Juego activo en el hogar emerge como factor clave para el bienestar emocional infantil

25 de Junio 2026 | Publicado por: Noticias UdeC
Fotografía: Archivo | Contexto

Una investigación con participación de la comunidad del Campus Los Ángeles evidenció que el juego activo en el hogar es un factor determinante en el bienestar socioemocional de niños y niñas.

El juego activo en el hogar constituye una herramienta relevante para el desarrollo integral de niñas y niños. Así lo concluye una investigación multicéntrica desarrollada en el marco del proyecto Clases Activas, cuyos resultados evidencian una asociación significativa entre la práctica de actividades lúdicas activas en casa y mayores niveles de autoestima en escolares.

En el análisis, publicado en la revista Retos, participó un grupo transdisciplinar de investigadores, con una presencia importante de integrantes de la comunidad del Campus Los Ángeles de la Universidad de Concepción.

La indagatoria identificó que quienes no juegan en casa presentan niveles más bajos de autoestima, incluso si se consideran las variables familiares, escolares y sociodemográficas.


El análisis se basó en una muestra de 417 escolares de la región del Biobío y quedó en evidencia que el hogar sigue siendo el principal escenario de juego, pese a que en su mayoría contaban con acceso a espacios públicos.

La académica de la Escuela de Educación UdeCAlejandra Robles Campos, formó parte del grupo que desarrolló el estudio, liderado por la investigadora María Alejandra Valencia Pacheco. Según explicó Alejandra Robles, uno de los elementos centrales del estudio es comprender el valor del entorno familiar en el desarrollo infantil.


«Una posible explicación es que el hogar representa el principal contexto de desarrollo durante la infancia. A diferencia de otros espacios, en la casa el juego ocurre en un entorno emocionalmente significativo, donde los niños interactúan con personas de confianza, reciben apoyo y tienen mayores oportunidades para expresar su iniciativa, creatividad y autonomía», afirmó.

La docente señaló también que este contexto favorece experiencias repetidas de interacción, exploración y autonomía, incidiendo de manera directa en cómo se perciben a sí mismos los niños y niñas.


El juego, en ese sentido, no solo cumple una función recreativa: se convierte además en una instancia formativa que tiene impacto en dimensiones cognitivas y emocionales.

«El juego activo no solo implica movimiento. También involucra desafíos, toma de decisiones, resolución de problemas, interacción social y expresión emocional. Cuando los niños juegan activamente, ponen a prueba sus capacidades y desarrollan una percepción de competencia personal».


Cambios en las dinámicas sociales y estilos de vida

Aún existiendo acceso a las plazas, parques o espacios recreativos cercanos (casi el 89% de los escolares que participaron en el estudio), uno de los aspectos que más llamó la atención del equipo investigador fue que el juego en casa se mantiene como la opción predominante.


Según Alejandra Robles, lo anterior podría reflejar las transformaciones que han experimentado las dinámicas familiares y sociales.

«Factores como la percepción de inseguridad, la falta de tiempo de los adultos, las largas jornadas escolares y las transformaciones en los hábitos de ocio han llevado a que gran parte de las experiencias recreativas ocurran dentro del hogar», aseveró.


De todos modos, aclaró que esta preferencia no necesariamente debe ser tomado como una señal de alera: «Más que interpretar este fenómeno como algo negativo, creemos que evidencia la necesidad de fortalecer las oportunidades de juego activo en los espacios cotidianos donde los niños pasan la mayor parte de su tiempo».

Investigadoras Alejandra Robles y María Alejandra Valencia

Sin embargo, reconoció que entre los desafíos actuales está la exposición a las pantallas en la infancia y lograr que el uso de las tecnologías y las experiencias lúdicas que favorezcan el movimiento y bienestar estén en equilibrio.

«Si bien las tecnologías forman parte de la vida cotidiana y ofrecen múltiples beneficios, un uso excesivo puede desplazar actividades que promueven movimiento, interacción social y exploración del entorno. Esto resulta especialmente relevante porque el juego activo ha sido reconocido como una estrategia importante para el desarrollo físico, emocional y social de niños y niñas».


Articulación escuela-familia

Junto con la recopilación de la evidencia, el estudio propone caminos de acción como el fortalecimiento del vínculo entre las escuelas y las familias para promover dentro de la vida diaria el juego activo.


La plataforma Clases Activas, dirigida por el académico Rafael Zapata Lamana y en cuyo desarrolló participó el Campus Los Ángeles, el Centro de Vida Saludable y otras reparticiones UdeC, integra pausas de movimiento con contenidos curriculares dentro de la jornada escolar.

«Esta propuesta permite que los niños y niñas se muevan durante la jornada escolar sin interrumpir el proceso de aprendizaje; por el contrario, el movimiento se incorpora como parte de la experiencia pedagógica», detalló Alejandra Robles.


La iniciativa, añadió la académica, demostró efectos positivos en autoestima, competencias motrices y comprensión lectora, contribuyendo también al clima y a la convivencia escolar.

Para Alejandra Robles, los retos son superiores a la sola incorporación de exigencias. Es necesario en este marco recuperar los espacios cotidianos donde el juego, el movimiento y la interacción vuelvan a tomar un papel central en la infancia.


«Las familias también cumplen un rol fundamental. Pueden favorecer tiempos diarios de juego activo, limitar el uso excesivo de pantallas, participar en actividades recreativas junto a sus hijos e hijas y reconocer el juego como una experiencia central para el desarrollo, no como una actividad secundaria», enfatizó.