Estudios UdeC amplían evidencias sobre parásitos acuáticos que causan cuadros cutáneos en personas
17 de Enero 2026 | Publicado por: Natalia Quiero
La dermatis cercarial es causada por esquistosomátidos aviares, que están en cuerpos de agua locales, e investigador UdeC ha comprobado su amplia distribución y diversidad.
Ardor, picazón, ronchas o erupciones tras una inmersión en un cuerpo de agua como una laguna son síntomas de dermatitis cercarial, que más popularmente se llama prurito o sarpullido del nadador y es una zoonosis, enfermedad transmitida de animales al humano.
En estos ambientes habitan y se relacionan naturalmente diversas especies de animales y otros organismos con que se entra en contacto al ingresar al agua. Ahí están los esquistosomátidos aviares, parásitos que causan dermatitis cercarial, cuyos intensos síntomas generan gran molestia.
Son trematodos sanguíneos que ciclan naturalmente entre aves y caracoles acuáticos, pero en su fase larval de cercarias, gusanos microscópicos, son capaces de infectar al humano, explica el parasitólogo Pablo Oyarzún, académico del Departamento de Microbiología de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Concepción (UdeC).
Y son de gran diversidad y distribución en nuestros ecosistemas, así los riesgos, con casos del cuadro cutáneo que se han registrado hace años asociados a baños en cuerpos de agua como la Laguna Chica de San Pedro de la Paz. En ese contexto inició estudios que proveen evidencias de impacto científico y sanitario, incluyendo descubrir nuevas especies, que cobran más relevancia en verano, cuando estos cuerpos son más concurridos para disfrutar la naturaleza y capear el calor.
Nueva especie
En su doctorado comenzó a investigar esquitosomátidos aviares a nivel local, y continúa junto a colaboradores con un proyecto Fondecyt de Postdoctorado en su última fase de desarrollo que tiene como objetivos principales caracterizar la biodiversidad, ciclos biológicos y ecología de los parásitos, muestreando en cuerpos de agua de distintas regiones de las macrozonas centro-sur y sur, incluyendo Biobío, convencido de estar abordando más que un interés científico.
“El principal motor es la falta evidente de investigación. A pesar de haber el registro de un brote en la Laguna Chica de San Pedro de la Paz durante el año 2006, no hubo mayores indagaciones sobre la real riqueza de especies y qué animales estarían involucradas en sostener dichos ciclos biológicos”, manifiesta.
Desde allí releva que “a la fecha hemos encontrado esquistosomátidos aviares en aves y caracoles acuáticos en cada una de las regiones muestreadas, lo que sugiere su amplia presencia en el territorio nacional, incluso con registros en el norte. Entre especies conocidas y otras nuevas hemos registrado un total de 15 especies desde aves dulceacuícolas y marinas”.
De hecho, recién publicó el hallazgo de una nueva especie aislada del pato real, ave endémica de Chile y Sudamérica, artículo de acceso libre en https://doi.org/10.1017/S0022149X25101089. La publicación describe y nombra el nuevo parásito como Trichobilharzia kulfu, castellanizando la palabra mapudungún “kül’fü” que nombra al pato hospedero, destaca.
Al respecto, comenta que “la nueva especie está incluida dentro de un grupo de esquistosomátidos conocidos por causar casos aislados y brotes de dermatitis cercarial, por lo cual no se puede descartar que pudiera infectar a seres humanos”.
Y no sería la única nueva especie aislada desde aves y caracoles estudiados, y con su equipo avanzan en los análisis especializados requeridos para describir y publicar nuevos esquistosomátidos aviares en próximos trabajos.
Más descubrimientos
Otro resultado notable ha sido dilucidar el ciclo biológico de tres especies del parásito, de gran potencial de impacto para la salud humana. “Esto es particularmente relevante, ya que dos especies se han asociado a brotes de dermatitis cercarial en Chile, y la otra con múltiples casos anuales en Norteamérica”, releva Oyarzún.
Y plantea que este conocimiento permitiría predecir áreas de riesgo según presencia de hospederos intermediarios (caracoles acuáticos) y definitivos (aves), para tomar medidas preventivas en personas (hospederos accidentales).
Además, tienen un reciente registro del parásito en un caracol costero nativo de la costa pacífica.
