Frank C. Worrell, referente en psicología educacional: “Debemos ayudar a los estudiantes no solo a sobrevivir, sino también a prosperar”
16 de Junio 2026 | Publicado por: Diario Concepción
En su visita a la Universidad de Concepción, el académico de UC Berkeley, Frank C. Worrell, profundizó en la importancia de las intervenciones preventivas en contextos escolares, los desafíos actuales en salud mental adolescente y el aporte de la colaboración con investigadores UdeC.
A nivel internacional, el académico de la Universidad de California, Berkeley, Frank C. Worrell, es una de las voces más influyentes en psicología educacional, con una trayectoria centrada en el bienestar estudiantil, equidad educativa y desarrollo del talento.
En su visita a la Universidad de Concepción, Worrell, Doctor en Psicología Educativa y Escolar y ex Presidente de la American Psychological Association, APA, compartió su experiencia investigativa y reflexionó sobre los desafíos que enfrenta la salud mental en los contextos educativos actuales.
Su trabajo enfatiza la importancia de las intervenciones preventivas y sistémicas en las escuelas. ¿Por qué es importante ir más allá de un modelo de apoyo psicológico puramente reactivo?
Hay varias razones. En primer lugar, creo que cuando actuamos de manera reactiva es más difícil detener algo o resolver un problema después de que ya ha ocurrido que hacerlo antes de que suceda. Si uno puede detenerlo antes de que comience, es mucho mejor.
La otra cuestión es que, si esperamos para reaccionar, muchas veces terminamos sobrepasados. No contamos con suficiente personal ni con los recursos necesarios para abordar todos los problemas que existen.
Por lo tanto, al realizar un trabajo preventivo reducimos el número de personas que finalmente necesitarán tratamientos intensivos. Eso no solo beneficia a las escuelas, sino que también ayuda al sistema en su conjunto, así como a los profesores, los directivos y los demás estudiantes.
Por eso creo que es realmente importante adoptar un enfoque preventivo en la medida en que sea posible.
Hoy en día, ¿cuáles son los desafíos más urgentes en materia de salud mental que enfrentan los adolescentes en las escuelas?
Desearía poder decir que hay solo uno, pero creo que son varios. Pienso que existe una creciente epidemia de ansiedad, una creciente epidemia de depresión y una creciente epidemia de falta de conexión con los demás.
Y creo que la falta de conexión está alimentando o impulsando las otras dos, porque los adolescentes de hoy están muy vinculados a sus teléfonos, a sus dispositivos y a internet, pero no estoy seguro de que estén estableciendo las mismas conexiones genuinas que solían construir antes.
Además, tenemos todos los problemas asociados al cambio climático, el COVID-19 y ahora incluso un brote de ébola. Existen potenciales catástrofes de alcance mundial que pueden afectarles, y son situaciones que les generan preocupación.
Por eso, creo que para resolver estos problemas necesitamos ir mucho más allá del ámbito de la adolescencia. Necesitamos que nosotros, como sociedad, y también los responsables políticos que dirigen el mundo, tomemos en serio cuestiones como el cambio climático y empecemos a actuar frente a ellas. Asimismo, debemos dar el ejemplo en la manera en que nos relacionamos con los demás, interactuando con dignidad, respeto y una amistad genuina. Y eso no siempre ocurre; ciertamente, no sucede con todos los líderes políticos. Algunos, incluso en mi propio país, tampoco lo hacen.
En este contexto, ¿cómo ha evolucionado el rol de los psicólogos escolares durante las últimas décadas y qué desafíos deberían estar preparados para enfrentar en las escuelas de hoy?
Creo que el rol del psicólogo escolar sigue evolucionando. Inicialmente, nuestra profesión estaba muy centrada en evaluar a los niños. Básicamente, hacíamos diagnósticos.
La lógica era: diagnostiquemos los problemas y luego los resolvemos. Por lo tanto, era un enfoque muy alineado con el modelo reactivo.
La práctica de la psicología escolar ha evolucionado hacia una perspectiva diferente. Cuando los niños ingresan a la escuela, en Estados Unidos se les realizan exámenes auditivos, evaluaciones de la visión y otras pruebas similares. Ese es un enfoque preventivo.
Entonces, ¿por qué no hacer lo mismo en psicología? Cuando un estudiante llega a la escuela, podríamos realizar un tamizaje académico. Por ejemplo: ¿conoce el abecedario? ¿Maneja los números?
Asimismo, podemos hacer una evaluación del bienestar psicológico: saber si está experimentando estrés o si se encuentra emocionalmente estable.
Si logramos identificar estos aspectos cuando los niños ingresan al sistema escolar, podemos comenzar a implementar apoyos desde el inicio, de manera que los estudiantes tengan las mejores oportunidades para avanzar de forma positiva, tanto en lo académico como en lo social y emocional.
Intervenciones, actitudes temporales y colaboración con Chile
Una de las líneas de investigación de Frank C. Worrell apunta a las actitudes hacia el tiempo por parte de los adolescentes. Esto forma parte de su trabajo colaborativo con iniciativas chilenas como el proyecto FONDECYT Regular N.º 1231891 “Convive Serenamente”, liderado por el académico del Departamento de Psicología, Cristián Oyanedel Véliz.
¿Cuáles son los elementos esenciales de las intervenciones psicológicas exitosas dirigidas a adolescentes en contextos escolares?
