Llorar al ver la banda de adolescencia: la psicología tras la emoción de la música

05 de Julio 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Fotografía: Carolina Echagüe

Adultos que van a conciertos, cantan y se emocionan hasta las lágrimas para ver a los artistas que marcaron su juventud, es una fotografía común en los conciertos. Más que una simple tendencia musical, el regreso de artistas vinculados a los años de adolescencia convirtió estos espectáculos en verdaderos encuentros con el “yo” del pasado y adolescente interior.

Y existe una explicación psicológica que está ligada a la construcción de identidad y a la memoria autobiográfica que produce el reencuentro con esta música, y que hace que el concierto sea más que sólo ver a un artista.

Como base está que “al escuchar canciones significativas se activan distintas redes cerebrales asociadas a la emoción, la memoria y la recompensa”, sostiene Marcela Mora, jefa de Carrera de Psicología de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (Ucsc).


Desde allí explica que “en la adolescencia la música suele transformarse en un reflejo de la identidad de cada uno, ayuda a expresar quién soy, con quién me identifico y cómo quiero que me vean los demás. Además, las experiencias emocionales vividas en esta etapa suelen consolidarse con gran intensidad porque el cerebro adolescente presenta una alta sensibilidad emocional y social”.

Por ello, escuchar canciones que acompañaron momentos importantes de la adolescencia puede activar recuerdos y evocar emociones: “canciones asociadas a experiencias personales quedan fuertemente vinculadas a la memoria autobiográfica”, afirma.


Además, muchas veces la experiencia de ir a un concierto implica cumplir un sueño pendiente que en la adolescencia parecía inalcanzable por motivos como falta de recursos, autonomía y posibilidades reales para concretar, generando satisfacción.

Y hay una experiencia de emocionalidad colectiva, donde miles de personas comparten su atención, disfrute y emociones, potenciando la vivencia individual”.


Esa conexión colectiva también tiene efectos cerebrales, favoreciendo la activación de regiones relacionadas con el procesamiento emocional y liberando sustancias asociadas al bienestar como las endorfinas, explica Marcela Mora. 

A todo esto suma “la anticipación, la expectativa y la percepción de estar viviendo un evento único e irrepetible, lo que incrementa la intensidad emocional”.


Es por eso que, más allá del espectáculo musical, los conciertos se transforman en espacios donde la nostalgia colectiva permite conectar con el yo del pasado, resignificar experiencias de vida y encontrar un punto de validación emocional en común con otros a través de la música.