Presencia y riesgos: las evidencias
Las evidencias permiten afirmar una gran, probablemente subestimada, presencia de esquistosomátidos aviares en Chile, y así riesgos de exposición, tanto por los datos de áreas muestreadas como porque en las regiones que quedan por muestrear, sobre todo norte y centro-norte, hay muchos ecosistemas que albergan aves y caracoles que podrían ser hospederos.
“En las macrozonas estudiadas la prevalencia alcanza 61% en las aves, y en Biobío es poco más del 70%. En los caracoles, si bien los porcentajes son muy bajos (1-2%), es lo esperado para este grupo de parásitos según lo publicado en regiones del hemisferio norte, y suficiente para infectar a aves acuáticas y bañistas en los cuerpos de agua”, sostiene el parasitólogo UdeC Pablo Oyarzún.
Y el riesgo es especialmente mayor en época estival, no sólo porque llegan más turistas a entornos con cuerpos de agua, sino que se conjugan diversas variables favorables para el parásito y la zoonosis.
El investigador explica que es la temporada en que se concentran las aves tanto migratorias como residentes, que además están criando sus polluelos, incrementando las probabilidades de infección a caracoles acuáticos que también aumentan porque se están reproduciendo.
“Asimismo, las elevadas temperaturas generan un efecto paradójico en los caracoles, cuya fisiología depende de la temperatura del agua, ya que promueve un desarrollo acelerado de los parásitos esquistosomátidos larvales dentro del caracol, llevando a un aumento en la producción de furcocercarias”, añade.
Y estas larvas furcocercarias larvas emergen de los caracoles al agua e infectan a las aves como su hospedero final y a personas como hospedero accidental.
En esa línea releva que “se ha sugerido que en días con altas temperaturas y vientos importantes hacia el borde costero es cuando mayor riesgo de brotes de dermatitis cercarial existe, lo que se ha probado en el laboratorio de manera experimental”.
Clave en la prevención
Por todo es crucial concientizar a la población sobre esta situación e incentivar medidas preventivas tras usar cuerpos de agua y reducir el riesgo de dermatitis cercarial.
“El método que se ha planteado como el más eficiente es bañarse inmediatamente con agua potable tras retirarse del cuerpo de agua y secarse rápidamente. En teoría, este simple proceder es suficiente para remover las cercarias que estén adheridas a la piel”, sostiene Oyarzún.
De hecho, cuenta que en países donde estos parásitos son bien conocidos y forman parte de las políticas públicas hay disponible información en carteles y duchas al borde de lagos o lagunas.
En esa línea, más allá de la afección cutánea, es importante relevar que entre las medidas de cuidado básicas al estar en la naturaleza está no beber agua directamente de cuerpos naturales, sólo potable, embotellada o debidamente filtrada, además de correcto lavado de manos: en los ambientes viven múltiples organismos visibles o no a nuestros ojos que conforman relaciones ecológicas vitales, pero podrían ser nocivos para las personas.
El rol de la ciencia
Además del autocuidado y lo que podría competer a autoridades, el parasitólogo reconoce en la ciencia una gran responsabilidad de seguir estudiando al parásito y nuevas áreas para comprender y socializar sus implicancias ecológicas y sanitarias.
“Mantener un línea de investigación de estos parásitos se vuelve crucial, lo cual no sólo tendrá implicancias en el área de la parasitología, considerando a estos parásitos y la descripción de nuevas especies como parte de la biodiversidad local, sino también en el efecto que pueden tener sobre la salud de las personas”, sostiene.
Son múltiples las interrogantes que quedan por responder desde la ciencia, y se abrirán otras cada vez que se aclare una, en lo que espera seguir aportando, aunque se requieren esfuerzos de más científicos y grupos.
Desde su investigación surge la inquietud de ampliar muestreos a nuevas regiones, lo que permitiría determinar el área geográfica cubierta por estos parásitos y llevar a descubrir nuevas especies del organismo u hospederos. Por las evidencias destaca el interés de estudiar aves y moluscos dulceacuícolas y marinos. “Este nuevo enfoque permitiría evaluar la posibilidad de que también ocurran casos de dermatitis cercarial en las costas, como se ha evidenciado en el hemisferio norte”, precisa.
Y también considera relevante investigar tópicos ambientales relacionados a la alteración en cuerpos de agua como eutrofización combinados con el efecto del cambio climático global. En estudios experimentales y ciertas áreas se ha planteado un efecto directo en la mayor prevalencia de los parásitos y furcocercarias liberadas, lo que llevaría a incrementar la frecuencia de casos y brotes de dermatitis cercarial, así el número de personas afectadas.