Ardor, sequedad y visión borrosa: uso intensivo de dispositivos digitales aumenta los riesgos de fatiga visual

25 de Junio 2026 | Publicado por: Noticias UdeC
Fotografía: Cedida | Magnific

La reducción del parpadeo y las condiciones ambientales pueden favorecer la aparición de molestias oculares y fatiga visual. La posición de la pantalla, la distancia de su ubicación, el contraste y las pausas marcan la diferencia en la salud visual.

El uso prolongado de dispositivos electrónicos ya es parte normal de la vida diaria. Las personas pasan cada vez más tiempo frente a pantallas digitales, creando el problema inicialmente llamado “síndrome visual informático”, hoy actualizado a fatiga visual digital.  

Desde revisar el teléfono móvil al despertar hasta trabajar frente a un computador o utilizar plataformas digitales para el estudio y el entretenimiento, las pantallas ocupan un lugar central en la vida moderna

“La evidencia científica muestra que el uso prolongado de pantallas se asocia frecuentemente a síntomas como cansancio ocular, visión borrosa, sensación de sequedad, cefaleas y molestias cervicales o dorsales”, describió la docente de Tecnología Médica de la Universidad de Concepción, Carla Flores Flores.   


Algunos pacientes presentan incapacidad “de poder mantener los ojos juntos tanto rato para ver de cerca, que se llama insuficiencia de convergencia” identificó la también docente de Tecnología Médica UdeC, Fabiola Esparza Oviedo, aclarando que este problema se resuelve con terapia y trabajo muscular.  

En un día normal, el humano pestañea en promedio 15 mil veces. Sin embargo, al estar frente a una pantalla ese parpadeo se reduce a un tercio y el ojo puede pasar abierto mucho más tiempo del adecuado, produciendo sequedad e irritación. 


Otra causa de la sequedad ocular es la mala calidad del ambiente: una oficina con pantallas, luces artificiales y aire acondicionado se vuelve hostil con la salud visual.  

¿Cómo prevenir los problemas visuales y la fatiga? 


Las profesionales entregaron una serie de recomendaciones para mejorar los factores ergonómicos y tener un entorno que ayude al confort visual: 

Entre las principales recomendaciones destacan mantener una distancia adecuada entre los ojos y la pantalla, idealmente los monitores deben estar alrededor de 50 a 70 centímetros de distancia. “Además, se recomienda que el borde superior de la pantalla se sitúe a la altura de los ojos o ligeramente por debajo, lo que favorece una postura más natural”, describió Flores.  


También es importante contar con una iluminación homogénea, “la ergonomía visual propone una iluminación homogénea, con niveles adecuados de luminancia y un contraste equilibrado entre la pantalla y el entorno inmediato” sumó la docente, agregando que la presencia de una ventana que entregue luz natural mejora la experiencia. 

Otro aspecto relevante es la calidad del contenido visual, textos pequeños, con bajo contraste o interfaces sobrecargadas aumentan la demanda visual y promueven la fatiga visual.  


Respecto de la denominada luz azul, la evidencia actual no demuestra daño ocular directo de la luz azul emitida por las pantallas en condiciones normales de uso, algunos estudios señalan su posible contribución a las molestias oculares.  

Asimismo, recomiendan aplicar la conocida regla del 20-20-20: Cada 20 minutos de estar mirando directo a pantallas, descansar los ojos durante 20 segundos mirando a 20 pies de distancia, lo que para nosotros son 6 metros. Gracias a esto aumenta la frecuencia de parpadeo, evitando la sequedad.  


Las docentes también enfatizan la importancia de mantener actualizada la receta de lentes ópticos para evitar esfuerzos visuales innecesarios.

Esparza advirtió que no todas las gotas para los ojos cumplen las mismas funciones. “Las gotas para el ojo rojo tienen componentes que son vasoconstrictores y algunos preservantes que pueden alterar la película lagrimal. Como es un vasoconstrictor, todo este enrojecimiento del ojo desaparece, pero disminuye progresivamente tu calidad de tu lágrima”, por lo que recomendó el uso de lubricante ocular, más conocido como lágrimas artificiales.  


Si pese a seguir estas recomendaciones las molestias persisten, es importante recurrir a un especialista y evaluar adecuaciones según el caso.