Esa es una pregunta muy difícil, porque realmente depende de cuál sea el problema. Creo que, en muchos adolescentes, el tema puede estar relacionado con la motivación. Si se trata de un problema motivacional, entonces debemos realizar una intervención orientada a la motivación. Pero primero necesitamos conocer el origen de esa situación. ¿Se debe a que carecen de ciertas habilidades y han estado ocultando esas dificultades? ¿Se debe a problemas emocionales que están ocurriendo en el hogar? ¿Es porque no sienten que pertenecen a la escuela o que tienen una conexión con ella? ¿O es porque experimentan una sensación de desesperanza respecto del futuro?
Existen muchas razones posibles por las cuales un adolescente puede estar teniendo dificultades. Por lo tanto, lo primero que debemos hacer es identificar cuál es la fuente del problema. Recién entonces podremos intervenir adecuadamente.
Si el origen es la desesperanza, necesitamos trabajar aspectos como la capacidad de agencia, la autonomía y brindarles una sensación de control sobre su propio futuro.
Si se trata de un déficit de habilidades, es decir, si han logrado ocultar ciertas carencias y han podido manejarlas hasta ese momento, entonces podemos enseñarles las habilidades que les faltan. En definitiva, todo depende de cuál sea la fuente del problema.
Parte de su trabajo con investigadores de Chile ha explorado las actitudes de los adolescentes hacia el pasado, el presente y el futuro. ¿Por qué estas actitudes temporales son importantes para el bienestar y el éxito académico de los estudiantes?
Creo que habría que remontarse un poco atrás. Pienso que varios teóricos tempranos de la psicología ya habían sugerido que el tiempo era importante. Sin embargo, estaban teorizando y no fueron muy específicos.
Después, durante las décadas de 1960 y 1970, las personas comenzaron a estudiar aspectos como el optimismo, entre otros. Empezaron a investigar las actitudes hacia el futuro y descubrieron que quienes tenían una visión más positiva del futuro tendían a desenvolverse mejor.
Más recientemente, en la década de 1990, algunos de nuestros principales teóricos plantearon que, si bien podíamos estudiar las actitudes hacia el futuro, el hecho de que una persona tuviera una actitud negativa respecto de su futuro no significaba necesariamente que tuviera una actitud negativa hacia su presente o hacia su pasado. Por lo tanto, necesitábamos medir los tres períodos temporales.
Actualmente contamos con un sólido cuerpo de investigación basado en nuestra escala de actitudes temporales y, honestamente, esto nos tomó por sorpresa. No teníamos idea de que encontraríamos todo lo que hemos encontrado.
Las actitudes temporales predicen no solo aspectos como el rendimiento académico, sino también el sentido de pertenencia a la escuela. Predicen la percepción de discriminación. Predicen la depresión y la ansiedad. En definitiva, parece que estos sentimientos emocionales hacia el pasado, el presente y el futuro actúan como predictores generales del bienestar cuando son positivos, o del malestar psicológico cuando son negativos.
Ahora bien, el siguiente paso consiste en determinar si realmente podemos modificar las actitudes temporales de las personas. Contamos con algunos estudios longitudinales que muestran que estas actitudes no son estables. Y eso es algo positivo, porque si no son estables, significa que pueden cambiar; es decir, que el entorno puede influir sobre ellas.
Además, nuestros estudios longitudinales muestran que, si una persona presenta un perfil positivo y logra mantenerse dentro de ese perfil, uno o dos años después tendrá menos probabilidades de involucrarse en conductas de riesgo. Será menos probable que consuma alcohol de manera problemática durante la adolescencia. También tendrá mayores probabilidades de desarrollar una alta autoeficacia.
Por lo tanto, las actitudes temporales parecen constituir un factor protector de carácter general, una especie de recurso protector aplicable a múltiples ámbitos del desarrollo.
A través de sus colaboraciones con investigadores de la Universidad de Concepción, ¿ha identificado hallazgos o experiencias que hayan enriquecido su propia perspectiva como académico?
Una de las cosas que ha hecho el profesor Oyanadel es llevar esta línea de investigación hacia la educación básica y hacia adolescentes más jóvenes, algo que nosotros no habíamos explorado con ese nivel de profundidad. Y él realmente ha desarrollado ese trabajo.
Lo que estamos descubriendo es que, efectivamente, nuestras escalas funcionan con adolescentes más jóvenes. Pero, además, él ha logrado implementar algunas intervenciones y demostrar que es posible modificar, al menos en cierta medida, la autorregulación de los estudiantes cuando se interviene de manera apropiada y se les ayuda a reflexionar sobre el presente.
Por lo tanto, ha estado realizando un trabajo de intervención directa que, a mi juicio, ha contribuido a informar y enriquecer nuestra comprensión de lo que está ocurriendo.
¿Qué mensaje le gustaría transmitir a los jóvenes psicólogos que desean generar un impacto significativo en los contextos educativos?
Creo que mi mensaje tendría dos partes. La primera es un mensaje general desde la psicología: a veces olvidamos que somos más similares que diferentes. De hecho, cuando observamos a las personas, los psicólogos solemos centrarnos en las diferencias y no prestamos suficiente atención a las similitudes.
La segunda idea es recordar que, además de ayudar a las personas reaccionando ante sus dificultades, debemos pensar también en la psicología positiva como una manera de ayudar a las personas no solo a sobrevivir, sino también a prosperar. Y esa también es parte de nuestra tarea.