Soledad y no hablar sobre temores son predictores de malestar emocional

29 de Abril 2021 | Publicado por: Natalia Quiero
Fotografía: Contexto

Estudio recientemente publicado y del que participó académico UdeC ahondó en los impactos en salud mental de la pandemia de Covid-19, evidenciando altos niveles de estrés en la población como un efecto que perdura pese al paso del tiempo.

“Predictores de síntomas de ansiedad, depresión y estrés a partir del brote epidémico de Covid-19” es el estudio recientemente publicado en la Revista de Psicopatología y Psicología Clínica que entre sus autores tiene al doctor en Psicología Felipe García, director del Doctorado en Salud Mental de la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción (UdeC) y codirector general del Centro de Estudios Sistémicos Cesist Chile.

El trabajo se hizo con población residente en Chile en los tiempos iniciales de la pandemia que llegó en marzo de 2020 a Chile y el doctor García cuenta que surgió desde la preocupación del grupo de investigadores de distintas instituciones por establecer, rápidamente, posibles efectos en salud mental de la emergencia sanitaria a nivel nacional, entendiéndola como un evento estresante que podría ser potencialmente traumático.

Los resultados

Entre los resultados de la investigación, basada en la aplicación de escalas como la de Depresión, Ansiedad y Estrés (DASS) y cuestionarios online, advierte que “sobre 75% de los consultados presentaban niveles leves o superiores de estrés”. También destaca que “la gente que tenía problemas para dormir, se sentía sola o no hablaba de sus temores tenía mayores niveles de malestar emocional” y que “casi tres cuartas partes de la muestra tenía problemas para dormir”; situación preocupante al ser unos de los signos claros de estrés y otros problemas de salud mental y precursora del agotamiento asociado al estrés.

Además, se halló que “la gente de menor edad mostraba más problemas de malestar emocional, lo que explicamos por los mayores cambios en las rutinas que tenía la gente joven”, manifiesta el académico sobre el confinamiento y reducción de actividades sociales habituales como trabajo, clases o reuniones con amigos. “En otras poblaciones, probablemente, los cambios eran menos abismantes que en los más jóvenes”, apunta.

Preocupación hoy

Si bien los resultados dan cuenta de la situación hace un año, la Covid-19 lleva un año determinando la vida cotidiana sin dar tregua. Por ello no dejan de ser contingentes.

Felipe García aclara que el estrés percibido en los encuestados no se entiende necesariamente como una respuesta psicopatológica, sino natural y comprensible ante una situación que forzó esfuerzos de adaptación para realizar cambios en la vida para enfrentar la pandemia y prevenir contagios como el confinamiento. Pero, su prolongación sí podría provocar efectos más preocupantes y profundos en la salud mental. Ahí la alerta, ya que comenta que “en octubre de 2020 volvimos a aplicar la misma escala a otro grupo chileno (estudio aún no publicado) y encontramos los mismos porcentajes de malestar emocional”. Esto quiere decir que el estrés y otras manifestaciones no fueron estacionales o agudas, que las personas lograron adaptarse en poco tiempo, sino que pasados varios meses seguían esforzándose para resistir los cambios. Y el agobio es evidente hasta hoy y de ello han sido testigos en sus propias consultas, que han ido al alza.

En este sentido, desde su experiencia, el psicólogo se manifiesta convencido de que la población es resiliente, que son menos los que desarrollan cuadros psicopatológicos a largo plazo, pero que eso no significa que el riesgo sea nulo ni que las personas lo estén pasando bien. De ahí que él junto a otros investigadores continúan trabajando para ahondar más en la situación, sobre lo que destaca un estudio longitudinal con universitarios dada la vulnerabilidad identificada, para generar más evidencia robusta para la población nacional y grupos específicos que permita diseñar estrategias apropiadas y oportunas, dado que el final de la crisis sanitaria es aún incierto.
Por ello, también llama a preocuparse hoy por la salud mental tanto como de la física desde la perspectiva de la promoción y un abordaje oportuno de los problemas para prevenir o mitigar los efectos en el largo plazo, contrarrestando los principales predictores de malestar emocional que son la soledad y no conversar sobre problemas o temores.

En virtud de aquello, desde Cesist Chile impulsaron tempranamente un voluntariado de apoyo psicoemocional (salud.mental@cesist.cl). En cuanto a lo personal, el consejo es aprovechar los medios virtuales para mantener los contactos sociales con personas significativas para tener instancias de expresión como una base del autocuidado emocional. Además, es relevante consultar a tiempo a un especialista cuando el malestar emocional perdura y/o interfiere en las actividades cotidianas.