyera Valeria Veloz e integran los joyeros Karina Torres y Fabián Fuentes, y las biólogas marinas Paula Mendoza y Luisa Saavedra, quienes trabajan para la restauración y preservación de los bosques de huiro en Biobío.

Es parte del grupo de las algas pardas gigantes, como también el huiro palo y cochayuyo, que conforman bosques submarinos, que cumplen roles ecosistémicos similares a los bosques terrestres como pulmones de la Tierra, refugios de biodiversidad y tesoros de recursos vitales.


Así destaca la bióloga marina Paula Mendoza, también representante legal de la Corporación Bosque Submarino, grupo multidisciplinario dedicado a la restauración participativa de bosques de huiro flotador con especial foco en Coliumo, donde este ecosistema desapareció hace casi dos décadas por motivos que aún se investigan.

La profesional explica que producen oxígeno y captan gases como dióxido de carbono, siendo clave para tener aire para respirar y mitigar la crisis climática que han gatillado las grandes emisiones de estos gases de la actividad humana hacia la atmósfera, calentando el planeta.


Además, son zonas de asentamiento, reproducción, alimentación y refugio de otras especies que son clave para sostener las dinámicas ecosistémicas y muchas de interés para la pesca.

También tienen un rol de amortiguación de olas, y de protección ante fenómenos como marejadas y tsunamis.


Y proveen recursos como alimentos y económicos para las personas, incluyendo el propio huiro que se recolecta para extraer sustancias apetecidas en el mercado internacional como alginatos, de interés para industrias como la farmacéutica, cosmética y alimentaria, expone Mendoza.

Ahí también su vulnerabilidad, evidenciada en un enorme declive de estos bosques.


Estas son especies bien frágiles y están muy amenazadas en varios sentidos. Fundamentalmente existe la técnica de extracción que se llama barreteo con las que la sacan de cuajo las algas. Y no existe una fiscalización, y el barreteo ha hecho desastres”, lamenta. Sobre ello advierte que “Chile es el mayor exportador de macroalgas desde bosques naturales y no de cultivo”.

Además, apunta que la contaminación, la crisis climática y las altas temperaturas son severas amenazas a la subsistencia de estas algas.


En este escenario valora la existencia del proyecto del que es parte para poder hacer visible y tangible al huiro, tan importante y vulnerable, para propiciar su valoración, cuidado y conservación.